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El traje del nuevo sultán

Quizás la obsesión más grande del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogán, es la sátira, a la que ha prohibido. Sencillamente no la soporta, tal vez porque sabe que la sátira tiene una función cultural en la sociedad: provocar.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 09 de mayo de 2016

Recep Tayyip Erdogán, exalcalde de Estambul, es el presidente turco que más tiempo permaneció en el poder, 13 años, superando a Kemal Atatürk, el padre de la patria, a quien Erdogán quiere enterrar para siempre, junto con su herencia laica, más cuando se celebrarán 100 años de Turquía, intentando dar un giro histórico de refundación del imperio otomano.

El islam político se convirtió en el traje de este nuevo sultán y en corto tiempo el ferviente futbolista nacido en Kasaimpasa fue elegido gobernante en una meteórica carrera. Erdogán pudo lucir a su esposa con velo en un país islámico, como símbolo del orgullo musulmán, de la Turquía profunda. Eso era algo que las leyes dictadas por un “extremista secular” (Atatürk) lo prohibían. Levantó la prohibición del velo en las escuelas y universidades, y acabó con la tolerancia religiosa que por años caracterizó a Turquía. El autoritarismo se hizo parte de su gestión en su particular guerra contra el terrorismo del PTK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), recortes a la libertad de expresión, intromisión en asuntos privados como el alcohol y el aborto.

Este giro político conservador está fuertemente enraizado en tradiciones autoritarias de la mayoría islámica. Erdogán es inmensamente popular; si se convocara a elecciones mañana, volvería a ganar y con amplio margen. Su carta de presentación es la prosperidad económica: de tener una inflación del 32%, Turquía pasó a un crecimiento del 5,8%; milagro que amarró y reunificó a la mayoría de inmigrantes turcos en Europa, quienes ven en él un redentor.

MEDIOS. El conflicto con la prensa. En 2015, Turquía estuvo en el puesto 151 de 179 países registrados en Press Fredom (Prensa Libertad), Bolivia está en el 91. Press Fredom elabora un ranking anual con base en datos de Reporteros sin Fronteras. En Turquía, la represión hacia la visión crítica de periodistas hizo cerrar redacciones de periódicos; el Estado compró medios de comunicación y se extendió el monitoreo de medios por parte de las autoridades de telecomunicación. Turquía está en la lista negra de países donde apenas existe libertad de expresión.

ACUSADOS. Lista de casos recientes. 1. En enero, 1.128 académicos firmaron una declaración con el título “Nosotros no queremos ser parte de este crimen”, donde se describía la situación en Turquía del este y el conflicto entre las tropas de seguridad y el PTK. Inmediatamente, 19 académicos fueron arrestados por realizar propaganda a favor del terrorismo.

2. En febrero, el futbolista Hakan Sukur fue acusado de ofender a Erdogán en Twitter, por ello corre el riesgo de cuatro años de cárcel. Escapó a California, donde hoy vive.

3. El chofer turco Ali Dinç llevó a su mujer Gülcan ante los juzgados porque en muchas ocasiones ella insultó a Erdogán mientras el denunciante veía los discursos del Presidente. Gülcan pidió el divorcio, pero el juicio por insulto a la majestad del gobernante sigue adelante.

4. En marzo, el periódico Zaman fue puesto bajo control del Estado por publicar artículos críticos hacia Erdogán, incluso muchas de esas notas fueron borradas de la web.

4. En abril, Erdogán decidió extender su largo brazo al resto de Europa e inició un juicio al cómico alemán Jan Böhmermann, quien en un poema llamó al Mandatario turco “pedófilo con bolas marchitas, alguien que cometía felación con cien ovejas”. Erdogán no dubitó en enjuiciarlo.

La canciller alemana, Ángela Merkel, ofreció sus disculpas y dijo que el cómico podía ser llevado a estrados. Si no era complacido, Erdogán tenía la velada amenaza de tirar al traste el trato con la Unión Europea sobre la acogida de refugiados sirios. Para la opinión pública esto fue un arrodillamiento de Bruselas ante Turquía. Los cómicos hicieron un llamado para que 28 cuentachistes escriban poemas sobre Erdogán y él dijo que si eso ocurría, iba a enjuiciar a todos.

5. El sábado 23 de abril fue detenida la columnista Ebru Umar, por haber publicado en Twitter el siguiente mensaje: Fuck you NederTurken, fuck you Erdogán (Jódete Turquía, Jódete Erdogán). Luego de unas horas, fue liberada, aunque sabe que le espera un proceso judicial por haber insultado a la primera autoridad del país.

Al margen del proceso contra ella, hay amenazas. Su vivienda en Ámsterdam (Holanda) fue profanada y destrozada por desconocidos. Éstos dejaron escrito un mensaje en la pared de su casa: puta. Los amedrentamientos hicieron mella en Umar: “Lo lamento mucho, lamento ya no poder seguir siendo yo misma”.

La lista de afectados puede ser más larga, porque en estos momentos suman más de 2.000 los juicios contra personas que insultaron al Mandatario. El más notorio es el de un chico de 16 años, quien dijo en público que Erdogán es un ratero.

La libertad de opinión corre grave riesgo debido a la escalada de censura por la actitud paranoica del Estado, que no permite que se hable en público o se critique a la autoridad, sin el riesgo de ser encerrado.“¿Yo un dictador?”, se preguntaba a sí mismo. Esos sinvergüenzas que llaman a Recep Erdogán un dictador —habla de sí mismo en tercera persona—, nunca han visto un dictador. Gente que cada día insulta a Recep Erdogán anda libre. Un dictador los colgaría”, explicó el Jefe de Estado, él, que acabó con toda la oposición, compró casi todos los periódicos y los que no pudo, los clausuró.

SULTÁN. El largo brazo del sultán. La obsesión de Erdogán son las redes sociales. En 2014 bloqueó a Twitter, Facebook y YouTube durante 14 días. De esta manera eclipsa de las calles y de la mente de sus ciudadanos las denuncias de corrupción contra su hijo Bilal, involucrado en la desaparición de más de 40 millones de dólares. Erdogán llamó a todo esto un inmoral montaje.

En diciembre de 2015, los rusos mostraron cómo Bilal Erdogán comerciaba el petróleo con el Estado Islámico. Pero todas esas denuncias de corrupción fueron fuertemente opacadas por el Gobierno.

Quizás la obsesión más grande de Erdogán es la sátira, a la que ha prohibido. Sencillamente no la soporta, tal vez porque sabe que la sátira tiene una función cultural en la sociedad: provocar. Esta forma de hacer crítica siempre necesita de un provocador. Un público atrapado en fronteras culturales. Cuando se habla de la sátira, sus defensores intentan no mencionar la libertad de expresión porque saben que es uno de los principales derechos humanos: (pero) “no es un derecho absoluto”, dicen.

Quien se siente ofendido o lastimado en su dignidad puede resistirse e incluso atacar. El Estado pone límites al derecho de la libertad de opinión, en resguardo del derecho de los otros. Desde las viñetas sobre Mahoma, Charlie Hebdo, hasta el poema de Jan Böhmermann, se oye un solo lamento, la libertad de la palabra desaparece. Y en ese juego de lo prohibido, la risa se convierte en un arma subversiva.

Erdogán es hoy el hombre más poderoso que Turquía ha conocido. Acabó con la república de Atatürk, devolvió protagonismo al islam político y en lugar de mirar a Europa dirigió su vista a medio oriente y se erigió al mismo nivel que el padre de la patria con su soñado retorno al imperio otomano, haciéndose llamar El nuevo sultán. Desde ese pedestal se presenta intocable, con su figura de hipermasculinidad y no acepta que le digan “pene chico”. Es el arquetipo del poder, en el que se reconocen los turcos residentes en Europa. Es la frustración del multiculturalismo europeo, el que ve a los jóvenes con raíces turcas, nacidos en la democracia, en el lugar donde la libertad de opinión anida en más de 200 años de identidad, acurrucarse ante la figura autoritaria del líder turco. Esos jóvenes se convierten en los hechos en el brazo largo de Ankara.

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