Animal Político

Una revolución verdadera en la universidad

Una verdadera revolución significa hacer algo radical, y algo radical sería imitar al sistema universitario de Estados Unidos, que tiene muchos problemas, pero uno de sus grandes logros fue la creación de un sistema universitario, público y privado, que es la envidia del resto del mundo.

La Razón (Edición Impresa) / Diego Von Vacano

00:02 / 26 de julio de 2015

En Cochabamba, la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) ya va tres meses con paro estudiantil, después de jornadas de violencia entre estudiantes y administrativos. En Bolivia la tradición revolucionaria es profunda y conocida. Muchas de las universidades pasaron por épocas de fervor rebelde, fue cuna de movimientos sociales y defensoras de la democracia durante dictaduras militares. Pero estamos en el momento en que se necesita una auténtica revolución en la universidad, porque llegó el día de un nuevo reto: que las universidades sean verdaderos recintos de enseñanza y aprendizaje. Hay que acabar con una fase de la historia y comenzar otra.

En los últimos diez años, Bolivia vivió una genuina revolución social y política. Las decisiones del Estado por lo general fueron correctas, porque se eligió la estabilidad económica y el crecimiento del país. No es necesario repetir las cifras del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional o la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y otras instituciones internacionales para ver que existió un crecimiento equitativo. Sin embargo, aún se puede ver pobreza, desigualdad y subdesarrollo en muchas partes del territorio. Para  cambiar esa realidad se necesita una reforma total del sistema educativo. Sobre todo del sistema universitario, porque es ahí donde se forma el capital humano necesario para que una nación salga de una vez por todas de la miseria.

¿Qué representa una revolución en la educación? Representa la transformación del sistema universitario en una red de enseñanza que no sea politizada. Significa eliminar el sistema de la autonomía universitaria, establecer reglas, patrones y requisitos para ser docente, garantizar el financiamiento estatal, designar normas para ser aceptado como estudiante en una facultad y —en el caso de Bolivia— eliminar los grupos supuestamente radicales, que en realidad solo perjudican el aprendizaje. Por lo general, son los autodenominados trotskistas, aunque su práctica no tiene nada que ver con la teoría de la revolución permanente del gran pensador soviético.

RECURSOS. En Bolivia, la educación superior se financia con el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH). El Decreto 28421 establece su distribución entre muchas actividades, la educación superior entre ellas, a razón del 8,62% de los recursos departamentales provenientes del IDH. El problema es que eso depende del 12,5% del total para departamentos productores de hidrocarburos, y 6,2% para los no productores. Este sistema tiene límites porque no crea un fondo de inversiones que pueda multiplicar el capital para las universidades; simplemente va directo a su presupuesto. Con los recientes descubrimientos de hidrocarburos, Bolivia puede tener un nuevo modelo educativo a nivel superior, que permita una reforma global del sistema. Esto ayudaría a eliminar el sinnúmero de universidades privadas mediocres que hay en el país y a evitar un sistema como el chileno, que está basado en la educación privada de alto costo.

Una verdadera revolución significa hacer algo radical, y algo radical sería imitar al sistema universitario de un país en muchos sentidos enemigo principal: Estados Unidos, que tiene muchos problemas, pero uno de sus grandes logros fue la creación de un sistema universitario, público y privado, que es la envidia del resto del mundo. Para un gobierno revolucionario como el de Evo Morales, reconocer algunos de esos logros significaría una actitud moral de mente amplia. Más radical todavía sería seguir el modelo de uno de los estados más reaccionarios de ese país: Texas. 

¿Por qué Bolivia debería emular, en parte, a ese Estado? El sistema universitario norteamericano no es perfecto; tiene problemas de financiamiento, equidad y calidad porque es descentralizado y federal. Pero hoy, cuando hay crisis presupuestaria en muchos sistemas estatales universitarios, como de California y Nueva York, el de Texas, en sus dos ramas, la Universidad de Texas  (UT) y la Texas A&M University (TAMU), prosperan por la existencia de lo que se llama el Fondo Permanente Universitario (“Permanent University Fund,” PUF).

El PUF es un fondo soberano de inversión estatal. El capital proviene de la explotación del gas y petróleo del Estado de Texas. Las inversiones se componen de derivados financieros, bonos y acciones. El PUF fue creado para financiar la educación superior. La Constitución de Texas de 1876 estableció los parámetros para su distribución entre ambos sistemas universitarios públicos, el UT y TAMU. Desde el descubrimiento de petróleo a fines del siglo XIX, el PUF empezó a recibir ingresos y, comenzando en 1925, estos dineros fueron automáticamente al sistema universitario, aunque no en su totalidad.

Desde 2008, el PUF otorga al Fondo Universitario Disponible (Available University Fund, AUF) el 5% de los ingresos totales en petróleo y gas del Estado de Texas. Esto significa, por ejemplo, que ese año el PUF controlaba 8,8 mil millones de dólares. Si se agregan las dotaciones (endowments en inglés) de los dos sistemas de Texas, este Estado petrolero queda en primer lugar en EEUU, con 36,5 mil millones de dólares en capital generado por inversiones de recursos que tienen como origen el PUF, sobrepasando a la dotación de Harvard, que cuenta con 35.000 millones de dólares. Es notable que Harvard y el sistema universitario de Texas sobrepasan al PIB boliviano de 30,6 mil millones de dólares.

Las dotaciones representan dinero u otros activos financieros que son donados a universidades. La única intención de las dotaciones es que sean invertidas.

‘POBRES’. No todos los estados norteamericanos tienen la suerte de Texas. Como contraejemplo se tiene a la dotación del sistema público universitario de California, que solo cuenta con 7,3 mil millones de dólares, y el de Virginia con apenas 5,9 mil millones. La razón es evidente: son estados que no tienen a disposición los ingresos del gas y petróleo que posee Texas.

¿Qué significa esto para un país como Bolivia? Significa que con los nuevos descubrimientos, como el del campo Boquerón por la nacionalizada YPFB Andina, que triplica las reservas de petróleo del país de 16 millones de barriles a 48 millones, existen nuevos recursos económicos que no se deben utilizar solo para reducir la subvención de diésel, sino también para crear el equivalente de un PUF/AUF tejano, y garantizar el financiamiento de un nuevo sistema universitario público nacional. 

Ahora es el momento para establecer un Fondo Permanente Universitario para sostener una inversión constante en la educación superior. De esta manera, existiría la base para hacer una reforma total en este campo. Con esos recursos se podría invertir en infraestructura, nuevas universidades y en la contratación de docentes capacitados con un sistema de empleo permanente y a tiempo completo, basado en la calidad de investigación y enseñanza de cada docente. El sistema de ‘tenure’, o titularidad permanente, en los Estados Unidos protege la libertad de expresión del docente y le garantiza trabajo de por vida si es que pasa siete años de prueba.

Lo revolucionario no solo se expresa con manifestaciones y banderas. También se expresa en una mente abierta a nuevas ideas, sin importar de dónde provengan. En el campo de la educación, significa darse cuenta de que las aulas y sus escritorios son para aprender, no para formar barricadas. Bolivia goza por fin de un gobierno que sabe que el recurso natural más importante del país es su gente. Solamente con una verdadera reforma educativa se puede transformar a ese recurso natural en el capital humano necesario para que las nuevas instituciones tengan gente capacitada por muchas generaciones.

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