Animal Político

La recurrente controversia entre política y derecho

El caso del doctor José Gabino Villanueva pone en discusión la recurrente instrumentalización de la normativa jurídica, cuando el Estado no llega a ser una garantía del orden público, sino, por el contrario, los gobernantes utilizan de modo instrumental la administración de la justicia.

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Zárate es abogado

00:00 / 05 de marzo de 2017

Existe un continuo desarrollo y evolución de las normas jurídicas que alcanzaron a formar una serie de valores —justicia, paz social, bien común, igualdad— convergentes en la normativa constitucional (Estado de Derecho). Dentro de esta gama de derechos, algunos Estados latinoamericanos constituyen una experiencia cotidiana de desinstitucionalización dentro del propio Estado. Siguiendo estas dos líneas de interpretación en el campo político: la normativa constitucional es reconocida por ganadores y perdedores. Tal es el caso que toda oposición utiliza los preceptos constitucionales para defenderse y frenar legalmente al gobierno en su actuar. Mientras el oficialismo, de acuerdo con una especie de tradición respetada, utiliza las normas fundamentales para atacar legítimamente a la oposición y reducirla. Este hecho de que la normativa constitucional deja de ser un límite al poder para convertirse en mero instrumento del poder es un tema recurrente en la historia política.

Un ejemplo de la instrumentalización del derecho en la política boliviana fue el caso del político José Gabino Villanueva (1881-1955). Algunos datos sobre este episodio histórico fueron publicados en el folleto Manifiesto político que dirige a la nación el electo Presidente de la República (La Paz, 1929). El médico Villanueva —previo a su ingreso en política— gozaba de prestigio como cirujano y esto lo llevó a residir en Chile hasta 1916. En una breve visita a la ciudad de La Paz reanudó su amistad con el sociólogo Bautista Saavedra, quien inmediatamente lo invitó a unirse al Partido Republicano. En esa época, la figura del intelectual Saavedra marchaba con firmeza ante el electorado; Gabino Villanueva al percibir el viento favorable que irradiaba el sociólogo decidió subir al barco del Partido Republicano.

Su primera actuación en política lo llevó a presidir el Concejo Municipal de La Paz. A pocos días de asumir el cargo, Villanueva decidió rescindir de todo el personal administrativo excedente; este acto fue visto como una afrenta al presidente Ismael Montes. Los asesores del partido liberal iniciaron dos juicios al flamante presidente del Concejo. El desenlace de ambos procesos llevó a la dimisión a su cargo al encontrar “irregularidades” al momento de inscribir su candidatura: “Este resultado lo obtuvieron los apasionamientos políticos y las influencias puestos en juego, dejando así que la balanza de la justicia se inclinase hacia el lado de los antojos y deseos del poder”, manifiesta Villanueva.

Años después se produce la llamada revolución del 12 julio de 1920, José Gabino Villanueva fue elegido Convencional por el departamento de La Paz, cuya principal misión estuvo en apoyar la candidatura de Bautista Saavedra. Este acto de lealtad fue retribuido por el gobierno de Saavedra. El doctor Villanueva desempeñó los siguientes cargos públicos: diputado por La Paz, presidente del Honorable Concejo Municipal y ministro de Instrucción y Agricultura.

A poco tiempo de finalizar el mandato presidencial de Don “Bauti”, el caudillo se ocupó de negociar la Presidencia de la República con destacadas personalidades de la época: Alberto Gutiérrez, Eliodoro Villazón y Román Paz. Tras la negativa de los nombrados políticos, los ojos de Saavedra se inclinaron a favorecer a su leal correligionario: José Gabino Villanueva. Las elecciones presidenciales del 2 de mayo de 1925 se desarrollaron sin contrariedades. Los resultados electorales encumbraron como Presidente de la República al médico Villanueva, y como Vicepresidente a Abdón Saavedra (hermano de Bautista Saavedra).

El flamante presidente, antes de tiempo trató de dar muestras de autonomía emancipándose de la tutela de Saavedra. Aspiraba a gobernar al país con independencia, sin la influencia del partido político de turno, dentro de un clima de concordia y para ello comenzó a realizar varias consultas con personajes de prestigio y ajenos en su mayoría al régimen imperante y con los cuales pretendía conformar su gabinete ministerial. El inexperto político Villanueva no supo tomar el pulso político en esa hora de desconfianzas y susceptibilidades, y su proceder puede ser entendido como hacer un equivalente a la conducta del cazador que vende la piel del tigre antes de haber cazado a la presa.

Las distintas declaraciones de Villanueva a los medios de comunicación acentuaron el distanciamiento y enemistad con el gobierno saavedrista. A pocos días de asumir la presidencia, el diputado por Trinidad Ernesto Monasterios presentó al Congreso Nacional  —en sesión del 25 de agosto de 1925— el Proyecto de Ley de Anulación de las Elecciones Presidenciales, cuyo artículo señalaba: “Artículo único.- Se declara nula la elección de los ciudadanos J. Gabino Villanueva y Abdón Saavedra, para desempeñar los cargos de Presidente y Vicepresidente de la República, en el periodo de 1925 a 1929, por no haber renunciado a los cargos que desempeñaban, de Ministro de Estado el primero, y de Prefecto el segundo, seis meses antes de la elección, de conformidad con la Ley del 15 de octubre de 1895”. Esta ley tuvo “vigencia” solamente para este cometido eminentemente político.

El Congreso Nacional en sesión del 1 de septiembre de 1925 pasó a debatir el proyecto de ley. La discusión fue acalorada entre la minoría opositora, que exigía el respeto a los resultados electorales, y el oficialismo, que buscaba la anulación de los comicios (por su puesto, ambas “interpretaciones” amparadas en la ley).

Se puede indicar, por ejemplo, la intervención del diputado Román Paz, que manifestó: “El aspecto legal de esta cuestión apenas sirve de cubierta al fondo esencialmente político que tiene, y de esto estamos convencidos todos los congresales, hay que decirlo con franqueza. Parece que ha resultado incómoda cierta independencia de ideas y de conducta del presidente electo, para los políticos que pensaban o creían poder manejarlo según sus deseos o miras, y de ahí las desconfianzas y las alarmas que se propalan, con el plan de anular su elección, inventando un óbice legal cualquiera”.

A pesar de los resultados electorales donde el soberano eligió como presidente a José Gabino Villanueva, la mayoría parlamentaria utilizó su rodillo oficialista para cumplir las órdenes del jefe del Partido Republicano, quien fue el verdadero artífice del proyecto de ley de anulación de las elecciones presidenciales del 2 de mayo de 1925. El caso del doctor José Gabino Villanueva —y no el único en la historia política de Bolivia— pone en el tapete de la discusión la recurrente instrumentalización de la normativa jurídica donde el Estado no llega a ser una garantía del orden público, sino, por el contrario, los gobernantes utilizan de modo instrumental la administración de la justicia. Hasta el día de hoy, dos sentencias de la época colonial no perdieron vigencia en la mentalidad colectiva y sobre todo en su praxis cotidiana de la esfera pública: “La ley se acata pero no se cumple”, y concerniente al procedimiento jurídico: “Para el amigo todo, para el enemigo (y desconocido) la ley”.

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