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La reforma ‘raulista’: guiños a una economía mixta

Cuba se apresta a vivir desde hoy un nuevo periódico gubernamental. Raúl Castro previsiblemente será ratificado por la Asamblea Nacional y puede comenzar su último gobierno, posiblemente de diez años si es que modifica el límite de las funciones públicas.

La Razón / Soledad Álvarez

00:00 / 24 de febrero de 2013

El presidente cubano, Raúl Castro, cumple este domingo su primer mandato con una reforma económica en marcha que algunos consideran la “transición” hacia un modelo mixto pero criticada por su lentitud y la falta de resultados para los problemas esenciales del país.

Han pasado 54 años del triunfo de la revolución y Cuba sigue comunista, pero algunas cosas han cambiado bajo la dirección del general Castro, de 81 años, a quien la Asamblea Nacional ratificará previsiblemente hoy para un segundo periodo de cinco años.

Con limitaciones, la iniciativa privada ya no es un anatema en la isla, los cubanos pueden emprender pequeños negocios, comprar y vender casas y automóviles, pedir créditos bancarios e incluso viajar al exterior si tienen pasaporte y visado.

Son algunos frutos de la “actualización” del modelo cubano que, sin renunciar al socialismo, pretende reanimar un país en grave crisis desde hace décadas.

Analistas consultados por EFE coinciden en que la Cuba de Raúl Castro no es la misma que la de Fidel y en que se han producido transformaciones racionales y cierta liberalización económica.

“Se han creado importantes bases institucionales para una economía mixta y una relación menos vertical entre Estado y sociedad”, apunta el académico cubanoestadounidense Arturo López-Levy, profesor asociado de la Universidad de Denver (Estados Unidos).El académico, consultado por correo electrónico, considera que en Cuba tiene lugar una “transición económica” y que uno de sus exponentes es el cambio en la composición de la fuerza laboral producto de la ampliación del empleo privado o “cuentapropismo”.

Entre 2010 y 2013, los “cuentapropistas” aumentaron casi el 40% al pasar de 160 mil a cerca de 400 mil, que han llenado la isla de restaurantes, tenderetes de venta de ropa o de música y películas piratas, gimnasios, salones de belleza y pequeños talleres de reparación de teléfonos o electrodomésticos, entre otros.

La reforma “raulista” persigue además desmontar parte del ineficiente sector estatal con medidas como la reducción de plantillas o nuevas cooperativas, fórmula que sólo se permitía en el sector agrícola.

Otras iniciativas acabaron con prohibiciones históricas como la compraventa de vehículos y viviendas o con las restricciones para viajar legalmente, suprimidas con la actual reforma migratoria.

“Aunque permanecen las carencias y dificultades, la población vive con menos sobresalto y, a pesar de que no ha cambiado la naturaleza del sistema, se aprecian ciertas dosis de pragmatismo y racionalidad”, dice Óscar Espinosa, economista disidente y expreso político.

Pero la lentitud de las reformas y sus limitaciones son los aspectos más criticados junto a fracasos como la reanimación agrícola de un país que gasta 1.500 millones de dólares al año en importar alimentos básicos.

“Los problemas esenciales no han cambiado: Cuba sigue en crisis, continúa la doble moneda, la productividad de las empresas es sumamente baja, existe un problema demográfico con el envejecimiento poblacional y la pérdida de valores persiste”, indica Espinosa.

Lo que también ha mantenido Castro ha sido la represión política, aunque bajo un nuevo formato de detenciones de corta duración: en 2012 hubo más de 6.600 casos, según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN).

Las largas condenas “han sido sustituidas por una estrategia de desgaste con detenciones selectivas y cortas. Aunque la nueva práctica no es compatible con los estándares internacionales de derechos humanos, la represión es más eficaz”, advierte López-Levy.

En cualquier caso, “Cuba sigue presentando la peor situación de Latinoamérica en materia de derechos fundamentales”, según la CCDHRN.Uno de los hitos del mandato raulista fue la excarcelación de presos políticos realizada entre 2010 y 2011 con la mediación de la Iglesia Católica, institución que se ha revitalizado en este periodo.

“Es importante la consolidación de un nuevo cuadro donde el Gobierno reconoce importantes espacios a las comunidades religiosas y otros grupos no políticos”, apunta López-Levy.

En el plano internacional, Castro ha tratado de construir un ambiente favorable a sus reformas y logrado el hito de presidir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Sobre el contencioso con Estados Unidos no hubo avances más allá de la flexibilización de viajes y remesas a la isla que decretó el presidente estadounidense, Barack Obama, y ahora el foco de tensión está en Alan Gross, contratista condenado en la isla por subversión, y en los reclamos de La Habana sobre sus cinco espías condenados por Washington.

Para muchos, el inicio este domingo de la octava legislatura en Cuba supone una “cuenta regresiva” y un ciclo “decisivo” dada la avanzada edad de la dirección histórica del país y porque será el último mandato de Raúl Castro si cumple la promesa de limitar a diez años los cargos políticos.Mientras, el expresidente Fidel Castro, de 86 años, sigue retirado, con reapariciones públicas cada vez más esporádicas y muy ocupado en su aliado venezolano, Hugo Chávez, cuya grave enfermedad proyecta grandes incertidumbres para Cuba.

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