Animal Político

El símbolo y el intelectual

Boaventura de Sousa Santos estuvo la semana pasada en La Paz. Ofreció una serie de charlas con el público, los periodistas y los movimientos sociales. En esta entrevista repasa la trascendencia de Evo Morales.

Boaventura de Sousa en La Paz.

Boaventura de Sousa en La Paz. Victor Gutierrez.

La Razón / Rubén Atahuichi López

00:04 / 27 de octubre de 2013

El 14 de julio, en una carta pública que circuló en Animal Político, Boaventura de Sousa Santos expresaba sus disculpas, a nombre de muchos connacionales suyos, por el incidente que el presidente Evo Morales había sufrido 12 días antes en Austria, cuando, al influjo de Estados Unidos, la autoridad fue impedida de cruzar espacio aéreo de Portugal, Francia, España e Italia.

“El Gobierno de Portugal no pidió disculpas. Las pido yo, ciudadano común, avergonzado por pertenecer a un país y a un continente que es capaz de cometer esta afrenta y de hacerlo de modo impune, ya que ninguna instancia internacional se atreve a enfrentar a los autores y a los mandantes de este crimen internacional”, dijo entonces en el texto, reproducido a la vez en varios diarios del mundo, entre ellos Página/12 de Argentina o The Guardian del Reino Unido.

De vuelta a La Paz, luego de una semana intensa entre charlas y entrevistas, De Sousa Santos masculla los motivos de su bronca. “Era mi manera de mostrar mi indignación contra el modo en que los europeos, al servicio del imperialismo norteamericano, hicieron algo, a mi juicio, porque es Evo Morales; porque (en) un indígena nunca se confía”.

Superado con creces el impasse, con el antecedente de que el líder boliviano ya recibió las disculpas del caso, incluso se reunió con los presidentes de Francia, Francois Hollande, y del gobierno español, Mariano Rajoy, el sociólogo portugués se atreve a caracterizar la personalidad y la incidencia nacional e internacional del presidente Morales. “Hasta ahora, un solo indígena llegó a un alto cargo en un país, en un proceso histórico muy largo. Eso tiene un valor simbólico”, afirma con relación a la llegada al poder de Morales.

Nacido el 26 de octubre de 1959 en Isallavi, en municipio de Orinoca (Oruro), aquél fue elegido por primera vez el 18 de diciembre de 2005, con el 53,7% de los votos. Su elección es considerada un fenómeno político, por su condición indígena y en un momento complicado para los partidos tradicionales en el país. De Sousa Santos compara esa situación con la que experimentó también por primera vez un afrodescendiente en Estados Unidos, Barack Obama, cuando en 2008 venció en los comicios al republicano John McCain.

“Los símbolos valen por sí mismos, tienen un valor político propio. (...). La política está hecha de símbolos”, insiste el sociólogo.

Así, recuerda, por ejemplo, cómo, en una ceremonia ancestral en Tiwanaku, Morales fue investido el 21 de enero de 2006, un día antes de su posesión formal. “Que un indígena llegue a un cargo político alto, por vía democrática, es realmente un acontecimiento histórico”, comenta.

Oficialmente, si es que vale la acepción, De Sousa Santos nunca se reunió con la autoridad, con quien, sin embargo, dice haberse cruzado y haber conversado “en otro contexto”, en varios foros sociales, como el de Sao Paulo.

Modestamente muy cordial con Animal Político, si de algo puede jactarse el hombre es de su militancia con los movimientos sociales de América Latina y el mundo. Ha hecho muchos estudios y exposiciones al respecto. El martes 8  ofreció una conferencia magistral en la que planteó la necesidad permanente de imponer críticas sobre las relaciones de poder; a repasar no solamente la teoría, sino también las propias prácticas. La acción social —lo que llama “el campo social de la emancipación”— tiene que ser “una respuesta desde abajo y (eso) no es desobediencia civil”, desafió.

Otra vez en la charla que nos ocupa en esta edición, De Sousa Santos cuenta que quien sí lo recibió en su despacho de La Paz fue el vicepresidente Álvaro García Linera, durante tres horas. De esa reunión, no obstante, no guarda buenos conceptos, aunque —con esos matices— considera que el segundo hombre del país, elegido y ratificado en los mismos comicios que consagraron a Morales, “es uno de los grandes intelectuales marxistas del continente”.

Recuerda que en esa charla tuvo dos serias discrepancias con la autoridad, que marcan, paradójicamente, la política del gobierno de Morales: la calidad jurídica sobre los títulos de las tierras y el afán gubernamental de construir una carretera en el corazón del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).

Sobre el primer caso, cree, como los mismos liderazgos y filosofía de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob) que defiende el TIPNIS, que las tierras son ancestrales. Éstas “han sido víctimas de situaciones de servidumbre y de atropello, de migraciones, y, hoy, de conflictos y enfrentamientos entre mineros y cocaleros”.

“Me parece que no hubo sensibilidad cuando pudo haberla en relación a la propiedad ancestral, precolonial, que es la memoria, cultura, historia y lugar sagrado”, juzga. “Si despreciamos eso, estamos asumiendo una actitud colonial”, remata De Sousa Santos.

En el segundo punto hace un ejercicio interesante que, según cuenta, no comparte García Linera. Propone “una carretera que pase al lado del TIPNIS, más larga y más cara”.

Confía en que, a cambio de preservar la integridad del parque, la comunidad internacional puede contribuir con el costo adicional de la vía. “Podemos apelar a la solidaridad internacional diciendo que hay un costo extra por la carretera, para no dañar el TIPNIS”.

Decepcionado, rememora su desaire con el Vicepresidente del Estado. “No le convenció esta idea, le parecía que no era muy sensata. Y él tampoco me convenció de que tenía que haber esta fatalidad de carretera”.

Más allá de esas discrepancias, De Sousa Santos cree que el proceso que lideran Morales y García Linera tiene que seguir, como la presión de parte de los movimientos sociales. Considera que “hay una pulsión de seguir con este proceso”. Lo dice con autoridad. Boaventura es también, por sí solo y por su trascendencia mundial, el símbolo y el intelectual.

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