Animal Político

En riesgo la institucionalidad democrática

Quince años después del gobierno municipal en manos del Movimiento Sin Miedo, el esfuerzo de todos (comunidad-partidos-autoridades) está sufriendo un revés que puede traer al presente el fantasma de la ingobernabilidad en La Paz.

La Razón (Edición Impresa) / Edwin Herrera

00:01 / 11 de enero de 2015

En la década de los 90, cuando la “democracia de los pactos” envilecía la política en el país, el tercero en unas elecciones generales fue Presidente, en contra de la voluntad popular. Hace diez días, lo que parecía haber sido superado para siempre, el insulto a la decisión colectiva, ocurrió otra vez y el tercero en las últimas elecciones municipales fue convertido en alcalde de La Paz mediante un pacto espurio entre el hegemonismo sin escrúpulos del Movimiento Al Socialismo (MAS) y el oportunismo de Omar Rocha.

El pacto contra La Paz no solo nombró un Alcalde transitorio ilegítimo, ha puesto en serio riesgo 15 años de institucionalidad democrática, base de la transformación material del municipio y de la vida de quienes lo habitamos. Hay que recordar que hace 15 años la mayoría de los paceños nos declaramos “cabreados” con la corrupción a todo nivel, la quiebra financiera de la ciudad, la falta de planificación municipal… y frenamos en seco el asalto partidario a la Alcaldía, los “pasanakus” políticos en el Concejo Municipal y la crisis institucional que no veía luz al final del túnel.

Quince años después, el esfuerzo de todos (comunidad-partidos-autoridades) está sufriendo un revés que puede traer al presente el fantasma de la ingobernabilidad en La Paz. El Alcalde transitorio, respaldado políticamente por el MAS, aunque se trate de marcar distancias, pretende demoler en cinco meses todo lo construido, acusando falsamente a la administración edil, amenazando con despidos a trabajadores municipales, nombrando masistas en cargos ejecutivos de la Alcaldía, realizando promesas demagógicas y politiqueras a sectores urbanos y rurales que cree que le son leales y desatendiendo las principales necesidades de la ciudad en una época de alertas por las lluvias.

Y en una suerte de contrapunteo irresponsable con los destinos de la ciudad, dirigencias opuestas a la transformación han comenzado a pedir al Alcalde de los cinco meses elevación de tarifas para el mal servicio de transporte público, áreas para el asentamiento ilegal de comerciantes antes condicionados a votar por el MAS, entrega de los mercados para que los vendedores sean los que pongan las reglas de juego y otras tropelías que, está por demás decirlo, se convertirán en caldo de cultivo de la corrupción, la desinstitucionalización y la anomia social.

De qué habrá servido que durante 15 años se haya respetado en La Paz al candidato/partido que gana las elecciones y se haya consolidado el concepto de que los programas de gobierno son los que trazan la ruta del desarrollo de La Paz, si nuevamente el interés mezquino por hacerse temporalmente de la Alcaldía intenta burlarse de la voluntad democrática de la gente. Así sucedió por años con la partidocracia neoliberal que cambiaba alcaldes cada año, incluso antes, para que sus representantes llenen sus bolsillos y los de sus promotores, manteniendo al municipio inviable y en la más absoluta postergación.

El MAS y Omar Rocha han quebrado el cristal de la institucionalidad que paceños y paceñas hemos preservado durante estos 15 años como patrimonio que garantiza la transformación y el futuro. Lo saben, pero no les importa porque su objetivo inmediato es el peguismo, el cuoteo, el asalto partidario, la corrupción y un remedo de tiranía en el ejercicio del poder. Al pacto contra La Paz no le interesa la decisión del soberano, el respeto a las normas por parte de autoridades electas y designadas, la aplicación de planes de gobierno en interactuación con la comunidad, el manejo honesto y transparente de los recursos públicos y la fiscalización mediante mecanismos establecidos por ley.

Se trata de un pacto entre fuerzas oscuras que buscan convertir a La Paz en parte del feudo político-partidario del oficialismo, una especie de obsesión política del MAS confesada en más de una ocasión.

De ahí que la labor de fiscalización del Concejo Municipal, del ahora Control Social, de las juntas vecinales, de los sectores sociales y de la propia comunidad organizada tendrá importancia fundamental para garantizar la continuidad de las políticas municipales de transformación y modernización que en 15 años se han convertido en modelo de gestión pública para ciudades del país y de otras naciones. Y no es que se desate una cacería de brujas bajo el rótulo de fiscalización, sino que las autoridades temporales sepan que sus actos tendrán que ajustarse a la ética y legalidad, y estarán bajo la lupa de la sociedad.

Por lo sucedido en los primeros diez días del gobierno municipal transitorio, está claro que también se ha activado una convocatoria de alerta y movilización permanente en los barrios, puestos de trabajo, universidades y colegios, sindicatos, centros de abasto y otros lugares donde exista un mínimo de organización para cumplir un doble desafío en los próximos meses: elegir bien a las próximas autoridades municipales para que el desarrollo de la ciudad no se detenga y al mismo tiempo recuperar lo que se construyó entre todos: institucionalidad democrática en La Paz.

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