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El show de las encuestas, un factor que induce al voto

Los estudiosos insisten en dos grandes exigencias para las encuestas: su consistencia técnica y la transparencia en el diseño y los resultados  del ejercicio técnico.

La Razón (Edición Impresa) / Mauricio Quiroz / La Paz

00:04 / 11 de mayo de 2014

Hay que estar prevenidos. En 2014, año de elecciones generales, todo estudio de opinión, sondeo o encuesta de la preferencia política de la gente irremediablemente incidirá en la opinión de la gente en cuanto a su preferencia electoral. Mal o bien hecho el ejercicio técnico, hará a la opinión que la ciudadanía se haga del “mundo político”, de los “actores principales” de la elección, de los “que realmente tienen posibilidades de ganar”, de “los que políticamente no existen”, entre otras imágenes que por fuerza provocan las encuestas.

Así, nada más urgente que reflexionar sobre la consistencia y transparencia de las encuestas y sondeos que medirán la preferencia política y partidaria de la ciudadanía.  Mediante un comunicado del 30 de abril, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) recuerda a las empresas que se dedican a “estudios de opinión en materia electoral”, que para ejercer su trabajo deben registrarse en el Órgano Electoral hasta el 28 de agosto. “Las entidades deberán acreditar capacidad técnica para la realización de los estudios de opinión”, advierte el TSE en su comunicado. De siete requisitos, tres se refieren al aspecto técnico del registro: “estructura organizacional de la empresa, ficha técnica y nómina del equipo técnico”.

Al respecto, el vocal del TSE Ramiro Paredes señaló que con el registro obligatorio de las encuestadoras se pretende evitar la inducción dolosa al voto. Se trata, por parte del Tribunal, de un control de calidad técnica del estudio: “Tienen que mostrar en primer lugar el método que están utilizando, en base a ello y a los criterios establecidos por el Sifde (Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático) pueden realizar la respectiva encuesta”.

Días antes de la publicación del calendario electoral (el 30 de abril) salieron dos encuestas de intención de voto: una de Tal Cual Comunicación Estratégica y otra de Captura Consulting. Lo curioso es la diferencia notoria en el resultado que ambas muestras concluían sobre un mismo candidato: Evo Morales gana en ambos sondeos, sin embargo hay una distancia de casi cinco puntos entre uno y otro estudio: 38,3% para Tal Cual; y 43,2% para Captura.

Las encuestas deben ser algo más que los sondeos de opinión, reclaman los analistas. La diferencia en favor de la encuesta radica en el tamaño de la muestra, la representatividad de la población votante registrada y la metodología que se haya usado para diseñar la boleta.

El sociólogo Franco Gamboa identifica cuatro aspectos que hay que ver en toda encuesta: el diseño de la boleta, la forma en que se recoge la información, la forma en que se determinó la muestra, y los márgenes de error. Insiste especialmente en que toda encuesta debe tomar en cuenta la “cultura política” de cada sector social y regional: no es la misma cultura en el eje del país, o en el área urbana, que en el norte amazónico o en el sur chaqueño, destaca.

Para el estadístico Álvaro Chirinos, el problema también está en el control metodológico que se puede hacer de la suma variabilidad de opinión, el cambio repentino de parecer, que es una particularidad de los electores bolivianos.

“Es evidente para cualquier investigador que medir preferencias políticas es complicado ya que las respuestas de muchas personas pueden cambiar de manera brusca de un día a otro, esto depende de los incentivos, ideologías, etc. Pero son aspectos que se pueden controlar con un buen diseño de muestra y un presupuesto moderado”, señala Chirinos.

En este aspecto, para el sociólogo Yuri Torres, en el país incluso se puede hablar de cierta ‘imposibilidad’ de controlar las variables de lo abigarrado de la sociedad boliviana y su cultura política. “En los últimos años la estrategia del marketing político en sociedades tan abigarradas como el caso boliviano está venida a menos”.

La encuesta, afirma, se asimila más bien al marketing político, en tanto que la preferencia política de los bolivianos es más compleja: “En rigor, hay otros referentes de tipo cultural y sociológico que intervienen en el momento de decisión política y eso no pasa solamente por el perfil de un candidato; sino que el mismo tiene que encarnar simbólicamente un proyecto de sociedad. Es decir, no basta un rostro simpático, ya que la densidad histórica que adquirieron los procesos políticos en Bolivia rebasan los mismos alcances del marketing político”.

Chirinos además llama la atención sobre el hecho de que el propio encuestado debe de haber pasado por “un proceso probabilístico de selección”: “lo importante acá —dice— es saber quién es el que contesta la encuesta, y cuál es la manera correcta de traducir sus preferencias en preguntas objetivas”. Sin esta “preparación” del encuestado, sin haberlo seleccionado en base a criterios del lugar, el estudio “no refleja la realidad de donde proviene”.

Entre los entrevistados, un reclamo común a las encuestas que se hacen en el país es que éstas por lo general toman en cuenta solo el eje urbano del país, dejando de lado otras realidades regionales, rurales y sociales; lo negativo no es esto, sino que luego demasiado fácilmente se generaliza este resultado al resto del país.

“En este contexto, en la mayoría de los casos se hacen las encuestas en poblaciones urbanas que sociológicamente no reproducen al conjunto de la sociedad boliviana. De allí, por ejemplo, se hace generalizaciones ‘sospechosas’ ya que muchas veces los patrones o referentes culturales y políticos de las poblaciones rurales e inclusive periurbanas no coinciden con las tendencias de preferencia electoral de esas poblaciones urbanas”, remarca Torres.

El investigador en comunicación Erick Torrico, por su lado, apunta hacia el efecto de las encuestas. Aquí, de entrada destaca el rol de los medios de comunicación: con ayuda de estos datos, sea como fuere que hayan sido conseguidos, se genera un estado de percepción de la gente, una manera de mirar el mundo político y sus protagonistas.

“Una encuesta puede incidir en formar opinión a partir de la difusión que alcancen esos datos vía medio; en realidad son los medios los que pueden poner temas en la agenda pública (...) puede ello, como información, generar una percepción social, además de corrientes de opinión”, esto último mediante analistas o líderes de opinión, señala Torrico.

Ahora, una de las razones prácticas de las encuestas sin duda es permitir ir a “la caza de los indecisos”. Además de mostrar las tendencias del ganador, del segundo o del tercero en la preferencia electoral, una de las mayores utilidades del estudio es mostrar la población “No sabe / No responde”, esto es, los indecisos.

La encuesta “puede incidir especialmente de esta población que se clasifica como indecisa; es interesante ver que las propias organizaciones políticas hacen un seguimiento de estos datos, de los propios y los ajenos”. 

Con relación a los indecisos, el sociólogo Torres añade un matiz: Los propios resultados de la encuesta pueden querer apuntar a decidir por uno u otro lado a esos indecisos, aunque duda de este logro: “Los ‘indecisos’ posiblemente sean el grupo poblacional que la campaña se oriente para ‘captarlos’, aunque eso es relativo, como ocurrió en Argentina, ya que los procesos políticos en varios países han marcado una alta polarización, aunque esto no signifique necesariamente un empate; sino que las inclinaciones electorales están definidas y el margen de los indecisos es muy reducido”. Para Torrico, la representatividad de la muestra a la que se aplicará la encuesta, también debe cruzar características de género, edad, región, ocupación, ingreso.

En cuanto a la independencia de criterio de las encuestadoras, Torrico hace una analogía con los medios de comunicación: si bien éstos pueden tener determinada línea editorial (las encuestadoras pueden ser contratadas por tal o cual partido), a la hora de llevar adelante la encuesta y derivar sus resultados, cualquier empresa que se respete debe remitirse a elaborar información.

Torrico también llama la atención sobre el especial modo de encuesta que es la consulta en boca de urna, el día de las elecciones. En el pasado hubo muchos errores en esto, dice; recuerda cómo en la elección de 2002, una emisora local cerró su edición asegurando que el ganador era Manfred Reyes Villa, cuando el resultado final fue diferente; con todo, el comunicador no deja de destacar el aporte a la democracia de parte de los medios y las encuestadoras pues aunque se equivoquen dan una idea del resultado de la votación; aun con sus limitaciones, sirven para tener una idea ‘no-oficial’ de los resultados, a los que con mayor o menor fortuna se acerca o no el conteo oficial. 

“Porque antes de esto (de la encuesta en boca de urna), el margen de incertidumbre de la ciudadanía era muy grande; había mucha posibilidad de fraude; la presencia de medios ha reducido ese riesgo”, reconoce Torrico el papel del conteo no oficial.

Ya en el plano técnico, el estadístico Chirino critica que “de manera general el país se encuentra sumergido en un mercado donde la calidad de las encuestas es muy baja. El propio Instituto Nacional de Estadística no genera muchas veces reportes de sus encuestas respecto a la calidad de sus indicadores. Las mismas empresas privadas, públicas y la cooperación internacional, anteponen el precio a la calidad cuando solicitan algún servicio”.

Para realizar encuestas, primero se necesita generar una serie de investigaciones que permitan traducir la historia y los datos disponibles, en un diseño de encuesta, apunta el estadístico. Por ejemplo, ilustra Chirino, “para tener una encuesta de preferencias políticas óptima (respetable) y considerando el contexto nacional en temas de distancia, variación y otros, y si se desea representatividad departamental, es necesaria una muestra de al menos 3.000 individuos por departamento”; esto, cuando las encuestas que se hacen hoy están entre los 2.000 y 2.500 entrevistados en todo el país.

Desde las elecciones nacionales de 2002 y las subsiguientes en Bolivia, concluye el sociólogo Torres, se ha demostrado que las encuestas o los sondeos previos a los acontecimientos electorales carecen de credibilidad, ya que en la mayoría de los casos sus proyecciones electorales tuvieron una paupérrima capacidad de pronosticar la real tendencia electoral, el resultado oficial.

La no coincidencia entre el resultado de la encuesta y el oficial del Órgano Electoral, le hace un flaco valor a este emprendimiento: “La baja calidad es estos estudios crea una mala reputación para las encuestas y genera una baja credibilidad en la población y la opinión publica, algo similar sucedió en Beni y es posible que pase lo mismo en estas elecciones”, destaca Chirino.

‘Lo ideal: 2,5 a 3% de margen de error’: Franco Gamboa es sociólogo

La representatividad o el tamaño de la muestra es lo que hace la diferencia: 2,5 a 3% de margen de error es lo fiable. No sabemos cómo calculan la muestra. Nunca especifican la metodología empleada. Hay cuatro rasgos de la encuesta: diseño de boleta; cómo se la ha administrado; el cálculo de la muestra; y, los márgenes de error (según territorio, regiones, cultura política).

‘Margen de error, un factor de desconfianza’: Álvaro Chirinos, experto en Estadística

Definamos dos elementos, el “resultado real”, que solo se lo obtiene en el escrutinio oficial, y el “resultado estimado”, que es obra de una encuesta. El margen de error es la distancia entre estos dos valores y se pueden separar bajo las consideraciones del estudio. Ahí está la razón de la baja calidad de estos estudios al no poder controlar y cumplir con este principio estadístico.

‘La opinión pública es obra de las encuestas’: Erick Torrico, investigador en comunicación

La opinión pública es una ficción, dice el sociólogo francés Pierre Bourdieu, fabricada por quienes hacen encuestas; solo son tendencias sectoriales, que sirven para ubicarse pero no deben ser asumidas como lo cierto. En este ámbito, los comunicadores se arrogan el rol de (esa opinión), y de definir los temas, cuando ellos solo expresan el criterio de unos cuantos.

‘Difícil hacer muestras de algo tan heterogéneo’: Yuri Torres, sociólogo y comunicador social

Uno de los principales problemas del trabajo  de la encuesta, particularmente en Bolivia, es de tipo metodológico. En un país tan diverso y heterogéneo es muy difícil definir muestras que se acerquen a la realidad social. En la mayoría de los casos se hacen las encuestas en poblaciones urbanas que sociológicamente no reproduce al conjunto de la sociedad boliviana.

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