Animal Político

La tarde en que el Zorro dejó de ser tal y lloró

Ministerio de Defensa, poco más de las 13.25. Incertidumbre y bronca en la gente, desazón en el poder e íntimas lágrimas en el hombre más poderoso de aquel gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Sánchez Berzaín, ministro de Defensa, uno de los comandantes del sangriento Plan República activado el 11 de septiembre.

La Razón / Rubén D. Atahuichi López / La Paz

00:02 / 13 de octubre de 2013

Uno puede todavía imaginar ahora lo que pasó aquel 17 de octubre de 2003. El país indignado, La Paz y El Alto todavía con fuerte olor a sangre y pólvora, y quienes detentaban el poder, resignados a irse, no solamente del país, sino de la misma historia de la democracia real y añorada.

Ministerio de Defensa, poco más de las 13.25. Incertidumbre y bronca en la gente, desazón en el poder e íntimas lágrimas en el hombre más poderoso de aquel gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Sánchez Berzaín, ministro de Defensa, uno de los comandantes del sangriento Plan República activado el 11 de septiembre.

Sólo imagino, aunque me es imposible creerlo así. El Zorro, como la fauna política le llamaba entonces, deja de ser tal, desnuda sus debilidades y expone sus sentimien-tos. Cualquiera diría que “había tenido sentimientos”, pero es difícil verlo en esas circunstancias, derrotado en sus convicciones e impotente en sus actos.

La reunión había sido convocada para un fin supremo y feliz para el país (aunque la autoridad no se haya propuesto necesariamente de esa manera): anunciar la renuncia de Sánchez de Lozada. 

En el ambiente, lejos del Palacio de Gobierno, todos los jefes militares, entre ellos el comandante accidental de las Fuerzas Armadas, general Gonzalo Rocabado. Quizás sabiendo que alguien tendría que contar este episodio íntimo, el militar toma su libreta y anota cada detalle de la imprevista cita. “El ministro de Defensa solloza (llora)... maricón”, escribe, según la investigación que este lunes 14 de octubre presenta Informe La Razón, la revista de documentos e investigaciones del diario La Razón.¿Maricón? Maricón como maricón, seguro que no; maricón como cobarde, aparentemente sí.

Pero, ¿por qué llorar sino por los 58 muertos (ahora ya son 71) de esa sangrienta intervención militar contra las movilizaciones sociales que pedían la renuncia de Sánchez de Lozada? Simple: por el poder.

Uno se encariña, pues, con el poder. Fuente de vida de muchos, el poder es pues motivo para cualquier flujo lacrimal y lamento maquiavélico, y Sánchez Berzaín no estaba exento de eso, sabiéndose que también le esperaba un largo exilio, como confesó a la cúpula castrense encarcelada hoy.

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