Animal Político

Una relación entre continuidad o cambio

Desde el punto de vista de los intereses generales, América Latina y el subcontinente sudamericano apuestan a la continuidad de la política exterior de Brasil sobre el fortalecimiento del “multilateralismo regional” que lidera el coloso sudamericano.

La Razón (Edición Impresa) / Hugo Siles Nuñez del Prado

00:01 / 12 de octubre de 2014

El electorado brasileño se prepara a decidir su futuro, el 26 de octubre, para los próximos cuatro años. La Segunda Vuelta Electoral se dará entre los candidatos Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT) y Aécio Neves del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Esta nueva y corta elección que reedita la rivalidad de las dos fuerzas políticas más representativas del sistema político brasileño y que en tan solo dos semanas deberán convencer al electorado de indecisos y de los más de 20 millones que votaron por la socialista-ambientalista Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB); a inclinarse o por la continuidad del gobierno del Rousseff y del Partido de los Trabajadores y su estadía de más de una década en el poder, o el viraje hacia Neves y el Partido de la Socialdemocracia Brasileña, que gobernó el vecino país entre 1985 y 2002.

Este ambiente político interno contrapuesto también se expresa sobre el futuro de la política exterior de Brasil, que en función del resultado electoral tendrá continuidades o virajes sobre la orientación y el rol de este país en el contexto regional, multilateral y mundial.

SUDAMÉRICA. La política exterior brasileña, desde 2003, que inició el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva y que mantiene la presidenta Rousseff, expresa una fuerte inclinación hacia la agenda de los países del sur, define que el escenario multilateral y multipolar es el espacio en que los Estados de poder medio pueden ejercer influencia y equilibro en lugar de subordinación hacia los poderes centrales del G-8. La orientación de Itamaraty apuesta al fortalecimiento de la Unasur, el Mercosur, la Celac y el Consejo Sudamericano de Defensa, entre otros. Sin embargo, un eventual retorno del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) a la presidencia de Brasil, podría significar un cambio de 180 grados en la política exterior del coloso sudamericano, a través de una serie de reformas políticas y económicas severas que comprometerían activamente al vecino país con los Estados centrales del sistema internacional globalizado y orientado al mercado, retomando y consolidando una estrecha relación con los principales jugadores de la economía global: Estados Unidos, la Unión Europea y su consecuente agenda caracterizada por los temas de Libre Comercio, Seguridad Internacional, y terrorismo, entre otros.

Luego de las divergencias bilaterales, provocadas a mediados de 2006, en el contexto de la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia y que afectaron directamente los intereses de la empresa estatal brasileña, Petrobras, las relaciones bilaterales mantuvieron un alto influjo y amortiguación de las diferencias e intereses contrapuestos, a través de la estrecha relación y comunicación de los mandatarios Evo Morales y Luiz Inacio Lula da Silva.

Hasta 2010 se firmaron con el Brasil acuerdos sobre energía, cooperación al desarrollo rural, trabajo, migración y salud, y se habían celebrado comités de frontera sobre temas de aduana, salud, cooperación técnica, educación y defensa.

En marzo de 2011, ya en el gobierno de Dilma Rousseff y durante la visita del canciller de Brasil, Antonio de Aguilar Patriota, se suscribieron varios ajustes complementarios a proyectos de cooperación en materia de salud, agropecuaria y desarrollo rural. No obstante, la iniciativa del senador opositor Róger Pinto de buscar asilo en la embajada brasileña en La Paz en mayo de 2012 y el consecuente irregular traslado del político opositor, por miembros de la Misión Diplomática Permanente de ese país en La Paz, enfrió durante un tiempo estas relaciones. Solucionado este impasse, pero aún con algunas señales diplomáticas del vecino país, sobre el retorno del jefe de misión brasileña a La Paz, o el esquivo y ausente encuentro bilateral de los mandatarios Evo Morales y Dilma Rousseff, las relaciones entre ambos países se encuentran en un marco de construcción, habiendo trascendido de la clásica agenda bilateral “gasificada” hacia una mayor diversificación de temas, como en el ámbito comercial, donde gran parte del universo arancelario con Brasil está ya desgravado. Actualmente, ambos países trabajan sobre restricciones no arancelarias, promoción comercial y cooperación de diversos temas.

MULTILATERALISMO. Continuidad o  cambio. Desde el punto de vista de los intereses generales, América Latina y el subcontinente sudamericano apuestan a la continuidad de la política exterior de Brasil sobre el fortalecimiento del “multilateralismo regional” que lidera el coloso sudamericano, principalmente expresado sobre la cooperación Sur-Sur, la agenda de convergencia de los países en vías de desarrollo, el Grupo de los BRICS, el G-20 y el G-77+China. Situación que podría cambiar, ante un eventual triunfo del candidato Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), principalmente en la orientación y prioridades de la política exterior de la séptima potencia mundial. Un gobierno encabezado por Neves procuraría vínculos comerciales más cercanos con la Unión Europea y con países como México, Chile, Colombia y Perú. Se buscaría acuerdos comerciales con países desarrollados y con la Alianza del Pacífico, en lugar de priorizar las relaciones con el Mercosur, como hizo el gobierno del PT, que apoyó el ingreso de Venezuela al bloque. Hablan incluso de una total despolitización de la política externa brasileña en la región, diversificando la asociación de Brasil con todos los países de la región, independientemente de su ideología.

En este contexto, existe preocupación y expectativa en Bolivia, por el desenlace electoral del vecino país, toda vez que en el marco de la agenda bilateral entre Bolivia y Brasil, caracterizada en los últimos años por intereses contrapuestos (Nacionalización de los Hidrocarburos en Bolivia  y construcción de las hidroeléctricas-represas de Jirau y San Antonio en Brasil), turbulencias diplomáticas, coincidencias ideológicas y puentes de construcción de una renovada y diversificada  agenda binacional, que esto interrumpa y modifique la orientación y prioridad de la política exterior del Brasil. 

Los anuncios del candidato Aécio Neves, sobre una nueva política antidrogas hacia la región, el “cierre de fronteras” con nuestro país y el condicionamiento de créditos del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), entidad de fomento brasileño y que financia varias obras de infraestructura en países vecinos, podrían expresar un “retroceso” y estancamiento de la constructiva y emergente agenda bilateral de ambos países, llevándola al esquema tradicional bilateral único y exclusivamente dependiente del contrato de compraventa de gas entre ambos países.

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