Animal Político

Quién quiere auspiciar mi libertad de pensamiento?

El uso de inversión de pauteo y publicaciones (estatales) es de carácter estratégico. Uno siempre optará por los medios que de mejor manera te acerquen a los públicos a los que se pretenda llegar.

La Razón (Edición Impresa) / Sebastián Michel

00:01 / 23 de agosto de 2015

La libertad de pensamiento es una cualidad inherente a la condición humana, es un derecho natural que tiene su lógica extensión en la libertad de expresión. La libertad de expresión nunca ha necesitado ser auspiciada por nadie.

Afortunadamente, hoy la libertad de expresión en Bolivia es irrestricta, sin embargo en gran parte de nuestra historia la libertad de expresión fue castigada por las dictaduras con la tortura, la cárcel, el exilio o la muerte. Aun así, la libertad de expresión logró imponerse desde medios alternativos, radios y periódicos clandestinos y debates públicos.

En todo el mundo y en Bolivia también ese derecho a la libertad de expresión ha sido normado para ejercerlo de manera responsable, de esa manera es un derecho que se ejerce cuidando no vulnerar otros derechos jurídicamente protegidos como el derecho al honor y a la imagen. Incluso a que información pueda afectar ingresos económicos por negocios o por relaciones laborales. Por eso el individuo que es afectado puede ir por la vía penal por delitos de difamación o calumnia, y por la vía civil a daños y perjuicios.

En las legislaciones más modernas incluso se sanciona el uso irresponsable de la libertad de expresión cuando daña la honra con mensajes racistas, sexistas o xenófobos. Afortunadamente en Bolivia hoy tenemos una ley contra el racismo y toda forma de discriminación. 

Profundizando un poco más en la relación entre la libertad de expresión y los medios masivos, es un derecho que es ejercido por ese pequeño universo de privilegiados que tenemos acceso al micrófono. Pero ese derecho debe respetar el derecho de la gente a ser correctamente informada, a que se le diga la verdad y a que no se le haga daño moral con información incorrecta. Eso en cuanto a libertad de expresión.

De manera curiosa estos últimos días se ha mezclado un debate que vincula libertad de expresión con difusión de información gubernamental a través de difusión de publicidad informativa. Por un lado, tienes a ciudadanos que emiten sus criterios en el marco de la libertad de expresión. Por otra parte, está la publicidad gubernamental que tiene por objeto informar sobre resultados de gestión y sobre orientación de posiciones oficiales en materia económica, política y social. Como verán, dos cosas que no tienen nada que ver.

La gestión de difusión, tanto privada como pública, pretende informar y mostrar las virtudes de su producto en el caso público de sus resultados de gestión. Y ahí el destino de la inversión es muy práctico, lo colocas en los medios que mayor audiencia poblacional o cobertura territorial tengan; por otro lado, existen medios alternativos que sirven cuando quieres enviar un mensaje más territorial o focalizado a regiones, género o generación.

Por esa razón, el uso de inversión de pauteo y publicaciones es de carácter estratégico. Uno siempre optará por los medios que de mejor manera te acerquen a los públicos a los que se pretenda llegar. Si uno hace mala inversión en los medios que contrata para llegar a su público, se hace daño uno solo. No me imagino que alguien de manera deliberada pretenda que su mensaje se quede mutilado en medios masivos o focales que no lleguen a su público.

Por ejemplo si quiero llegar a quienes profesan el cristianismo para explicar la importancia del Estado laico, seguro recurriré a Xto Tv, pero si quiero llegar a los jóvenes que les gusta el espectáculo, recurriré a Unitel. ¿En qué momento el debate de la vigencia de la libertad de expresión se confunde con el de los mecanismos estratégicos de difundir spots o publicaciones? 

La libertad de expresión nunca necesitó ser auspiciada y nunca lo necesitará; no lo necesitó durante el oscurantismo, no lo necesitó durante la colonia y no lo necesitó en las dictaduras; mucho menos lo necesita en esta nuestra época de las redes sociales, que en la actualidad tienen posibilidades y alternativas infinitas a través de blogs, periódicos digitales y canales on line. Para concluir, afirmo que la libertad de expresión nunca ha necesitado ser auspiciada por nadie, la podemos ejercer de manera irrestricta en Bolivia y en una buena parte del mundo.

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