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La resaca del fallo Chile-Perú apunta al Pacto de Bogotá

Piñera dijo que Chile debía considerar su salida del Pacto de Bogotá, lo cual no solo dejaría a ese país con la imagen internacional por los suelos, sino que no le serviría en nada para evitar querellas internacionales.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:07 / 23 de febrero de 2014

La declaración del presidente chileno saliente, Sebastián Piñera, de que su país estaría considerando retirarse del Tratado Americano de Soluciones Pacíficas, Pacto de Bogotá, es la reacción inmediata —y por tanto poco meditada— del Mandatario a causa del fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya en el diferendo sobre la frontera marítima entre Perú y Chile, según el cual 22.500 kilómetros cuadrados de mar salen del control soberano de Santiago.

“Chile tendrá que evaluar si se mantiene o retira del Pacto de Bogotá (...), lo estamos estudiando (...), es un tema que hemos conversado con la presidenta electa, Michelle Bachelet”, dijo el gobernante chileno el 9 de febrero a la Televisión Nacional de Chile, en Cartagena de Indias (Colombia), en la previa de la Cumbre Presidencial de la Alianza del Pacífico.

A estas alturas de la historia, resulta difícil creer que haya un Jefe de Estado que quiera denunciar al más importante mecanismo pacífico de resolución de conflictos del continente. Por sorprendente que pueda parecer, Piñera así lo señaló, lo que levantó críticas en Bolivia, Chile y Perú.

Para el expresidente Carlos Mesa (2003-2004), la declaración de Piñera es el resultado de “la resaca que le ha significado la derrota diplomática con el fallo” que emitió la CIJ el 27 de enero en La Haya.

El diplomático e historiador Ramiro Prudencio coincide en el fondo del tema, aunque lo dice con palabras menos fuertes tras afirmar que el reciente fallo “ha pesado mucho” para que el Mandatario chileno haga una declaración como la citada.

“Santiago estaba seguro de que iba a primar su tesis, pero la Corte dictaminó en equidad y pudo haberse sentido afectado; sin embargo, esto no puede ser suficiente como para salirse del Pacto”, apunta.

El presidente de la Asociación de Profesionales Internacionalistas de Santa Cruz, Hugo Siles, considera la pretensión de Piñera como su “último portazo”, el cual deberá ser medido con “extremo cuidado”, pues Chile desde hace 20 años desarrolla un “intenso” trabajo de posicionamiento internacional. Antes de esas dos décadas, la dictadura militar “causó estragos” en su política exterior; por lo que retirarse del instrumento sería una “muy mala señal y un contrasentido”, interpreta Siles.

“Es un portazo diplomático por la impotencia que tiene el gobierno de Piñera por no haber optado por una vía negociada con Bolivia y haber iniciado casi una ‘guerra fría’ deteniendo a los soldados bolivianos y la falta de atención a los constantes paros portuarios en Arica”, argumenta.

La comparación entre el gobierno de Bachelet y el de Piñera salen siempre a colación con el estribillo de que con la presidenta se avanzó, que con ella había mejor comunicación, que había más convergencia... y con Piñera se estancó todo.

“Este esquema comparativo aplaza la gestión del Presidente saliente y por ello es el portazo para justificar lo que no ha podido desarrollar su gobierno en los últimos cuatro años”. Además, el presidente del gremio de internacionalistas juzga que retirarse del Pacto sería “reconocer derrotas” que Chile no quiere admitir.

El excanciller Javier Murillo de la Rocha también cuestiona lo señalado por el Jefe de Estado chileno e interpreta que podría existir la intención de “no acatar”, en general, ningún fallo de la Corte. “Preocupa que haya un país que quiera debilitar un instrumento pacífico que tanto costó fortalecer. Su prestigio quedaría afectado”, afirma el exministro.  Los cuestionamientos no solo se dan en Bolivia, sino también en Chile.

En el periódico La Segunda se publicaron las críticas. El excanciller chileno Juan Gabriel Valdés, cercano a Bachelet, dice que “una decisión de este tipo no puede ser anunciada de manera tan liviana. Estas decisiones son reflexionadas y conversadas en el marco de la discreción que requieren los temas diplomáticos”.

Osvaldo Andrade, dirigente del Partido Socialista (PS), señaló que la de Piñera “es una mirada provinciana de ver las cosas. Uno, cuando se somete a un tribunal, se somete y asume sus consecuencias, se puede ganar, se puede perder o se puede ganar parcialmente. Me suena un poco a la vieja monserga de que cuando en el juicio me va mal, la culpa siempre es del tribunal”. Esta opinión es similar en el fondo al análisis que plantea Carlos Mesa.

Fuad Chahín, de la Democracia Cristiana (DC), apunta que “una cosa que ha prestigiado a nuestro país es que cree en la institucionalidad internacional. No sería una buena señal que, con ocasión del fallo, se cambie una política permanente”.

Por último, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Baja chilena, Gabriel Ascencio (DC), afirma que “es muy perjudicial para la imagen de nuestro país. No hay que actuar como el ‘picao’”. Parece ser que la reacción de Piñera de tirar el tablero no solo no fue bien recibida, sino que no será efectiva o, al menos, ninguno de los entrevistados cree que Chile vaya a denunciar el pacto.

Mesa sostiene que “los sectores equilibrados” de Chile saben que la imagen internacional de su país quedaría “gravemente deteriorada” si se salen del tratado. “Esos arranques se van a moderar y Chile va a seguir en el pacto de Bogotá, pues una de las pretensiones que tiene es la de respetar rigurosamente los tratados internacionales y ser parte de las decisiones de la comunidad internacional, según su comportamiento de los últimos años”, juzga.

Prudencio tampoco ve creíble que Chile vaya a hacer efectivo el retiro. “Los intelectuales y políticos chilenos han criticado duramente lo sugerido por Piñera, como por ejemplo Luis Maira (político socialista chileno que fue uno de los 17 firmantes del acta de constitución de la Concertación en 1988)”. Confía “plenamente” en que Bachelet no va a aceptar salirse del Pacto, lo contrario sería crearse un “gran problema” internacional para ese país. “La integración se debilitaría, sería contradecir el camino que tienen trazado los países del continente: buscar la integración”, concluye.

La internacionalista Karen Longaric reitera esta improbabilidad y señala que la salida “significaría que la adhesión chilena a los tratados internacionales no tendría una base honesta, sino que respondería a sus intereses, como lo ha venido demostrando hasta la fecha”.

Por lo demás, un hipotético e inverosímil retiro no afectaría en nada la demanda boliviana, ni a posibles futuras demandas (por ejemplo las planteadas por el presidente Morales sobre los acuíferos del Silala y el río Lauca) que podrían ser presentadas en un año contando desde el día de la denuncia del fallo: “Artículo LVI. El presente Tratado regirá indefinidamente, pero podrá ser denunciado mediante aviso anticipado de un año, transcurrido el cual cesará en sus efectos para el denunciante, quedando subsistente para los demás signatarios. La denuncia será dirigida a la Unión Panamericana, que la transmitirá a las otras Partes Contratantes. La denuncia no tendrá efecto alguno sobre los procedimientos pendientes iniciados antes de transmitido el aviso respectivo” (Pacto de Bogotá).

Respecto a posibles juicios sobre los acuíferos del Silala y el Lauca, Mesa señala que no hay duda de que en ambos casos, si hubiera un proceso contencioso, el país tendría las de ganar, sin embargo aclara que, internacionalmente, iniciar esos juicios podrían generar una sensación “contraproducente”. “Creo que en este momento lo más aconsejable para Bolivia es centrar su esfuerzo total en la demanda marítima en La Haya. Luego habrá la posibilidad de evaluar otras cuestiones pendientes”, asevera.

Además, un retiro —precisa— sería “extemporáneo”. En la hipótesis de que denuncien ese tratado, Chile no sale del sistema internacional. “El Pacto es una reafirmación de los países latinoamericanos sobre un compromiso que muestra una voluntad adicional a la preexistente, es decir, las Naciones Unidas”.

La CIJ es una instancia de la Organización de Naciones Unidas... “El hecho de salirse del Pacto de Bogotá no exime a un país del reconocimiento de la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia...”, dice Mesa.

Por este razonamiento, se podría inferir que si Chile quiere evitar demandas —o lo que fuere que pudiera creer que ganaría al denunciar el instrumento interamericano— tendría que retirarse de las Naciones Unidas, lo cual es aún más improbable.

Entonces, a Bolivia, parece ser que realmente no le afecta en sus intenciones qué es lo que haga o deje de hacer el país vecino. Así lo afirma Longaric, para quien lo que vaya a hacer Chile “no debe preocupar a Bolivia”, porque una salida del instrumento de solución pacífica “solo le restaría credibilidad”.

Piñera señaló que habló con Bachelet sobre la salida, sin embargo la presidenta electa no se pronunció al respecto. ¿Qué significa este silencio, es de aquellos que otorgan...? Según Mesa, el mutismo de la presidenta electa habla de prudencia en un “momento emocional tan fuerte” para un país. “Hizo lo que tenía que hacer. El silencio en este caso no es otorgar, sino una cautela”.

Siles coincide. Dice que el no decir nada al respecto significa que Bachelet espera para tomar una decisión en su política exterior de acuerdo a los acontecimientos que se vayan librando. “La gran incógnita para Chile es si Morales irá a la posesión, entonces juega a las dos posibilidades para ver la reacción”.

Existe un antecedente reciente de denuncia del Pacto de un país americano. El hecho no carece de ironía, pues fue Colombia la nación que denunció nada menos que el Pacto de Bogotá por descontento del fallo de la CIJ en relación a su pleito con Nicaragua...

En todo caso, Piñera está de salida con una de las peores gestiones bilaterales con Bolivia de las últimas décadas. Se espera que esta declaración sobre el Pacto sea su último berrinche, aunque como en las últimas semanas habló de Bolivia en relación al tema marítimo por cinco veces en menos de diez díaz, tal vez no sea el último arrebato, aún cuando le queden 16 días en la presidencia de Chile...

‘Aun fuera del Pacto, la Corte tiene jurisdicción’: Carlos D. Mesa, presidente de Bolivia de 2003 a 2004

Aunque Chile se saliera del Pacto de Bogotá, la Corte Internacional de Justicia es una instancia de la Organización de las Naciones Unidas, por lo que salirse del Pacto no exime a un país de su jurisdicción. El Pacto es un refuerzo muy positivo de los países latinoamericanos. Por lo que si Chile se saliera, la Corte sigue siendo válida para cualquier país de la ONU.

‘Sería mal visto por el Consejo de Seguridad’: Karen Longaric, internacionalista

Si bien un retiro es improbable, de darse afectaría a la imagen internacional de Chile. Sería muy mal visto por las Naciones Unidas y por el Consejo de Seguridad, del cual Chile ocupa un puesto como miembro no permanente, por lo que no le es conveniente una decisión así desde ningún punto de vista. Además se contradice con la declaración de la Celac de América como una zona de paz.

‘Es una declaración inamistosa con todos’: Javier Murillo de la Rocha, excanciller

La declaración de Sebastián Piñera sobre un posible retiro del Pacto de Bogotá es inamistosa no solo para con Bolivia, sino para con todos los países del sistema interamericano que ha optado por la solución pacífica de controversias al adherirse. Contradice el espíritu pacifista, solidario, de integración y armonía del continente. Es lamentable que quiera debilitar el instrumento.

‘Es una declaración lamentable’: Ramiro Prudencio Lizón, diplomático e historiador

Es una declaración lamentable porque precisamente se ha creado el Pacto de Bogotá para que haya una justicia internacional entre los pueblos de América; sin aquél, gobernaría el imperio de la fuerza. En cuanto a Bolivia, no afectaría a la demanda. Además a Chile no le sería útil retirarse del pacto. En todo caso, sería muy conveniente un acercamiento directo con Bachelet.

‘Chile solucionó 22 pleitos gracias al Pacto’: Hugo Siles Núñez del Prado, internacionalista

Chile tiene una tradición de arreglo pacífico de controversias mediante el Pacto de Bogotá, de hecho, gracias al mismo solucionó 22 conflictos. Entonces, un país que tiene esta tradición y que todavía tiene temas pendientes con Bolivia y que puede tener en el futuro problemas con Argentina por hielos continentales, no creo que tenga un cambio de orientación y se retire del Pacto.

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