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Se reaviva la oferta de Charaña, y Perú surge como factor clave

Tras el fallo de La Haya sobre el litigio Perú-Chile, queda fortalecida la oferta chilena de un corredor soberano para Bolivia al norte de Arica; además queda claro que en el conflicto, el Perú juega un rol importante.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:08 / 09 de febrero de 2014

El fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya sobre el litigio marítimo entre Perú y Chile deja dos llamadas de atención para perfilar con mayor eficacia la demanda boliviana ante ese tribunal: que la mención chilena de las negociaciones de Charaña de 1975 a 1977 —que ofrece al país un corredor al norte de Arica— es la base para cualquier futura negociación entre Bolivia y Chile, sea ésta obligada por una sentencia de la CIJ o no, y que Perú es un jugador clave para pensar en una futura salida al océano Pacífico.

En la sentencia de marras, entre los párrafos 131 y 133 (apartado G) aparece un alegato presentado por Santiago que se refiere a la negociación de Charaña, mediante la cual Chile ofreció al país (1975-1976) una salida al Pacífico a través de un corredor soberano al norte de Arica.

Es decir, Chile, en su argumentación, incluyó a Bolivia en el conflicto con Perú, cuando el país no había pedido una “tercería”. Esto muestra a la CIJ que existe un tercer país concernido. “Ha quedado nuevamente claro que éste es un tema de tres países y no de dos”, dice Walker San Miguel, excónsul de Bolivia en Santiago de Chile.

Explica que cuando Chile hace mención a las negociaciones de Charaña, “le dice a Perú que Bolivia ya había pedido un acceso al mar por esa zona”, por ende, Bolivia mandó una nota manifestando un interés y la Corte ha tomado nota de esto.

Adicionalmente, el fallo en el juicio “revitaliza” el Protocolo Complementario del Tratado de Lima de 1929. Aparentemente —desarrolla San Miguel— el tratado le cierra a Bolivia la salida pensándose que “Perú tenía la llave del candado y que el candado lo puso Chile”, pero se ve lo contrario, pues el Tratado de Lima “explicita que Bolivia tiene que salir al mar cuando se dice que si Chile entrega una parte de tierra a una tercera potencia en el futuro, tiene que consultar a Perú. Esa consulta se ha materializado en las negociaciones de Charaña”.

Al respecto, el martes, la embajadora de Perú en Bolivia, Silvia Alfaro, dijo que su país no tiene “ninguna llave” en el diferendo boliviano-chileno y que éste es un asunto bilateral.

En 1879, Bolivia perdió ante Chile 120.000 kilómetros cuadrados de territorio y 400 kilómetros de costa, lo que dejó al país sin acceso al mar. Esta condición estuvo a punto de revertirse con las negociaciones de 1950 y 1975, que se basaron en el Tratado de 1929 que Chile y Perú firmaron para delimitar su frontera. Según el documento, Santiago puede ceder “en favor de una tercera potencia” territorios que le pertenecieron a Perú, pero en consulta con Lima.

Para el expresidente Carlos Mesa, que coincide con San Miguel en esto, el fallo “deja en claro” que Bolivia no puede “pretender” que el único interlocutor para lograr un acceso soberano al mar sea Chile. “Se tiene que entender que Perú es un jugador tan importante como Chile”. Para lograr esto propone formar un equipo del “más alto nivel” —que incluya a la Embajada en las Naciones Unidas, la Embajada en la Organización de los Estados Americanos, la Embajada en Perú y el Consulado General en Chile— y “acompañe” al nombramiento del agente especial de Bolivia ante La Haya, Eduardo Rodríguez Veltzé. Considera este aspecto como un “punto débil” que puede ser subsanado, “considerando los años que se van a necesitar para conocer el fallo de La Haya”.

El historiador y diplomático Ramiro Prudencio recuerda que si Chile acepta dar un corredor al norte de Arica, se tiene que consultar al Perú de acuerdo con el Tratado de 1929. Por eso, “siempre debemos tener una muy buena relación con Perú, y más aún después del fallo, porque más allá de las 80 millas del potencial mar boliviano viene el mar peruano y se deberá negociar el libre tránsito”.

Es “obvio” que, para concretar cualquier transferencia de territorios al norte de Arica, es “indispensable” el consentimiento del Perú, secunda el excanciller Javier Murillo, que recuerda que así lo determina el Protocolo Adicional al Tratado de 1929.

En su criterio, es también “obvio” que la responsabilidad de obtener dicho consentimiento corresponde a Chile y no a Bolivia (pues según el tratado, es ese país el que debe pedir el permiso); no obstante, “hay que continuar con el proceso histórico de un permanente acercamiento con el Gobierno de Lima, en mérito a los profundos y múltiples lazos que unen a los pueblos de Bolivia y el Perú”.

Charaña. Lo segundo es que, por efecto de una mención en la CIJ en la memoria chilena, quedan reposicionadas las negociaciones de Charaña. Ha puesto sobre la mesa la negociación “más importante entre Chile y Bolivia sobre el conflicto pendiente de un acceso libre y soberano al mar para el país”, califica Prudencio, también autor del trabajo titulado Historia de la negociación de Charaña. La más importante negociación del siglo XX sobre el problema marítimo (2011).

“Lo que hace a este acercamiento, el de mayor significación de la historia, es que fue la única oferta concreta y específica, pues se habla de un corredor y su extensión”, continúa. La negociación de Charaña se inició el 8 de febrero de 1975 con el Acta de Charaña, firmada por los dictadores Hugo Banzer, de Bolivia, y Augusto Pinochet, de Chile. El documento tenía la pretensión de sentar las bases para solucionar el problema marítimo boliviano.

El embajador Guillermo Gutiérrez, en agosto de 1975, entregó al canciller chileno Patricio Carvajal una ayuda memoria con la propuesta boliviana: un corredor al norte de Arica y un enclave de 50 kilómetros de extensión en una zona próxima a Iquique, Antofagasta o Pisagua.

En diciembre de 1975, el diplomático chileno respondió con la propuesta de cesión soberana de un corredor al norte de Arica con continuidad territorial hasta el mar y con una extensión de costa de ocho kilómetros.  “Esta oferta es la más importante, porque es la más concreta”, dice Prudencio. Antes se hablaba de “solucionar el problema”, pero no se decía qué se iba a negociar.

Lo que significó Charaña —según San Miguel— es que Chile dijo a Bolivia: “Quiero solucionar tu enclaustramiento, para lo que voy a consultar qué dice Perú”. El vecino andino dijo que sí, que diera a Bolivia el corredor; solo que puso la condición de la trinacionalidad, lo que sumado a las “aristas” (condiciones de Chile) detuvo la solución.

Chile puso tres condiciones (“aristas”) que Bolivia inicialmente aceptó, pero a las que la opinión pública se opuso. Las tres “aristas” eran las siguientes: Chile recibiría una compensación territorial equivalente al mar territorial que se daba a Bolivia, La Paz autorizaría a Santiago aprovechar la totalidad de las aguas del río Lauca y el territorio cedido por Chile sería declarado Zona Desmilitarizada.

Según el libro Chile y Bolivia: entre el abrazo de Charaña y sus relaciones económicas, 1975–1990, del historiador chileno Máximo Quitral Rojas, Pinochet estuvo abierto a negociar con Bolivia por tres razones: 1) Chile vivía un momento de aislamiento internacional por la ruptura de la democracia (recuérdese que fue expulsado del G77 y de diferentes organizaciones internacionales a las que pertenecía), 2) la afinidad ideológica con el régimen de Banzer y 3) mejorar su situación geopolítica, pues tenía tensión con Argentina (por el litigio sobre las islas Nueva, Picton y Lennox) y con Perú (por rumores de guerra con ese país).

Sea cierta o no esta interpretación, da qué pensar que hayan sido dos de los dictadores más sangrientos de Sudamérica los que hayan estado a punto de lograr un acercamiento diplomático que conduzca a una solución del conflicto marítimo. Precisamente fue esto último lo que cuestionó el líder de la tercera fuerza política de Chile, Marco Enríquez-Ominami, en su visita a La Paz.

Dijo que Evo Morales y Michelle Bachelet deben “superar a Banzer y Pinochet”. “No es razonable que dos dictadores crueles, sangrientos y reaccionarios, como Banzer y Pinochet, hayan sabido discutir del mar. Los dos peores dictadores de estos países se juntaron y hablaron del mar; (entonces) dos presidentes electos democráticamente también podrían superar a dos dictadores”, puso en parangón.

En ese mismo sentido, San Miguel ratifica que las negociaciones futuras tendrán que ser en función a lo ofrecido durante Charaña y añade que las “aristas” ya no tendrían por qué ser las mismas, ya que “los tiempos han cambiado”. Sobre la desmilitarización de la zona de potencial cesión, señala que el factor militar “ya no es importante, pues esa época se hablaba de guerra de Chile con Argentina y Perú. Hoy tal cosa es más que remota”.

Otra consideración chilena en los años 70 que no figuraba entre las tres “aristas” principales fue que la construcción de un puerto boliviano al norte de Arica haría competencia al puerto chileno de esa ciudad. “Esto ya no es posible, pues el puerto de Arica tiene una sobredemanda que no puede abastecer. Está colapsado, por lo que un nuevo puerto boliviano ayudaría a la ciudad y daría trabajo”.

No obstante, más allá de un posible reencauce del diálogo bilateral, pensando en la demanda boliviana en La Haya, la mención de Charaña en las memorias de Chile “es importante, aunque no fue tomada en cuenta para el fallo, si bien ha quedado como antecedente”, dice Prudencio.

Lo que sugiere el diplomático que se debe hacer ahora es “no esperar un fallo en La Haya para negociar con Chile”, pues la CIJ “lo máximo” que sancionará es precisamente que Chile negocie. “También es necesario que los bolivianos comprendamos que para tener un corredor, Chile va a querer una compensación territorial, porque ningún chileno va a aceptar lo contrario”. “Bolivia debe tomar la iniciativa para el diálogo, porque es Bolivia la que tiene el problema de la mediterraneidad y no Chile ni Perú”.

San Miguel, en cambio, propone que Bolivia ahora debe fortalecer los lazos económicos y políticos con el Perú. “No con un ánimo de ‘dos contra uno’, como fue en el siglo XIX y XX, sino en un ánimo de plena integración”. En el caso de Perú, sugiere un potenciamiento de las relaciones por la cercanía geográfica, por las similitudes culturales y la historia común. “Con Chile también, pues la demanda boliviana no es agresiva, se pide que se negocie de buena fe”.

Entonces, el fallo reciente ha vuelto a poner sobre la mesa las negociaciones de Charaña, además de que llama la atención al país acerca de no descuidar las relaciones con el Perú. Como conclusión final es rescatable la posición de San Miguel, quien nota que Chile y Perú, a partir de la sentencia de la CIJ, trabajarán en integrarse; Bolivia “no tiene que estar al margen de este proceso”.

Esta sugerencia ratifica la posición boliviana de que la demanda internacional es un recurso pacífico no hostil.  El 17 de abril, Bolivia debe presentar sus memorias ante la CIJ de La Haya, trámite similar que hará Chile en respuesta en febrero de 2015.

‘Estas referencias (a Charaña) son útiles’: Eduardo Rodríguez Veltzé, agente de Bolivia en La Haya

La Corte hizo referencia a la negociación de Charaña y también a otras de orden histórico, éstas son referencias útiles para la presentación de la memoria y van a ser analizadas para examinar cómo se las utiliza. Bolivia avanza en una gestión judicial ante la Corte Internacional de Justicia con un objetivo preciso (3 de febrero, tras la reunión del Consejo Marítimo).

‘Perú es un jugador tan importante como Chile’: Carlos Mesa, presidente de Bolivia de 2003 a 2005

El fallo de la Corte Internacional de Justicia en el litigio entre Perú y Chile deja en claro que Bolivia no puede pretender que el único interlocutor para lograr un acceso libre, útil y soberano al mar sea Chile. Bolivia tiene que entender que Perú es un jugador tan importante como Chile, y no se está haciendo nada en esa dirección. Debe haber un equipo del más alto nivel para ello.

‘Lo positivo es que se ha fallado en equidad’: Ramiro Prudencio, diplomático e historiador

Para Bolivia hay un punto positivo y uno negativo en el fallo de la Corte. El positivo es que se ha fallado en equidad —y no en derecho— para que ambos países (Perú y Chile) tengan ventajas. Lo negativo es que se ha cortado el posible mar territorial boliviano que ahora sólo llegaría a 80 millas. Sin embargo, esa zona es la de mayor riqueza piscícola de la zona.

‘Ahora Bolivia debe tomar la iniciativa’: Walker San Miguel, excónsul de Bolivia en Chile

Tras el fallo, Bolivia debe tomar la iniciativa: plantearle a Chile que negocie de buena fe una salida soberana al mar sobre la base de Charaña, lo cual ha sido reforzado por Chile al mencionar esto en la Corte. En la mesa también se tiene que sentar el Perú —por ser un tema de tres Estados— fortaleciendo los lazos políticos y económicos con este país en ánimo integrador.

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