Animal Político

Para superar el presente y no volver al pasado

El proyecto del MAS ha demostrado basarse en un modelo de capitalismo de Estado fundado en la actividad primaria exportadora, mientras que el proyecto de largo plazo de la oposición conservadora es restablecer el neoliberalismo también bajo la actividad extractiva. El MSM propone una tercera opción.

La Razón / Edwin Herrera Salinas

00:01 / 09 de junio de 2013

El Movimiento Sin Miedo (MSM) hace análisis políticos y proyecta sus estrategias partidarias siempre de manera colectiva, con el aporte de sus hombres y mujeres en condición de conductores y militantes, que a su vez recogen otras miradas en todo el país. Así concebimos, debatimos y aprobamos nuestras Tesis Políticas, nuestros Lineamientos del Programa de Gobierno, nuestra Declaración Política y otros documentos y posicionamientos partidarios.

La definición de la línea política del Movimiento, para la larga coyuntura electoral, no es la excepción y se resume en trabajar con la comunidad para que superemos el presente y no volvamos al pasado, un doble reto que surge de una visión crítica y colectiva del pasado, presente y futuro de la patria, a partir de la relación Estado-economía y la relación Estado-sociedad, y que se hace imprescindible en la medida en que el objetivo principal es reconstituir la oportunidad histórica para una verdadera transformación democrática de Bolivia.

En la primera parte de este desafío, es decir, para el caso del Movimiento Al Socialismo (MAS), el MSM plantea derrotar a un proyecto populista y neocapitalista comandado por nuevas élites de filiación informal, que impulsa la expansión de un capitalismo de Estado extractivista, rentista y  neodesarrollista como mecanismo de acumulación y transferencia de capital para el empoderamiento de esas nuevas élites.

El MAS sufre de esquizofrenia respecto del modelo económico que  aplica en estos casi ocho años de gobierno. El MAS tiene su personalidad dividida entre el discurso de socialismo comunitario y la simple realidad de acumulación capitalista. Plantea el cambio del patrón de acumulación de uno privado transnacional por uno de carácter estatal, pero la matriz primaria extractivista es la misma, bajo la forma de capitalismo de Estado.

Su esquizofrenia le hace creer que está avanzando en la construcción del socialismo comunitario, pero en lugar de potenciar las formas comunitarias de acumulación como requisito esencial de su existencia, el MAS ejecuta un proyecto que, aprovechando el auge económico del país, está transfiriendo los excedentes a nuevas élites compuestas por sectores vinculados a actividades informales como los cocaleros, cooperativistas, contrabandistas, además de las nuevas clases medias que han surgido en los últimos tiempos de la mano del agigantamiento de la burocracia estatal.

El cambio en el bloque de poder, del burgués señorial a otro que aparenta ser indígena, tiene al menos tres elementos que caracterizan al proyecto político masista de manera plena: el Estado de derecho como tiranía (la aplicación permanente del autoritarismo de Estado), el desmoronamiento de la relación de confianza y de credibilidad entre el Gobierno y la sociedad con las cinco fracturas provocadas por el MAS (fracturas de carácter político, económico, plurinacional, institucional y ético), y un discurso excluyente que pretende implantar un régimen de verdad exclusiva y oficialista en el país.

Visto así el proyecto político y económico que encarna el MAS, el primer desafío es enorme, pero decidimos encararlo en la seguridad de que la mayoría de la comunidad decepcionada de la conducción gubernamental sigue aspirando a una transformación del país y de sus condiciones de vida, construyendo una nueva oportunidad de transformación democrática pero con una renovada visión y propuesta de  país, encabezado por un nuevo instrumento político.

El segundo reto no es menos importante. Se trata de impedir el retorno al pasado reciente, al modelo neoliberal ligado estrechamente a la nueva fase del capitalismo internacional, expresado en la mundialización del capital financiero y sus nuevos mecanismos de dominación.

Para ello, en el pasado reciente se modificó el patrón de acumulación que de estatal devino en privado y transnacional, se privatizó la economía, se hipotecó al país a través del endeudamiento externo y se redujo la democracia a los pactos partidocráticos. En sus fundamentos más esenciales, la visión de la actual oposición conservadora es de restauración neoliberal, pero con nuevas formas sociales y nuevos actores políticos.

Las fuerzas de oposición conservadora al parecer tienen como objetivo electoral de corto plazo sólo contrarrestar parcialmente la hegemonía del MAS en el ámbito nacional y preservar sus espacios regionales para recién, en el mediano plazo (2019), cristalizar su proyecto político-electoral y aplicar un proyecto de restauración que mantendrá la matriz primaria exportadora extractivista, mientras reorienta el modelo hacia la perspectiva neoliberal y a la sustitución del bloque social en el ejercicio del poder.

Por ello, el MSM le plantea al país el gran desafío nacional, desde el campo popular y desde la izquierda democrática, de reconstituir las condiciones objetivas y subjetivas de un verdadero programa de transformación democrático, derrotando, por un lado, al proyecto masista de capitalismo de Estado extractivista, rentista y neodesarrollista y, por el otro lado, al modelo de la oposición conservadora restauradora del capitalismo modernizante y privatista.

Este desafío histórico, para que superemos el presente y no volvamos al pasado, supone un esfuerzo de grandes dimensiones que tiene como punto de partida la frustración y la decepción que ha ocasionado el Gobierno autoritario, improvisado y corrupto del MAS, decepción hoy extendida en todo el país, pero que tiene que transformarse en voluntad y decisión de lucha y oposición. Especialmente con la convicción de que es posible hacer de la confrontación de 2014 el escenario para generar una nueva opción política capaz de derrotar al MAS con una visión y propuesta de transformación democrática y con la capacidad de lograr las mayores articulaciones políticas regionales, locales y sectoriales que generen una gran corriente nacional que lleve consigo la certeza de que es posible derrotar al masismo, que es posible tener un mejor gobierno y que, como sociedad, no tenemos por qué someternos al temor que genera el autoritarismo y despotismo gubernamentales, evitando al mismo tiempo que el fantasma de la restauración neoliberal retorne al país.

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