Animal Político

El rumor enmascarado

El ‘habría’ en el periodismo

La Razón / Álex Grijelmo

00:01 / 05 de agosto de 2012

Los usos tiene “habría” que deterioran la convivencia. El primero de ellos se oye a menudo en el hogar, con frases como “habría que bajar la basura...”, “habría que pintar la puerta...”, “habría que decirles a los niños que dejasen de tirar sandías desde el balcón...”. No siempre se acude a la forma potencial. A veces conjugamos la orden en presente: “Hay que fregar los platos”, “hay que ir a pagar la tasa de la basura”...

¿Quién hay? Ah, se da por supuesto que ese quién es el otro; pero no lo decimos con claridad para que no se note que enunciamos las necesidades comunes como si fueran ajenas. Habría que cambiar eso.

El segundo uso engañoso de esta fórmula verbal se desliza a menudo por los medios informativos. Se trata del “condicional del rumor” que censuró Fernando Lázaro Carreter (El dardo en la palabra, 1997, p. 95 y 96). Si leyésemos, por ejemplo, “Iniesta habría donado a los damnificados por los incendios de Valencia los 300 mil euros de la prima por la Eurocopa”, podría pensarse que España no ganó el campeonato. Es decir, que Iniesta habría donado la prima si la hubiera conseguido.

La ‘gramática’ precisa que los libros de estilo de algunos diarios prohíben este condicional. Sin embargo, algunos periodistas que acuden a ese recurso verbal intentan expresar con él otra idea: que se trata de una información no confirmada. (Y tan no confirmada estaba la noticia en el caso de Iniesta, en efecto, que se demostró falsa).

El condicional tiene diversos usos en español como verbo principal, entre ellos los de las propias oraciones condicionales y los de aquéllas que refieren una duda (a menudo mediante un cálculo aproximado): “En la manifestación habría unas 200 personas”, “serían las ocho de la mañana cuando avisaron a Secundina”, “para entonces ya habría dimitido Anastasio”. Sin embargo, con frecuencia no estamos en puridad ante un hecho dudoso, sino ante un sucedido que se tiene por cierto aunque se le añadan algunas dudas: la manifestación existió, a Secundina la avisaron temprano y Anastasio se fue en algún momento. Lo que no nos atrevemos a asegurar con esas oraciones es ni cuántos manifestantes asistieron, ni cuándo se avisó a Secundina ni en qué instante dimitió Anastasio.

Así pues, ese uso concreto del condicional no cuenta tanto un hecho dudoso como lo dudoso que hay en un hecho. Pero a partir de ahí, algunos periodistas han estirado la licencia, y arrojan la duda sobre la acción sustancial que se cuenta, no sobre las accesorios. Y leemos informaciones como éstas:

“Habría sido el propio Leopoldo González-Echenique el que ha decidido cambiar las voces de algunos de los espacios más emblemáticos de la radio pública”. “Marcelo Bielsa habría renunciado a su cargo en el Athletic”. “Ausàs habría dejado algunos locales para que se guardase el tabaco”.

En algunas de esas frases, uno puede deducir, respetando la gramática, que el hecho principal no sucedió. Así como decimos “a Pantaleón le habría gustado ir a tu boda” y eso significa que Pantaleón no fue a tu boda, podemos leer en el periódico “el entrenador habría dimitido”, y eso significaría que no dimitió. Es decir, que habría dimitido si hubiera podido, o si hubiera tenido motivos; igual que Pantaleón habría asistido a tu boda si le hubieras invitado.

Y peor aún resulta que encontremos un titular así: “El ladrón [del códice] habría podido blanquear el robo”, porque en ese caso ya no sabemos si se trata de una duda o de una posibilidad que no se realizó (como lo de Pantaleón y la boda).

No obstante, la nueva Gramática (páginas 1.794 y 1.795) echa una mano a los periodistas y parece tolerar ya el uso que Lázaro Carreter censuraba. La Academia, en la que se integran filólogos muy competentes, merece nuestro respeto (perdona, Señor, los pecados de juventud). Así que ya podemos dar por bueno ese recurso periodístico. Pero sólo desde el punto de vista gramatical.

La propia Gramática precisa que los libros de estilo de algunos diarios prohíben este condicional. Y en efecto. “Los rumores no son noticia”, escribió Julio Alonso en la edición primigenia del Libro de estilo de El País. Y esos “habría” “estaría” o “sería” no hacen sino narrar algo que el periodista no puede dar por seguro. Es decir, algo que no se ha comprobado o que no se puede atribuir a una fuente que lo asuma como cierto. Un rumor.

Muchos redactores y editores han venido desechando en las noticias distintas fórmulas admitidas por la gramática, pero rechazadas por el rigor: “al parecer”, “tal vez”, “quizás”, “probablemente”, “todo apunta que”, “puede que”, “podría”, “se conoce que”, “se supone que”, “se comenta que”… Sin embargo, el condicional en su forma simple y en su forma compuesta se cuela con pringosa constancia.

Algunos manuales aconsejan para tales casos que el periodista piense primero acerca del hecho en el que se basa al contar que algo habría sucedido, a fin de narrar en qué datos se apoya y olvidar la conjetura consecuente; por tanto, que se olvide de lo que tal vez sucedió o no sucedió, y se centre en contar solamente lo que sabe que sucedió.

Es decir, que si sabe que el ministro tuvo sobre su mesa ayer la propuesta de acuerdo, cuente que el ministro tuvo ayer sobre su mesa la propuesta de acuerdo, y no que el ministro habría estudiado ayer la propuesta de acuerdo. Y si la Policía sospecha que el asesino es Fulano, escriba el periodista que la Policía sospecha que el asesino es Fulano (lo cual no convierte a Fulano en asesino), en vez de barruntar que “el asesino habría sido Fulano”, porque entonces pasamos de un hecho cierto (la Policía sospecha) a uno inseguro (Fulano habría sido).

Tal vez la calidad de la vida pública se pueda medir contabilizando el léxico circulante (cabría componer un índice con el aumento de eufemismos, la abundancia de archisílabos o la profusión de tecnicismos oscuros); pero también la calidad de los periódicos tendrá algo que ver con el número de rumores que publiquen.

Apreciemos, sin embargo, la parte buena: en esos casos del verbo en condicional, el periodista transmite que no está seguro de lo que cuenta. Peores son los que, con los mismos elementos y las mismas dudas que todos los demás, hablan a cada rato como si estuvieran escribiendo los Diez Mandamientos.Habría que hacer algo al respecto.

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