Animal Político

Las trampas del poder

Falta crítica y autocrítica en el MAS, siendo eso lo que le está conduciendo a cometer error tras error. La ceguera del poder le hace ver que el problema estaría afuera, en el imperialismo, en la nueva correlación de clases, las redes sociales; cuando es incapaz de ver sus propios errores.

La Razón (Edición Impresa) / Atawallpa Oviedo Freire

00:55 / 02 de mayo de 2016

Para algunos, lo principal es saber si hubo tráfico de influencias en la CAMC, por lo que debería pasarse por alto el “culebrón”, porque es una cortina de humo o porque fomenta el morbo. Pero hay otros que creemos que es igual o más importante el caso alrededor de Gabriela Zapata, pues desnuda a la sociedad boliviana en sus múltiples complejidades, entre las cuales, una de las más alarmantes es el acentuado patriarcalismo. No es casual que Bolivia ocupe en América Latina el primer lugar en feminicidios o el segundo lugar en linchamientos.

Desde una visión patriarcalista se argumenta que la vida privada solo pertenece al ámbito particular de las personas; pero desde el feminismo se considera que lo privado también pertenece a lo público, y viceversa; por ende, también es un hecho político que requiere respuestas en el mismo sentido. No es un problema de los padres de familia o de los profesores, es un asunto sistémico, de un tipo de sistema social y cultural de pensamientos, creencias, valores, poderes.

En una sociedad patriarcalista, pecaminosa, juzgadora, moralista, a la persona que ha cometido un error se la culpabiliza, castiga, deshonra; pero en sociedades antipatriarcales o matriciales, se apoya, comprende, educa, rehabilita, pues se entiende que es un problema comunitario, que hay algo que no está funcionando en todo el grupo social para que se estén produciendo ciertas deformaciones.

En este sentido, qué más importante puede haber que reflexionar sobre los matices de la bolivianidad, como el blanqueamiento y el rechazo a su fenotipo, la irresponsabilidad de muchos hombres que van dejando hijos por todo lado, el arribismo para subir a como dé lugar, el maniqueísmo de los gobernantes. De otra parte, este caso es un claro ejemplo de los múltiples intrincados del poder: de las peleas para subir de status, para tener más poder de mando, para sacar más tajadas de la torta, para hundir más a sus enemigos.

Todavía no se sabe quién dice la verdad, pero todos los masistas ponen las manos en el fuego para exculpar a su gente, pero a ella ya le han quemado como bruja, en primera instancia por el solo hecho de ser mujer y después por ser coqueta, por lo cual se merece todo lo que le está pasando. Evidentemente, la oposición quiere pescar en río revuelto y no le interesa Gabriela Zapata como persona, sino solo lo que ella pueda ofrecer para acabar con el MAS. No quieren justicia y peor crear conciencia de honestidad, sino utilizar el caso para recuperar el poder que les fuera arrebatado; sin tomar en cuenta o valorar lo que entraña todo ello en la psiquis social. Después critican banalmente a las pandillas juveniles. ¿Cuál es el ejemplo o referente que tienen los jóvenes?

Es impresionante cómo han salido los funcionarios públicos a calificar o descalificar a Zapata. No les importa si es verdad o no, lo que les interesa es quedar bien con el poder. Entre ellos, sorprendió la actuación de Marianela Paco, quien asumió la representación personal de Morales, cuando ella es funcionaria estatal, y encima mujer. La diputada Susana Rivero decía que no se va a meter en “chismes de cocina”, una clara expresión machista y patriarcalista, que resulta increíble ser escuchada en boca de una mujer. Cómo es que gente de izquierda —y más que todo mujeres— se maneje con este tipo de actitudes y conceptos. Por ello, no han cuestionado frontalmente el ataque y el pretendido retorno a la Asamblea Departamental de Marín Sandoval. Si fueran coherentes, ya le hubieran expulsado hace mucho tiempo.

Todo lo cual deja observar la falta de crítica y de autocrítica dentro del Movimiento Al Socialilsmo (MAS), siendo eso lo que le está conduciendo a cometer error tras error y, por ende, a que se den resultados como el No. La ceguera del poder les hace ver que el problema estaría básicamente afuera, en el imperialismo, en la nueva correlación de clases, las redes sociales; cuando son incapaces de ver sus propios errores, pues sus pequeñas autocríticas son solo para justificarse, es decir, autoengañarse. Cuánta gente valiosa ha perdido el MAS en todo este proceso, todo por su incapacidad de aceptar la crítica; en esto, Álvaro García es un campeón. Por cierto, me he preguntado varias veces, si este proyecto hubiera sido diferente sin García o al final habría sido lo mismo.

Éste y otros casos nos permiten ver el asunto de fondo. El MAS y el progresismo en toda Latinoamérica creyeron que el problema de “la toma del poder” era simplemente ganar elecciones y montarse sobre el Estado liberal, para desde ahí hacer la revolución. No entendieron que lo estructural era recrear otro Estado y no simplemente integrar algunos nombres y conceptos indígenas al mismo Estado republicano. Al haberse tan solo incrustado en el mismo sistema burgués que antes criticaban, han terminado atrapados en las fauces del poder político y económico inmanentes al sistema capitalista. Pretendieron —burocrática y verticalmente— imponer su proyecto político, pero lo único que han conseguido es generar nuevas formas de dominación, como todo proyecto patriarcalista que viene desde arriba.

Y esto es lo que más llama la atención en gente que se dice de izquierda, que antes de llegar al poder era tan crítica con el absolutismo del poder, pero una vez que está ahí, también se ha envanecido con el poder, y por mantenerse en el mismo está dispuesta a ir contra sus luchas y principios, como el de la alternabilidad. Ese fue el error del estalinismo, del fidelismo y de todas las formas de culto a la personalidad (“qué va a ser de nosotros sin Evo”). Pero siguen sin entender y ahora quieren intentar una segunda repostulación.

Si algo debe aprender la izquierda de esta etapa del progresismo, es que siempre se debe mantener un contra-poder a través de los movimientos sociales y no cooptarlos para que se deformen juntos. Para ello, es importante estar siempre rotando, para no encasillarse en una misma posición y tener las mismas interpretaciones. Esto enseña el paradigma indígena, pero estos “plurinacionales” de boca para afuera creen que el cambio viene desde un mismo personaje y, lo peor, desde arriba. Por eso alaban a los Castro, a los Kim, a los chinos, por lo que posteriormente querrán posesionar a Eva Liz.

Mujica decía que el poder no cambia a las personas, sino que simplemente deja ver lo que son. Pero lo más grave es que en toda Latinoamérica no están solamente cayendo personas (Lula, Dilma, Maduro, Kirchner, Correa) sino, toda una propuesta al que estos personajes calificaron de izquierda, cuando solo han sido el lado izquierdo de la derecha nacional y transnacional. Ahora, la vieja derecha se apresta a regresar (Mauricio Macri), si es que el progresismo no permite el paso a otras visiones más integrales, que profundicen el suma qamaña /sumak kawsay y lo saquen del folclorismo y domesticación en que se encuentra actualmente.

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