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No tiene sentido guardar secretos que ya no lo son

A estas alturas de la historia, casi todo se ha sabido de la guerrilla del Che Guevara y su paso por Bolivia. Muchos documentos fueron recuperados y yacen en el Archivo Militar, que, sin embargo, no se abren a los investigadores. No hay necesidad de ese celo, aunque el resguardo puede convertirse en un riesgo para la historia.

La Razón / Carlos Soria Galvarro

00:02 / 26 de mayo de 2013

Cómo andamos en materia de documentos que sustenten la memoria histórica de los sucesos guerrilleros de Ñancahuazú en 1967 y la presencia  de Che Guevara en Bolivia? La pregunta se torna muy pertinente cuando nos aproximamos al medio siglo de que esos hechos ocurrieran.

Lo que diferencia al verdadero historiador del mero intérprete de la historia es lo que José Roberto Arze llama la “administración de la prueba”. El que simplemente “interpreta” la historia hace afirmaciones más o menos aceptables de acuerdo con su sagacidad y habilidad. El historiador, en cambio, respalda con alguna prueba lo que dice.

En la historia, lo mismo que en el derecho, las pruebas son de dos clases principales, apunta el académico boliviano: las materiales y las testimoniales. “Las primeras son objetos físicos ‘portadores’ de información: documentos, escritos, sonoros, visuales, etc. Las segundas son ‘declaraciones’, evocaciones o recuerdos de quienes han sido ‘testigos’ de los hechos”.

Y si bien ambos tipos de “pruebas” son importantes, es obvio que los documentos son los que aportan mayores elementos, previa constatación, verificación, ubicación en el contexto y cruce de información, claro está.

Botín de guerra. La mayoría de los “objetos físicos” capturados a los guerrilleros fueron repartidos entre oficiales y soldados. La averiada arma del Che, los famosos relojes Rolex, su pipa, su cachucha, rollos fotográficos sin revelar, algunos diarios escritos, una gran cantidad de libros y casi todas las pertenencias del jefe guerrillero y de los demás combatientes fueron a dar a manos de particulares.

Que sepamos, jamás prosperó el llamado que hiciera hace algunos años desde Sucre la exdirectora del Archivo y Biblioteca Nacionales Marcela Inch en sentido de hacer una recuperación sistemática de ese material histórico. Ni tampoco que se hubiera realizado alguna gestión para que los organismos de Inteligencia de Estados Unidos devuelvan algo de lo que hayan podido llevarse.

Si apreciamos la pobreza de material de la sección correspondiente en el museo del Colegio Militar de Irpavi, podemos deducir que tampoco se tuvo el suficiente cuidado para conservar y seleccionar los “objetos físicos” de las propias  Fuerzas Armadas utilizados en la lucha antiguerrillera.

Libros  y películas a montones. Sobre el Che y su ensayo guerrillero se han publicado —sólo en Bolivia o de autores bolivianos en otros países— no menos de 50 libros (en el ámbito mundial la cifra de libros es cuantiosa, difícil de precisar). Por supuesto, en este repaso del material bibliográfico boliviano no se incluyen los centenares o quizá miles de artículos de revistas y periódicos, ni capítulos o secciones de libros que se ocuparon del tema, menos aún los cuentos y novelas inspirados por el suceso. Sólo están los libros que específicamente abordaron en exclusiva la temática guerrillera.

De estos 50 o más volúmenes, una decena corresponde a autores militares, quienes por lo general mezclan elementos testimoniales e interpretaciones con transcripciones de documentos en su poder o de los que han tenido acceso.

En materia de audiovisual, en Bolivia, pero sobre todo en el extranjero, se han hecho innumerables documentales y películas de ficción sobre el Che, todo lo cual contribuye a acentuar la dimensión mítica del personaje, desdibujando su perfil histórico, que sólo el apoyo documental puede restaurar.

Archivo vedado a los civiles. En la ciudadela militar de Miraflores, como parte del Archivo Histórico de las Fuerzas Armadas, existe la sección “Guerrillas de 1967”. Allí se guardan muy bien catalogados muchos papeles de la guerrilla. Lo más probable es que los oficiales de Inteligencia, en razón de su trabajo, salvaron ese material de la repartija generalizada.

Pero, lo lamentable es que a dicho archivo no pueden acceder investigadores civiles, sean estos periodistas o historiadores. Ni siquiera ha sido dado a conocer el catálogo o la lista de tales documentos.

Hasta donde puede saberse, sólo el general Gary Prado Salmón y los coroneles Diego Martínez Estévez y Simón Orellana, éste último por varios años director del Archivo, gozaron del privilegio de utilizar ampliamente la información que contiene. El primero para su conocido libro La guerrilla inmolada (1987) y el segundo para Ñancahuazú: apuntes para la historia militar de Bolivia (1989) y Orellana para su reciente tesis de licenciatura en Historia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA, 2009).

Secretos que ya no lo son. Los documentos en el Archivo de Miraflores, lo mismo que los diarios del Che y Pombo (recuperados de un inminente remate en Londres y guardados en las bóvedas del Banco Central) están etiquetados como “secretos”. En muchos casos ya no lo son y, en otros, no entrañan riesgo alguno para nadie. No afectan ni a persona ni a institución alguna. Son apenas materiales que pueden ayudar al conocimiento más detallado de los hechos o a develar aspectos humanos de los participantes. Tal el caso, por ejemplo, de  una decena de cuadernillos de recuerdos del guerrillero beniano Antonio Domínguez Flores (“León”) escritos a pedido de sus captores militares. O los diarios de algunos jóvenes oficiales bolivianos caídos en la contienda los cuales Orellana intentaba publicar aparentemente sin éxito hasta ahora.

Definitivamente, resulta extravagante, por no decir insulsa o ridícula, la determinación de seguir manteniendo en reserva dichos materiales.

De segunda mano. Afortunadamente, algunos investigadores han logrado acceder a documentos en poder de particulares o a fotocopias que éstos poseen en abundancia. El historiador Gustavo Rodríguez Ostria es uno de ellos y lo menciona en su libro sobre la guerrilla de Teoponte y en su más reciente trabajo sobre Tania, publicado en simultáneo en Buenos Aires y Barcelona, y apenas conocido en Bolivia.

Otro ejemplo impresionante es el  trabajo del investigador y documentalista argentino Norberto Forgione. En años de trabajo paciente y acucioso ha fotografiado o filmado una enorme cantidad de material documental, de fuentes directas e indirectas, primarias y secundarias, además de haber reunido montañas de fotografías y testimonios. Su documental De sus queridas presencias se estrenará este año y la legisladora por la ciudad de Buenos Aires Maria Elena Naddeo está promoviendo la idea de que la obra sea declarada de interés cultural.

Amor y ternura a raudales. Lo interesante del trabajo de Forgione es que sobrepasa lo estrictamente necesario para producir una obra de formato audiovisual. Él es consciente de ello y por eso viene utilizando la herramienta digital para divulgar el material reunido, poniéndolo a disposición de quienes en cualquier parte del mundo se interesen en el tema (desusqueridaspresencias.blogspot.com).

Allí puede apreciarse documentación de valor histórico hasta ahora desconocida. Por ejemplo, se confirma la noticia que el general Mario Vargas Salinas proporcionó en su libro sobre la existencia de apuntes de “Joaquín”   ( Juan Vitalio Acuña Nuñez, virtual segundo hombre de la guerrilla como jefe de la fracción de retaguardia). Hay papeles de “Alejandro” (Gustavo Machín Hoed de Beche, designado por el Che como jefe de Operaciones) en los que resalta una carta muy emotiva de su niño que le dice: “Papá te prometo que vengas pronto estoy estudiando mucho, todo lo que me dices en tu carta lo voy hacer” (sic). También de “Moro” (el médico Octavio de la Pedraja, fragmentos de cuyo diario fueron publicados en su libro por el general Luis Antonio Reque Terán), en este caso son reveladores apuntes de una clase de historia en plena campaña.

Intentando vencer la dificultad de transcribir estos papeles, a partir de “fotografías de las fotocopias” se publican por separado dos cartas con algunos inevitables espacios en blanco. Una es de “Víctor” (Casildo Condori Vargas, minero de Corocoro) a su esposa Nancy, y la otra es de “Tania” (la argentino-alemana Tamara Bunke Bider) a su novio cubano.

Son cartas rebosantes de amor y ternura que, por supuesto, nunca llegaron a sus destinatarios, interceptadas por los acontecimientos violentos fueron a parar al archivo castrense, donde todavía están celosamente guardadas como peligrosísimos secretos militares.

De Casildo Condori a su esposa Nancy

Querida Nancy

… por la presente te saludo muy cariñosamente como tambien a tu papa, mama y a todas tus hermanas y familiares, yo me encuentro bien sin novedades, siempre trabajando. Te escribo esta carta con el fin de saludarte y felicitarte por tu cumpleaños   y te recomiendo que me lo cuides bien a mi Lenita que es ella todo mi ser

Es a ella y tanto a ti a quienes quiero en la vida con toda el alma.  Son Uds mis seres mas queridos. Siempre me encuentro pensando en Uds. Cuando termine mi contrato vendre inmediatamente para reunirme con Uds    para vivir felices y ya no separarnos mas y sin preocuparnos

Te mando unos cuantos pesos para que puedas subsanar las deudas que tenemos  No encuentro palabras para expresarles y decirles el cariño que les tengo. No te olvides siempre de ponerles flores a mis hijos.  Me despido con abrazos y besos a ti y a mi Lenita

Chau

….

Nota

Avísenme si ya habla mi hija, si se acuerda de mi, y como se ha encontrado todo este tiempo. Si puedes ir a mi casa guarda la fotografía grande que tengo

(Al final de la carta se lee: Señorita Silvia Heredia Calle Guerrilleros Lanza # 24 La Paz-Bolivia Barrio Minero)

Carta de Tania a Ulises (Estrada)

Mi querido Ulises

Más pronto de lo que creía, he sabido de ti. Eso me ha hecho muy feliz  y claro que no puedo decir “lo he visto y me ha ……………” , pero de todas maneras en compensación con Penélope tengo infinidad de ventajas como es que de vez en vez te palpo casi o por lo menos te respiro (con un poco de imaginación) y la otra es que aunque pasen muchos años nunca serás un desconocido para mi, ya nos adelantamos al tiempo.

Con todo esto, te quiero demostrar, si no lo has adivinado ya que estoy estudiando ¡al fin!, y por supuesto como en general me gusta la carrera venzo los obstáculos….

….y toda mi fortaleza se desmorona….porque a mi ejercito….no lo resisto, yo creo que mi “Ulises” con toda…

Pero por lo menos… Seguiré estudiando…….a que llaman a mi……..aunque ya me esta……un poco largo

….porque a mi inclusive me ha llamado la atención esa persistencia y a la vez me gusta que no lo haya olvidado

….descansar en la mesa de noche porque no quiero ser una Penélope triste

…si – ya se – pero no es verdad eso que estás pensando, esta vez no lo voy a dejar, es mi prueba y mi espera. Los ……. nuestros están muy bien, la mayor tan ….como siempre, y el más pequeño tan “hablador” como idem.  Si yo progreso en Historia como el en “lenguaje”

¿Tu crees que se puede vivir mucho tiempo si te falta parte de ti mismo? Bueno, ya se, espero. ¿Me prometes escribir en cuanto tengas una oportunidad?

Saluda a los amigos de mi parte….. Con todo esto te quiero demostrar, sino lo has adivinado ya, que estoy estudiando ¡al fin! y por supuesto como en general me gusta la carrera, venzo los obstáculos en……………………… Lo hago yo.

Cuídame siempre como a….  Tu mujer

(Faltan un par de páginas difíciles de transcribir)

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