Animal Político

La reinvención de la participación en los municipios

De lo que se trata es de buscar nuevos canales para lograr que ciudadanos y ciudadanas sigan incidiendo en el manejo del poder local, que construyan propuestas que mejoren los   servicios municipales, proyectos que beneficien no únicamente a una comunidad o un barrio, sino al municipio en su conjunto.

La Razón (Edición Impresa) / Guimer Zambrana Salas

00:03 / 08 de diciembre de 2013

Las mujeres guarayas no encontraban la forma de explicar a las autoridades las razones por las que se negaban a dar a luz en la sala de partos del Hospital de Ascensión de Guarayos. La mortalidad materno infantil es alta, pero nunca fue un tema de prioridad para los espacios de participación establecidos, llámense organizaciones territoriales de base (OTB), Comité de Vigilancia, etc. Ellos se ocupaban de repartirse la torta presupuestaria  y de controlar su ejecución. Hasta que las indígenas encontraron la rendija para denunciar la humillación que sentían al ver su placenta pisoteada.

Para dar a luz a una solución al problema, un grupo decidió crear un comité interinstitucional, con el respaldo de la Central de Mujeres Guarayas, representantes del municipio y las organizaciones no gubernamentales (ONG) que trabajan en la zona. Descubrieron que el personal médico nunca había escuchado lo que su clientela —las indígenas del lugar— pensaba sobre su trabajo.

La falta de calidez, la frialdad de la mesa de quirófano frente a la acogedora hamaca, la partera que es como ellas y hasta habla su idioma, el manejo de la placenta… Las jornadas de diálogo concluyeron con la elaboración de una propuesta de construcción de una sala intercultural de partos, en la que actúe la partera, pero con las máximas medidas de higiene. Y si la medicina tradicional no encuentra respuestas para las complicaciones, que pasen las recetas de la medicina occidental.

El Gobierno Municipal de Ascensión de Guarayos no tardó mucho en comprarse la idea. El proyecto estaba hecho y, en el proceso, había ganado la suficiente legitimidad como para ser cuestionado por el resto de la sociedad. Las mujeres guarayas no sólo dieron a luz a una solución a su problema, sino a la forma de participación ciudadana que necesitan hoy los municipios. A esa participación que supere la simple repartija de la plata, que muy bien puede ser hecha por un técnico con su computadora.

Porque —es necesario decirlo— el proceso de participación en los municipios se ha enmohecido. Lo que en 1994 era novedoso, ahora parece haber ingresado a una rutina que adormila. No se puede negar que ha empoderado a la gente en los municipios. No era para menos, deciden sobre el 20% del total de las recaudaciones tributarias del país. Pero ahora está afectado por una “distribuititis aguda”, al extremo de que en algún municipio hasta han propuesto repartir la plata asignada entre cada uno de los habitantes.

Además, se ha convertido en el espacio exclusivo de los dirigentes de dos gremios: los sindicatos rurales y las juntas de vecinos. En la mayoría de los lugares quedan fuera los grupos de jóvenes, de mujeres, las agrupaciones culturales, los clubes deportivos, los maestros, los médicos, los profesionales…  De yapa, el complejo de “gatillo fácil” de muchos de los líderes sociales ha convertido a los espacios de participación en comisarías, lugar desde el cual tampoco es muy difícil pasar a ser cómplices.

Es cierto, también han influido factores externos en esta devaluación de los espacios de participación. Un cheque de un millón de bolivianos, que cae al municipio desde las alturas del cielo paceño, hace tambalear todas las estructuras, también a las instancias participativas de decisión. Si los recursos de contraparte para esos fondos externos ponen en vuelta y media al POA elaborado previamente, su efecto es más grave aún sobre la actitud de la gente: ¿Para qué participo si lo que planifico no se cumple?

Pero podemos quedarnos a llorar eternamente sobre la Ley de Participación Popular desaparecida. De lo que se trata es de buscar nuevos canales para lograr que ciudadanos y ciudadanas sigan incidiendo en el manejo del poder local, que construyan propuestas que mejoren los servicios municipales, proyectos que beneficien no únicamente a una comunidad o un barrio, sino al municipio en su conjunto, y hasta sean replicados en otros municipios luego de mostrar sus buenos resultados. La participación ciudadana seguirá vivita y coleando en la medida en que sea:Creativa: El profesor Néstor Chipana inventó el juego del Casnet y lo puso en práctica en el municipio de Mecapaca, colindante con la ciudad de La Paz. Este juego ayuda a que los y las adolescentes resuelvan los siempre difíciles ejercicios de álgebra jugando naipes, y al mismo tiempo, mejoran sus habilidades con el lenguaje. Junto a la Dirección Distrital de Educación hasta organizaron un campeonato de Casnet. La novedad fue tal que las autoridades municipales del lugar decidieron implementar la innovación en todas las unidades educativas… ¿No que los gobiernos municipales sólo tenían competencia para mejorar la infraestructura en Educación?

Trascienda el ombligo: Dos técnicos de uno de los Servicios Legales Integrales Municipales (SLIM) de El Alto crearon el “Súper Pichón”, con el objetivo de llevar adelante las tareas de prevención para la eliminación de la violencia contra la mujer. Pudieron haberlo creado para las zonas en las que trabajan y nadie se habría enterado de la existencia del palomo. El muñeco fue creado con una inversión de 5.000 bolivianos y ahora el Gobierno Municipal ha destinado 150.000 bolivianos de su POA 2014 para que el ave haga su trabajo en toda la ciudad. No necesitaron hacer lobby ni otro tipo de gestiones. La fama del “Súper Pichón” dejó todos los trámites de lado…

Reúna a varios actores: El Gobierno Municipal de Viacha destinaba 70.000 bolivianos al funcionamiento del SLIM y esa inversión será elevada a 300.000 bolivianos el año próximo. Una acción coordinada entre varios sectores fue el pie de gato para dar semejante salto. Fueron organizaciones sindicales de mujeres, representantes municipales y ONG las que se encargaron de trabajar los proyectos que serán desarrollados en 2014. Las propuestas eran contundentes, pero lo era más su legitimidad…

Y el espacio del periódico quedaría pequeño para continuar con los ejemplos: el profesor Eduardo Salinas que logró, con respaldo municipal, que el colegio fiscal paceño Antonio Díaz Villamil ingrese a la era digital; la profesora Marisabel Bellido que contagió a otros cinco colegios de Sucre su método de enseñanza del Lenguaje, que consiste en escribir notas periodísticas que son publicadas en la web; o ese grupo de adolescentes de San Ignacio de Velasco, en Santa Cruz, que comenzó limpiando un terreno baldío que estaba junto al río y que fue convertido en un balneario con inversión municipal…

Son ciudadanos y ciudadanas que están trabajando para mejorar los servicios de sus municipios. No están dispuestos a esperar que sus gobiernos municipales u otras instituciones estatales les solucionen sus problemas. Claro que les interesan los presupuestos, pero no como la mera exigencia del “cuánto me toca”, sino como medios que hacen factible la realización de propuestas que permitirán impulsar el desarrollo humano. El Programa de Apoyo a la Democracia Municipal (Padem), de la cooperación Suiza en Bolivia, va a reunirlos desde el miércoles, en La Paz, para que compartan sus experiencias, entre ellos y con el resto de la gente. “Viralizar”, que ahora le dicen…

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