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Jorge Lara Restrepo: 'El reto es cortar el ciclo de la violencia'

Echar para atrás las negociaciones de paz en Colombia sería el peor error del mundo, borrar lo poco construido.

El colombiano Jorge Lara Restrepo. Foto: José Lavayén

El colombiano Jorge Lara Restrepo. Foto: José Lavayén

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos / La Paz

00:00 / 05 de septiembre de 2018

En agosto hubo una peculiar visita al país. Llegó Jorge Lara Restrepo, colombiano, segundo hijo de Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Justicia de Colombia asesinado en 1984 por el cártel de Medellín, dirigido entonces por Pablo Escobar Gaviria. Peculiar porque Lara Restrepo vino al país para hablar de “paz, perdón y reconciliación” a internos de penales y a universitarios de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Lo hizo, como lo hace desde hace diez años como conferencista, con base en su propio testimonio: su reconciliación y luego amistad con Juan Pablo Escobar Henao (también Sebastián Marroquín Santos), hijo mayor de Pablo Escobar Gaviria.

— Cuentas que un día directo le dijiste a Juan Pablo que tu vida cambió cuando “tu padre mató a mi padre”, a lo que él te replicó: “cuando mi padre mató a tu padre, también cambió mi vida”.

— Eso fue muy fuerte.

— ¿Cómo llegaron a eso?

— Ese es el punto de partida, porque es cuando te das cuenta de que ya te quitaste el odio, la rabia; atrever a decirle a una persona que tanta gente le tiene miedo, a la cara “tu papá ha sido un sanguinario”, y que nunca me va a decir que no, va a bajar la cabeza y me va a decir: “es verdad”. Fue en Madrid. Nos íbamos a ver un día, pero alargamos a tres. En el día dos, sentados en una mesa, a la una de la mañana, luego de haber tomado dos botellas de vino, después de un silencio de 15 segundos, ya no sabiendo de qué hablar, le digo: ‘Sebastián, yo soy lo que soy porque tu papá mató a mi papá, y mi vida cambia, hombre, y soy lo que soy por eso’. Y el hombre no sabe a dónde mirar. Baja los ojos nada más, y ahí lo siento volver a levantarme la mirada, una mirada muy penetrante y se me queda mirándome a los ojos, y me dice: ‘Pues el día en que mi papá mató a tu papá, mi vida también cambia’. Y agrega: ‘Esa noche yo estaba jugando con carritos’, y yo estaba haciendo lo mismo, a 300 kilómetros de Bogotá, jugando con carritos, esperando que llegara mi papá; su vida cambió cuando los gritos de su madre lo alertaron…

— Ella lo lamentó mucho…

— ‘¡Pablo está loco! ¡Ese hombre era bueno; ese hombre era el futuro de Colombia!’, había dicho. Hay que pensar que Pablo Escobar intentó entrar al partido político de mi papá, porque apoyaba las ideas de Lara, porque él tenía una visión muy justa frente a la sociedad, diciendo que no podíamos guardar en Colombia esto de ricos y pobres, sino más bien tener una sociedad donde compartamos todos; eso le gustaba a Escobar, pero mi papá, con Luis Carlos Galán, no permitió la entrada del narcotráfico, de los ‘dineros calientes’, a la política.

— En Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, el asesino tiene que matar sí o sí, la deshonra se la lava con sangre o no se la lava, venganza, pues. ¿En qué medida expresas a la nueva generación colombiana que está decidida a salir de la violencia?

— Estamos en Colombia en un momento muy importante. Yo estuve con unos jóvenes activistas por la paz en Neiva (Colombia), jóvenes con una visión y misión: ‘vamos a hacer país, y esto es cortar con los ciclos de violencia’. Aquí hay algo a tener claro: todo pasa a través de la educación. La educación que yo le voy a dar a mi hijo es lo que él va a ir a hacer, a hablar. La base de la  educación parte desde casa, qué te va a enseñar tu madre y tu padre, hay que ponerle parámetros a los niños. A mí mi papá me lo mató la mafia; tengo dos opciones: una, me vengo, pero ¿qué le estoy dando a mi familia?, la opción de que el día de mañana vengan a por ustedes también, de que me maten a mí, y después de que vayan por ustedes, y mis hermanos no se van a quedar quietos, y la familia de ellos tampoco. Hay que romper con esos ciclos de violencia, y yo creo que es el momento en que uno dice ‘hasta acá es hasta acá’. Y es lo que pasó: yo hasta los 12 años aún planificaba asesinarlo (al hijo de Pablo Escobar)…

— Te faltaron cuatro francos suizos para eso [no los tuvo para el transporte]…

— 12.000 pesos colombianos. Al hombre (Juan Pablo), yo le digo a la cara: ‘Tu vida a mí me vale 12.000 pesos, respeto a mí, y me trae una coca-cola’; pero es para molestar, ya la relación llegó a ese punto que es tan… bonita.

— La preocupación es qué calado tiene el actual proceso de paz, si la reconciliación es algo profundo; se dice que con Duque el proceso de paz retrocederá.

— Tallando las piedras, dominando el fuego, haciendo hierro, llevamos más de 4.000 años mejorando las armas, aprendiendo a hacer la guerra. Colombia lleva dos años aprendiendo a hacer la paz: los muertos han bajado. ¿Que tenemos muchos problemas? Claro, pero ¿qué proceso de paz se escribe con una firma? Ninguno. ¡Que el proceso tiene mil fallas! Las tendrá, pero ahí está. ¿Qué va a pasar con esos acuerdos (de paz)? No sé. Lo que sí tengo claro es que nosotros jóvenes estamos trabajando por dar este ejemplo de paz, y lo hacemos a puerta abierta. Yo les decía a unos pelaos, 17, 18 años, ‘es bonito ser popular, bonito ser el maloso, pero créanme que es el bueno el que deja recuerdo. Y ustedes hoy día tienen que cambiar ese chip’. Y aquí hay un problema grande: cuando tú le quieres dar un acuerdo de paz a un país, cuando le quieres dar un ejemplo de lo que hay que construir, aparecen los medios de comunicación, sacando todas las ‘narcoseries’...

— Es una de las cosas que más les molesta a Juan Pablo y a ti.

— Es una mezcla total. Porque la niña va a decir, es que es una banalización de la mujer objeto: ‘las muñecas de la mafia, que sin tetas no hay paraíso, que para acceder socialmente a esto tengo que estar metida con una persona de plata, que sea bien o mal habida’. Cuando tú les estás dando el ejemplo de la narco-novela y les estás hablando de paz, hay una confusión muy grande; ahí pienso que el Gobierno sí debería intervenir, porque si la Canciller se escandaliza de que en Singapur haya un bar que se llama Esco-Bar, yo quiero que también se preocupe en preguntar a sus canales de televisión, RCN, Caracol, ¿por qué dejan sacar esas porquerías?, que nos afectan. Yo viví fuera de Colombia 31 años, 20 en exilio forzado. Cuántas veces no me dijeron ‘mafioso’, ‘usted es colombiano, es hijo de mafioso’. Eso es lo que hacen las narco-series.

— Socava el proceso de paz.

— Echar para atrás las negociaciones sería el peor error del mundo; sobre lo poco que hemos construido, borrarlo de nuevo.

— Ahora, cortar con los ciclos de la violencia debe ser una parte; otra, que sin duda lo debatieron, es paz con justicia.

— No hay paz con impunidad. Hay una frase muy bonita de mi papá, que me quedó marcada hace muchísimos años. “La impunidad es un multiplicador de la violencia”. Y tiene razón: el bandido al que no van a detener y que no va a pagar, le va a dar ideas a otro, que va a decir: ‘a él no le dieron nada, a mí tampoco’.

— Con Juan Pablo insisten en lo efectivo de la cultura de la paz.

— Cuando tú tienes al hijo de Pablo Escobar Gaviria al lado tuyo diciendo a los pelaos: ‘¿ustedes quieren ser como mi papá?, ¿de verdad? Les voy a decir cuánto tiempo gozó mi papá: Pablo Escobar gozó diez por ciento de su vida, y Carlos Lehder [otro jefe narcotraficante] el siete por ciento. A Lehder lo extraditaron a los 37 años, y ya lleva 35 en la cárcel. ¿Qué beneficio te deja el narcotráfico? Ninguno, porque tú terminas pagando con cuatro generaciones. A Pablo Escobar le fue mal, a Juan Pablo le va muy mal, es una persona a la que todavía catalogan, molestan, investigan. Pero la preocupación de Sebastián (Juan Pablo) hoy es: ‘chaval, a mí lo que me preocupa es que mañana cojan a Juan Emilio (su hijo) y le digan directamente quién era el abuelo’; Sebastián sufre con eso: ¿qué va a ser de la vida de Juan Emilio, el nieto de Pablo Escobar Gaviria?

— Vas a estar con internos de tres cárceles de Bolivia. ¿Qué les vas a decir?

— ¿Qué los trajo ahí? No. Son decisiones mal tomadas; el pasado es el pasado. Estamos en un momento muy fregado: están con los recuerdos y los recuerdos son los que te llevan a cometer errores, es que yo fui tal, es que me hicieron tal; ahí es cuando viene la venganza; la mejor decisión que pueden tomar hoy es cortar con los ciclos de odio, cortar con la venganza.

JorgeLaraRestrepoRealizó conferencias en Bogotá, Neiva, Cartagena, Medellín y Guayaquil. Lara expone los años de exilio, la sed de venganza y cómo el perdón empieza a surgir como una necesidad para vivir en paz consigo mismo y poder generar un cambio en los demás.

Pérfil:

Nombre: Jorge Lara Restrepo Nació: En Neiva, en 1978. Profesión: Especialista en televisión y administrador de empresas. Ocupación: Conferencista sobre paz y reconciliación.

Políglota, lleva más de diez años acercándose a los hijos de los fundadores del cártel de Medellín, responsables del asesinato de su padre, Rodrigo Lara Bonilla.

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