Animal Político

Nueve tesis sobre el capitalismo y la comunidad universal

Si bien el fin es el mismo, el capitalismo contemporáneo ha adquirido características distintas, que ha subsumido variadas formas de producción, que, sin embargo, es posible confrontar con nuevos sistemas de movilización.

La Razón / Álvaro García Linera

00:02 / 23 de junio de 2013

Entre el 7 y 9 de junio, en Nueva York, se llevó a cabo el LEF Fórum, una reunión de agrupaciones de izquierda, sindicalistas y académicos de Estados Unidos para abordar las movilizaciones por la transformación económica y la defensa de la ecología. Noam Chomsky estuvo en el discurso inaugural y el Vicepresidente de Bolivia fue invitado a cerrar el evento.

Nuestra ponencia consideró las características del capitalismo mundial en el siglo XXI, las nuevas contradicciones de clase, la subordinación del metabolismo ambiental en manos del lucro empresarial, que, como la lucha contra estas relaciones de dominio, generan condiciones por un  socialismo universal.

Hicimos para Animal Político de La Razón un resumen de esta exposición a ser publicada próximamente en Estados Unidos.

Primera tesis. El capitalismo de fines del siglo XX como medida geopolítica planetaria absoluta.  Inicialmente, en el siglo XIX, el mercado capitalista se mundializó —tal como reflexionó Marx en 1850— gracias a la apertura de la ruta comercial California-China. En el siglo XX, después de la caída del muro de Berlín, el circuito de la economía financiera también adquirió una irradiación planetaria. Pero lo que es más importante, ya en el siglo XXI, la propia producción y el propio proceso de trabajo inmediato capitalista predominan en todos los países del globo, y el mismo mundo ha devenido en un gigante taller de trabajo planetario, donde se elaboran cada uno de los productos que consumimos. Esto significa que hoy ya no existen más mercancías made in Estados Unidos o made in China exclusivamente, sino made in world, “fabricadas en el mundo”.

Segunda tesis. La acumulación primitiva perpetua. Esta acelerada mundialización de la producción ha dado lugar a la subsunción formal externa de los procesos de trabajo agrarios comunales, no capitalistas o precapitalistas, bajo el mando de la acumulación capitalista que se ha reproducido de manera continua —como un tipo de acumulación primitiva perpetua—, empujando de forma explosiva a las naciones y clases indígenas de África, América Latina y Asia a ser forzosamente naciones, clases y saberes en el capitalismo, aunque no sean naciones, clases y saberes del capitalismo.

El indianismo político estatal en Bolivia, el indianismo resistente en México o en Brasil y las luchas campesinas e indígenas en otras partes del mundo son una visibilización activa de este pilar y contradicción de la nueva etapa del capitalismo.

Tercera tesis. La apropiación capitalista de una fuerza productiva comunitaria universal: el conocimiento. Simultáneamente a la subordinación de la sociedad planetaria al capital, estamos asistiendo a la subsunción real del conocimiento humano mundial, de las capacidades cognitivas o fuerzas intelectivas, a la propia producción del capital. La producción moderna se sostiene cada vez más en la ciencia aplicada al procesamiento de materias primas, pero además las propias ciencias, como la física, las matemáticas, la biotecnología, la ingeniería de sistemas, etc., son en sí mismas industrias de punta que generan incluso más valor agregado que la extracción de materias primas o los servicios.

Eso significa que el capitalismo se ha apoderado de una fuerza productiva ilimitada: el conocimiento humano, y al hacerlo ha hecho emerger dos contradicciones fundamentales. La primera, que al estar subsumiendo una capacidad humana de fundamento comunitario-universal —pues la ciencia ya no es el producto de genios individuales, sino cada vez más un producto colectivo-universal—, a la larga se está socavando la base de la apropiación privada capitalista que se hace de esta fuerza productiva comunitaria. Y la segunda, que se crea y se escinde a la clase obrera mundial: una vinculada más a las ciencias, al conocimiento y la tecnología en las metrópolis del mundo capitalista, y la otra ligada más al esfuerzo rutinario y a la asociatividad en las extremidades del cuerpo capitalista planetario.

Cuarta tesis. La subsunción real del sistema integral de la vida natural del planeta al capital. La subordinación técnica de la ciencia a la ganancia ha desatado una  subsunción formal y de manera creciente una subsunción real de los procesos metabólicos de la naturaleza a la acumulación capitalista. La biotecnología que modifica los códigos y la arquitectura de la vida a nivel micro, la devastación capitalista de los bosques y ríos, la desenfrenada explotación de los minerales, hidrocarburos, aguas subterráneas, están transformando irreversiblemente el sistema integral de la vida natural del planeta, poniendo en riesgo la existencia de la vida misma, de la naturaleza y del ser humano.

Esto da lugar a una paradoja histórica: la propia expansión ilimitada del capitalismo lo está convirtiendo en naturalmente imposible a futuro porque no existe naturaleza ni materias primas capaces de sostener la producción de todos los productos que hoy vemos en los escaparates para las personas de todo el mundo.

Quinta tesis. Fuerzas productivas que devienen en destructivas de la naturaleza y el ser humano. Dentro del modo de desarrollo capitalista las fuerzas productivas de la sociedad no sólo son cada vez más unilaterales y contradictorias —usando los conceptos de Lenin—, sino que también están deviniendo cada vez más en fuerzas destructivas de la propia humanidad.

Cuando hablamos de fuerzas productivas nos estamos refiriendo a: la tecnología o las fuerzas productivas objetivas, las fuerzas productivas intelectivas como la ciencia, las fuerzas productivas asociativas, las fuerzas productivas subjetivas (como la pasión, el deseo), las fuerzas productivas simbólicas (como el lenguaje, la festividad comunal) y, en general, a todas las acciones que dan lugar a la producción de nueva riqueza social.

En la actualidad, el capitalismo mundial está priorizando las fuerzas productivas técnicas y las intelectuales en detrimento de las asociativas, subjetivas y simbólicas; pero, además, de una manera contradictoria, es decir, priorizando fuerzas productivas técnicas que para generar ganancia (la única finalidad del capitalista) producen consecuencias destructivas del sistema metabólico de la naturaleza.

Sexta tesis. Nuevos ejes movilizadores de las clases en antagonismo revolucionario. La constitución de las luchas de las clases sociales, tanto del como en el capitalismo del siglo XXI ha de estar determinada por tres fuentes de antagonismos planetarios:

— La acumulación primitiva permanente, que en distintos lugares del mundo está dando lugar a la emergencia de luchas indígenas y agrarias que buscan resistir la expoliación capitalista de su organización tradicional de vida, colocando a sus naciones frente a la situación de que para preservar sus estructuras comunitarias tienen que luchar por un comunitarismo ampliado y universalizante, lo que las lleva a convertirse en una fuerza productiva de la comunidad universal, del socialismo y del comunismo.

— La subsunción técnica del metabolismo de la naturaleza a la acumulación capitalista y la inminencia de una catástrofe medioambiental, que convierten a las luchas por la defensa de la Madre Tierra —un bien común de todos los seres vivos— en luchas comunes a todos los seres humanos, es decir, en fuerza productiva del socialismo y del comunismo. 

Y la condición obrera, resultante de la subsunción mundial de la ciencia a la ganancia empresarial, que está dando lugar a clases obreras más fragmentadas regionalmente, más difusas socialmente, pero también más expandidas, lo que las convierte en la única fuerza productiva verdaderamente global capaz de cimentar con sus luchas un nuevo modo social de producción poscapitalista, que obligatoriamente tendrá que ser planetario, pues ésa es la base territorial del capitalismo que se busca superar.

De esta manera es posible advertir que los ejes movilizadores de las clases en antagonismo revolucionario tienden a estar vinculados a las temáticas de: el control y uso del excedente económico (salario, seguridad social, salud, educación), la defensa o ampliación de las necesidades vitales (agua, tierra), la preservación de los recursos comunes estatales y no estatales, la preservación de las identidades nacionales indígenas y la defensa de la Madre Tierra y de la ecología.

Séptima tesis. Nuevas formas de movilización de las clases sociales subalternas. Estamos asistiendo a una mutación de los sistemas de movilización clasistas de los sectores subalternos. La forma sindicato, anclada en el centro de trabajo, tiende a ser complementada o sustituida por otras dos formas de acción colectiva: la forma comunidad, en el caso de las sociedades con amplia base agraria comunitaria, y la forma multitud. La forma comunidad es el modo político en el que la propiedad común de la tierra y la cultura organizativa indígena se movilizan como autodeterminación. La forma multitud es una manera flexible de articulación de varias clases sociales en las que el núcleo dirigente no está establecido de antemano, sino es contingente y depende del curso de la propia movilización.

Octava tesis. La lucha por el poder del Estado como forma de emancipación. La emancipación de las clases subalternas de y en el capitalismo pasa necesariamente por la lucha por el poder del Estado. El Estado tiene como finalidad histórica monopolizar e imponer el sentido común de lo que es común a toda una sociedad, el sentido de lo universal que es propio de una comunidad existente. El Estado monopoliza la materia y la creencia de casi todo aquello que hace vivir a una sociedad como parte integrante de una comunidad territorial con un destino compartido. Y hasta hoy, la administración de esa materialidad y de ésa sobre el capitalismo ha estado dirigida u organizada desde el punto de vista y desde los intereses de las clases capitalistas.

Ante ello, y en tanto existan clases sociales, los movimientos sociales, clases obreras, naciones indígenas, intelectuales, activistas y sindicatos  no pueden renunciar ahora a la batalla de ser ellos los que conduzcan y articulen el sentido de lo universal, el sentido de comunidad política de un país.

Esa voluntad material de administrar y conducir lo común, lo universal de una sociedad, es la lucha por el poder del Estado que consiste, sobre todo, en un asunto de hegemonía en el sentido gramsciano, es decir, se trata de una construcción político-cultural y no de una simple ocupación del poder estatal de la clase capitalista.

Novena tesis. La comunidad universal: síntesis de potencialidades objetivas y voluntades intersubjetivas. Detrás del resquebrajado poderío de un capitalismo planetario triunfante está el poderío latente de un comunitarismo técnico, organizativo y moral de las naciones y clases subalternas, pero únicamente como potencia, tendencia y posibilidad material. Para que esa potencia devenga en insurgencia social se requiere un largo y sistemático activismo molecular con voluntad de poder, capaz de tejer voluntades crecientes y materialmente sustentadas de luchas por el poder, primero nacionales, luego continentales y finalmente planetarias, que gatillen el cúmulo de fuerzas comunitarias constreñidas y ahogadas por el capitalismo. Al final, la comunidad real será universal o no será nada.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia