Animal Político

‘Los tratados impuestos por guerras son revisables’

Manuel Garretón - Califica a Bolivia como la mejor nación en implementar el proceso de reconstrucción de la democracia. Realza la relación entre Estado-sociedad civil.

Manuel Garretón.

Manuel Garretón.

La Razón / Iván Paredes Tamayo

00:02 / 07 de octubre de 2012

Es experto en el estudio del proceso de transición de regímenes dictatoriales a la democracia en América Latina. En su entendido, Bolivia es el mejor país que implementó un modelo de reconstrucción de Estado-sociedad luego de la dictadura militar. Dentro de un análisis de la coyuntura en la región, Venezuela es la nación con riesgo de debilitar la democracia por identificar un proyecto con base en la presencia de un líder. En cambio, en Bolivia la democracia es sólida, dice.

Claro y contundente. Así es Manuel Garretón Merino, sociólogo y politólogo chileno, quien considera que el Tratado de Paz y Amistad 1904 —firmado para establecer límites entre Bolivia y Chile— es perfectamente revisable debido a que fue impuesto por una guerra. Pero el intelectual va más allá, califica de legítima la aspiración boliviana de retornar con soberanía al océano Pacífico.

Coincide con el gobierno de Evo Morales al afirmar que con Sebastián Piñera la demanda marítima no podrá ser resuelta. Sin embargo, aspira a que Michelle Bachelet, si vuelve a ser gobernante en Chile, el diferendo tendrá posibilidades de solución.  Además, tiene la certeza de que en Bolivia la democracia no está en riesgo, ya que es el país que mejor reconstruyó el modelo de relación Estado-sociedad civil.  

— ¿Cómo analiza el proceso democrático en América Latina?

— El caso boliviano presenta la particularidad de ser, al mismo tiempo, un proceso de transición democrática, de culminación de los regímenes de la dictadura, que en Bolivia existieron muchísimos; del término de esa era, junto con el enfrentamiento de otra problemática que es propia de América Latina y que fue especialmente aguda en países de los Andes, que es la reconstrucción de la relación entre Estado y sociedad, de la cual uno puede ver como tres grandes maneras de resolver: el país se reconstruye desde la política, que fue el caso uruguayo-chileno, por un lado, y venezolano, desde la política vinculada a una figura más personalizada. Después está el modelo que desde la sociedad se construye un nuevo Estado, que no tuvo éxito en ninguna nación, y, finalmente, el modelo que desde la sociedad se construye un país es el caso boliviano.

— Con los antecedentes, ¿cómo evalúa la democracia en Bolivia?

— El caso boliviano es que la sociedad se construye desde un principio, desde una comunidad que se transforma en un nosotros. Independiente de errores que se pueden haber cometido, hay que reconocer que es el país que llevó más adelante el modelo de refundación de la relación entre Estado y sociedad.

— ¿Por qué?

— Porque para reconstruir un nuevo Estado, en Bolivia participó la sociedad civil, algo que no se vio en gran medida en otros países.

— Los gobiernos de Evo Morales, Cristina Fernández, Hugo Chávez o Rafael Correa son denunciados por no respetar la democracia. ¿Es válida esa afirmación?

— Creo que es bueno distinguir los siguientes casos, y si uno quiere hacer una generalidad no diría que se está destruyendo la posibilidad democrática, pero en unos países hay más riesgos que en otros. Por ejemplo, en el caso de Venezuela uno ve que la misma Constitución, el proyecto bolivariano, se tendió a identificar demasiado con la persona del líder; entonces, en la medida en que se identifica a un líder tiende a saltarse las mediaciones, las instituciones; no digo que se haya saltado, sino que genera un riesgo porque importa más el líder y hay que eliminar al enemigo. Pero eso depende de que el gobernante sepa entender que el proyecto de sociedad se construye entre todos y no desde la unilateralidad.

— ¿Y en los otros casos?

— En el caso boliviano no veo que ese riesgo haya avanzado demasiado, tampoco en el caso argentino. No veo que hubo una transgresión. A mi juicio, esos riesgos se evitan fortaleciendo instituciones y entendiendo el papel de la oposición, ayudando a una buena oposición más que arrinconándola; entiendo que eso es difícil, pero es lo justo.

— ¿La perpetuidad en el poder es un riesgo para la democracia?

— La perpetuidad en el poder, en el entendido de un líder, me parece nefasta para la democracia. Creo que deben haber regulaciones en términos de una reelección de dos periodos consecutivos; me parece que basta sobre todo en países donde el poder es tan grande. Por ejemplo, en el caso de (Hugo) Chávez, que identificó el proyecto bolivariano con él mismo, creo que eso no es bueno, porque fuerza a una oposición negativa.    

— ¿La perpetuidad de una coalición política es buena para la democracia?

— Cuando se trata de coaliciones o alianzas políticas, creo que la perpetuación, habiendo elecciones libres y serias, no es un problema. Cada cierto tiempo hay elecciones y los candidatos presidenciales cambian y que una coalición se mantenga no afecta para nada a la democracia, no erosiona la democracia.

— ¿Qué aspectos pueden afectar a la democracia?

— La mala calidad de la política. Que cada vez se haga más distante de la gente, cada vez menos ideas y menos resoluciones de ideas para perpetuarse en el poder.

— Debido al diferendo marítimo que enfrentan Bolivia y Chile, ¿se puede considerar que ambas naciones atraviesan el peor momento en sus relaciones?

— Creo que estamos en un momento de retroceso desde el gran clima que se creó cuando Evo Morales y Michelle Bachelet asumieron sus gobiernos. En ese momento fuimos optimistas y se dijo que lo que en 100 años no se hizo lo iban a poder hacer un indígena y una mujer, y ésa era la gran esperanza; pero hoy estamos en un momento de retroceso…

— ¿A qué se debe este retroceso?

— Creo que hubo una apertura en su momento en el entendido de que el tema es perfectamente discutible, que incluso en la agenda debería estar la soberanía marítima. (Ricardo) Lagos y Bachelet crearon un clima distinto para el tema; una cosa es que el lenguaje que se usó en un momento hizo que Lagos se viera forzado a una posición más dura y la de Bachelet más abierta, pero creo que ambos tenían la predisposición de resolver el tema. Ahora se vuelve atrás porque estamos frente a un gobierno que tiene una posición distinta, que dice que no existen problemas con Bolivia, y ésa es la visión ideológica que tienen. Esta posición se ve favorecida, a veces, cuando el lenguaje que se utiliza le da pretexto al Gobierno chileno para fortalecer sus posiciones duras.

— Ante estos obstáculos, ¿qué se debería hacer para que el tema pueda ser resuelto?

— Para que vuelva a legitimarse las ideas centrales que son: los tratados, sobre todo cuando son impuestos por guerras, se pueden revisar…

— ¿El Tratado de 1904 es revisable?

— Claro.

— ¿Considera legítima la aspiración boliviana de recuperar un espacio marítimo con soberanía?

— Esto va a reforzar el concepto de legitimar las ideas centrales, que aparte de aceptar que los tratados son revisables, el tema marítimo es de interés multilateral, porque mientras Bolivia y Chile no resuelvan este tema no habrá una verdadera integración latinoamericana. Pero también hay que reconocer que Perú tiene mucho que ver en el tema. Y, tercero, lo que decía, que la demanda de soberanía es una demanda legítima que se puede discutir. Mientras no se vuelvan a reponer estos tres principios en la agenda, mi impresión es que no vamos a avanzar.

— ¿Cómo reponer esos principios?

— Hablar como lo hicieron Evo Morales y Michelle Bachelet. La tarea de hoy es volver a ese clima.

— ¿Con Sebastián Piñera cree que se pueda volver a ese clima?

— Estamos en presencia de un gobierno que no quiere ceder en nada y que dice que ésa es la posición de todos los chilenos…

— ¿Eso es cierto?

— No es así. Hoy, es posición mayoritaria de los chilenos desgraciadamente, pero hubo un momento en que no lo fue y que se aceptaba revisar el tema, y se volvió atrás porque entró un gobierno con posición dura, y, francamente, poner como virtud esa posición me parece realmente de una soberbia enorme.

— Si Bachelet vuelve al gobierno de Chile, ¿se podría reencauzar la solución del tema?

— Cualquier gobernante de la oposición será mejor que el de Sebastián Piñera. Hay que entender que Piñera es un gobernante que tiene la tendencia de hablar demasiado y de no cuidar el lenguaje; no mide bien su discurso político, como Hugo Chávez, quien también no mide su discurso. Pero creo que Bachelet sí puede resolver el tema, porque se puede dar vuelta el concepto en Chile de esta materia. Queda claro que desde la derecha no surgirán elementos para resolver esta temática.

Perfil

Nombre: Manuel Garretón Merino

Nació: 23-05-1943

Profesión: Sociólogo y politólogo chileno

Ocupación: Profesor universitario

Carrera

Formado en la Universidad Católica de Santiago y Doctorado en l’Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, París, Francia. Participó en el debate político-intelectual de América Latina en el periodo democrático y en los procesos socialistas de la región.

Los sectores sociales tienen demandas particulares

— ¿Que rol tienen los movimientos sociales en el Estado?

— Los movimientos sociales pueden tener un norte común, un tipo de sociedad, pero tienen visiones muy distintas, porque tienen identidades diferentes, porque es el momento de la diversidad; entre otras cosas, porque hay mucha gente que no está en los movimientos sociales, sociedad civil que no es lo mismo que movimientos sociales. Pero identificar movimientos sociales con lo político no va bien, porque surgen proyectos distintos. Si se identifica lo social y lo político con lo estatal, entonces tenemos que la diversidad desaparece porque el que gobierna es la expresión del uno.

— ¿Cómo se puede manejar un gobierno con demandas de diferentes movimientos sociales?

— Los movimientos sociales expresan demandas particulares, todas distintas. Eso se articula a través de lo político y en ese sentido los partidos son los que representan lo social o parte de lo social. Un momento es la unidad, que es el Estado, que expresa la existencia de diversas clases. Que los movimientos sociales lleguen al Gobierno está eliminando el momento partidario, porque los mismos movimientos son el Estado y pasan a ser lo mismo. Los movimientos sociales se expresan a través de los partidos políticos. 

— En Chile, Camila Vallejo representa un sector social, que son los estudiantes. ¿Cómo ve el papel de esta dirigente?

— Vallejo demostró sus enormes cualidades, pero acá no se ve la trayectoria de los dirigentes de los movimientos sociales en la política, lo que preocupa es que esa trayectoria no asegura la vinculación entre partidos y movimientos. Hay que tener partidos y coaliciones que resuelvan su situación con los sectores, algo que es contrario con Camila Vallejo, pero en Chile hay muchos casos. 

— En un Estado Plurinacional, ¿cómo se construye consensos?

— Hay que reconocer que se está en un proceso largo de reconstrucción entre Estado y sociedad, entonces, no hay que identificar esa idea de refundar el Estado con un liderazgo, eso significa ver a opositores para construir un nuevo Estado, que implica desde las oposiciones reconocer que se está en un proyecto común presentando también programas que puedan ayudar. No pueden haber liderazgos con base en un programa y la oposición debe reconocer que por ser un gobierno mayoritario no significa que sea autoritario.  

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia