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El ‘thakhi’, la carrera dirigencial versus la capacitación?

Los usos y costumbres ancestrales son revalorizados en el país; sin embargo, se observa que algunos de ellos relacionados con la democracia comunitaria entran en conflicto con la democracia representativa liberal, como algunos aspectos del ‘thakhi’ o camino dirigencial en las culturas andinas.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:05 / 07 de septiembre de 2014

Desde la nueva Constitución Política del Estado (CPE) cohabitan de manera a veces armónica y otras en tensión tres formas de democracia: la representativa de la tradición liberal, la comunitaria de las tradiciones de las culturas originarias del país y la participativa, con más o menos recientes experiencias separadas en el tiempo y la geografía.

Con el veto que hizo a sus afiliados la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) de ejercer el voto cruzado bajo el argumento de que el consenso es una de sus formas de democracia comunitaria, se hizo manifiesta una tensión con el voto individual y secreto que propugna la democracia representativa liberal.

A propósito de esto, se ven varios puntos de tirantez de la democracia comunitaria —específicamente del thakhi (camino) andino— con valores de la democracia representativa. Si bien los usos y costumbres ancestrales están al mismo nivel que cualquier otra norma y son protegidos como forma de preservación de las culturas originarias del país.

El thakhi es la “carrera” de autoridad indígena que deben hacer los miembros de las comunidades siguiendo una serie de pasos. No se llega a ser autoridad de la noche a la mañana, uno debe haber pasado por todos los pasos y cargos intermedios para desembocar en autoridad de una comunidad y después recién poder ser seleccionado como candidato a algún cargo nacional.

JÓVENES. Esta forma comienza a ser resistida por algunos jóvenes por sentir que los excluye al tener que hacer un largo camino de vida comunal orgánica para aspirar a un cargo, asimismo resulta excluyente para la mujer, lo cual choca con el espíritu liberal de la democracia representativa que habla de inclusión de los jóvenes y paridad y alternancia de género.

Así, se vio que el Movimiento Al Socialismo (MAS) tuvo dificultades, en el área rural, para cumplir el requisito de 50% de candidatas titulares.

Pero, ¿qué es el thakhi o camino? “Es la metáfora utilizada para referirse a un proceso de crecientes responsabilidades comunales en el que se combina el crecimiento y prestigio de cada familia en el ayllu con el ejercicio real del gobierno comunal”, explica el sociólogo Esteban Ticona en su ensayo “El thakhi entre los aymara y los quechua o la democracia en los gobiernos comunales” (2003).

Sobre la elección de algunos candidatos uninominales en el Movimiento Al Socialismo (MAS), Ticona dice que “en muchas circunscripciones (rurales y urbanas)” se ha realizado la elección de precandidatos “bajo el sistema del thakhi” o de turno comunal.  “Aquí no se utiliza el voto. Por lo tanto, el voto como obligación es contradictorio, aunque se ejerce otras formas de ejercicio político”, apunta sobre la tensión.

¿Cuáles son los pasos del thakhi? Ticona explica especificando que el esquema que describe es general y puede variar de lugar en lugar: primero el machaqa jaqi o «nueva persona», categoría que se logra al tener una pareja, se ingresa al “círculo mayor (tamankiri) del ayllu, con un aporte simbólico (regalo de alcohol)”.

Acá se ve una tensión con la categoría de “individuo” del liberalismo: el soltero no es considerado “nueva persona” sino hasta que se tenga una pareja mujer. Pero siguiendo, una vez dado el paso del matrimonio, empieza a recorrer tres caminos: “Jisk’a thakhi (camino corto), Taypi thakhi (camino medio) y Jach’a thakhi (camino grande). Los dos primeros permiten el ejercicio del gobierno comunal”, detalla.

“Los primeros cargos de autoridad consisten en ser machaqa p’iqi (...), que (...) tiene la función de encargado (...) de la chacra, del ganado, etc”.

Una vez “consolidada la familia, y en acuerdo con la esposa, el machaqa jaqi decide ser preste de la fiesta de la comunidad”. Lo deberá ser por tres veces, es decir tres años.A partir de ese momento el hombre ya puede “candidatear” al cargo de jilaqata o mallku del ayllu, sigue con el detalle el texto de Ticona. Junto a la mujer ahora son llamados “thakhini awki-tayka o señores en camino o nuevos señores”. Una vez elegido jilaqata o mallku (junto con la mama mallku) son la autoridad principal de la comunidad.

CARGOS. En los mecanismos de nombramiento Ticona distingue un avance creciente por tres niveles: 1. Cargos menores, pero que “exigen más trabajo (por ejemplo, secretario de actas o alcalde escolar); 2. Cargos más onerosos como ser jilaqata o pasante de fiesta que dan el máximo prestigio; y, 3. Otros cargos como “justicia, amawta o ‘asesor’ o apoderado de los títulos del ayllu, que suponen prestigio pero exigen poco trabajo y menor erogación económica”.

Casi todos pasan por los primeros cargos, una mayoría por los segundos, pero solamente los “más respetados llegan a los últimos”. Los jóvenes solteros “no suelen ocupar cargos importantes que requieran de experiencia. En esos casos, es el varón soltero, y no la mujer, “el que tiene más posibilidades de desempeñar esos cargos menores, aunque ambos tengan cierto grado de escolarización”, explica Ticona.

Algunos de estos puntos son cuestionados por los jóvenes y entran en conflicto con valores de la democracia representativa boliviana como la paridad y alternancia o la obligatoriedad de la participación de los jóvenes en los cargos.

Así el exalcalde de Curahuara de Carangas Rómulo Alcons protesta contra algunos aspectos del thakhi, si bien reconoce que tiene aspectos positivos. Durante su gestión encabezó al grupo de jóvenes que rechazaron convertir a Curahuara de municipio a autonomía indígena; en el referendo que se hizo al respecto ganó el “no” a dicha autonomía originaria; de haber ganado el “sí” se habría institucionalizado el thaki.

“El thakhi limita a mujeres y jóvenes y en realidad a todos los que no hemos llevado una vida orgánica en la comunidad. Viendo en el tiempo, no me arrepiento de haber votado contra la autonomía indígena”, dice.

Alcons señala que los usos y costumbres están bien, pero “son discriminadores”. Cuenta que se fue de su comunidad de niño y no pudo hacer una vida orgánica: “En el thakhi uno no puede tener posibilidades de sobrevivencia lejos de la tierra (del trabajo agrícola), entonces no puedes estar capacitándote en la ciudad, que es el único lugar en que se puede estudiar, y a la vez trabajar la tierra”.

Mientras los usos y costumbres no reconozcan el estudio en la ciudad como otro trabajo, los jóvenes y las mujeres “nunca van a poder seguir una carrera de autoridad” en sus comunidades, argumenta.

La carrera sindical es “abismalmente” diferente a la comunal, parangona. En la sindical “se elige al mejor preparado”, en la comunidad si has ido a capacitarte para mejorar tu preparación, directamente “no calificas” para ser autoridad: “no se elige al mejor, sino al que le toca, por eso no hay líderes visibles”, cuestiona en referencia al sistema de rotación.

Las mujeres también “son limitadas” por los usos y costumbres, afirma. “Por más que haya la noción de chacha-warmi (hombre y mujer como unidad) pocas mujeres se dan el lugar para desenvolverse como líderes. Esa unidad es más simbólica. Su lugar también va a depender de ellas”.

No obstante, la desventaja mayor que observa es que el thakhi hace que los comunarios no se preparen, ya que de todos modos “les va a tocar” un cargo. Además, si uno lo ha hecho bien, “no admite la reelección y si uno lo ha hecho bien debería permitirse la continuidad”.

Estas tensiones que observa dan pie a un debate ya viejo: ¿se debe occidentalizar los usos y costumbres de otras culturas por contradecir valores liberales de igualdad? La respuesta, desde la plurinacionalidad del marco constitucional, es no. Sin embargo, todo esto abre la pregunta a cómo cohabitar en la diversidad sin coartar la igualdad de oportunidades.

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