Animal Político

El uso del pajarillo en los vaivenes de la política - Mauricio Quiroz

La Razón / La Paz

00:00 / 12 de agosto de 2012

En castellano correcto se puede decir que tuitear es pajarear, aunque este último término esté asociado a otras prácticas más vinculadas al ocio que la vocación de informar, decir cosas, opinar; en suma, expresarse en la libertad que concede de la red. 

El buen uso del pajarillo y, claro está, del castellano puede mejorar la influencia de nuestras opiniones. El poder del pajarillo puede anular o encumbrar al personaje que sepa usarlo bien. Algunos, que ya no pajarean como antes, prefieren decir lo suyo en la línea unidireccional de escribir libros. Otros que no conocieron al pajarillo azul redactaron sus memorias que la sociedad prefiere olvidar. La mayoría usa el arma, pues, simplemente para pajarear. 

Pero, ultimamente, este pajarillo —tan metido en las nuevas formas de comunicarnos— ha caído en manos poco reflexivas con denuncias desmentidas, que sólo han lastimado. El arma es disparada sin responsabilidad, sólo para despertar sensaciones, reacciones, y se alejó del debate, un escenario cada vez más ajeno a los políticos, aquéllos que se reclaman plurinacionales y los otros que aman la retórica de la república.

Este animalito (pues no el Animal Político) puede servir para promover liderazgos, gestionar imagen pública. ¿Y la responsabilidad? Nunca depende del pajarillo, sino de quien lo maneja; aquél que presiona el gatillo, conocido en estas lides como ‘enter’.  Los periodistas, en algún momento llamados ‘pollitos de granja’, se han adaptado bien a la rutina del tuiteo/picoteo de 140 caracteres. Las primicias se leen con el pajarillo.

De hecho, el ave es capaz de movilizar a los comunicadores con mensajes de solidaridad, debate e información. Y como pasa en todas las sociedades, hay a muchos a quienes que no les gusta este pajarillo, asociado a la libertad. De hecho, en la red hay gente que suele usar al animanillo para molestar a los pollitos picoteadores. Lo hacen desde el anonimato.

Pero, donde mejor ha funcionado esta forma de comunicación, a juicio de este picoteador, ha sido en la promoción de los derechos humanos. Circula, por ejemplo, información valiosa sobre la promoción de los derechos de las mujeres, tan lastimadas en otros escenarios políticos. Los taquipayanacus del Carnaval provocaron debates sobre la búsqueda permanente de la equidad de género. 

En fin, simplemente se trata de usar bien al pajarillo para evitar conflictos, para debatir en libertad.

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