Animal Político

Que se vaya sabiendo...

No fue sorprendente  que los dos principales dirigentes de la Asociación de Periodistas de La Paz tengan una llamativa animadversión con La Razón, a pesar del momento delicado que pasa el diario y los periodistas en general. Que se vaya sabiendo...

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

00:03 / 18 de mayo de 2014

Se tomo el título que Rafael Archondo puso en un mensaje de su muro de Facebook para referirse a los objetivos que se planteó el nuevo directorio de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), cuyos líderes son ahora Lupe Cajías y Raúl Peñaranda. Que se vaya sabiendo…

Miércoles 7 de mayo. Dos periodistas de La Razón, Ricardo Aguilar (redactor del suplemento Animal Político) y Claudia Benavente (directora), son notificados por el fiscal Facundo Coronel Choque para una audiencia en calidad de sindicados, respectivamente acusados de delitos de “espionaje”, “revelación de secretos” y “complicidad” con relación a un reportaje del 13 de abril que abordó cuestiones de la demanda marítima boliviana.

Jueves 8 de mayo. Se notifica a La Razón que el juez Jhonny Machicado Apaza emitió el 29 de abril dos autos judiciales respecto a la demanda interpuesta por el procurador general del Estado, Héctor Arce: declara la causa en reserva y, lo peor, dicta que Aguilar revele en tres días su fuente, en contraposición al artículo 8 de la Ley de Imprenta y el artículo 130 de la Constitución Política del Estado.

Mientras en la redacción del periódico hay indignación y preocupación por cómo terminará la audiencia judicial del día siguiente, a la que fueron convocados los dos periodistas acusados, en el set de televisión de No mentirás (red PAT) Cajías sorprende; duda y sospecha sobre un caso muy serio como para las elucubraciones: “Mi primera reacción es de duda, hasta de sospecha. ¿Por qué lanza el Gobierno este tipo de noticias? ¿Cuándo las lanza? ¿A quién beneficia? ¿Para qué las lanza? (…). Para mí, estas noticias siempre me parecen cortinas de humo no sé con qué motivos. Le transmito mis dudas porque no tengo respuestas ni certezas”, dice.

Que se vaya sabiendo, “cortinas de humo” el asunto que concierne a todo el gremio, y a la sociedad. En su discurso de posesión, unas horas después de desahuciar y relativizar la demanda contra el periódico, la historiadora se refiere a la situación polarizada del gremio. Habla de que su directorio está conformado por gente de distinto pensamiento, “con distintos matices, en algunos casos hasta enfrentados” (no me consta si habrá sido así con el caso de La Razón), y sobre que “en ningún caso la APLP puede ser utilizada políticamente”.

Sin vueltas al asunto, los dichos de Cajías la traicionan. Horas antes había vinculado al matutino con ciertos intereses gubernamentales en vez de avenirse, como periodista, a muchas organizaciones y personalidades que, sin matices, cuestionaron la intención judicial de levantar el secreto de imprenta. “Es un periódico que lo que ha hecho es aprovechar la información, que seguramente puede acceder, porque tiene esta relación cercana con fuentes oficiales”, especula en PAT.

Claro, aquí tiene una preocupante e insolente certeza. Si es así, Aguilar habría conseguido información en on, de fuente abierta, sin recurrir a una fuente que le habló en off, recurso lícito en el ejercicio periodístico.

Que se vaya sabiendo. Los prejuicios de la presidenta de la APLP sobre La Razón y sus periodistas, por quienes en adelante seguramente hablará sin necesariamente representarlos, son evidentes. 

Viernes 9 de mayo. Aguilar y Benavente se preparan para la audiencia en coincidencia con un almuerzo por el Día del Periodista en el diario del que salen aplaudidos, a sabiendas de un artículo publicado en Página Siete por Peñaranda, el otrora director de este medio y en las siguientes horas del día vicepresidente de la APLP.

Esa noche, asumen sus funciones en el directorio, Cajías, Peñaranda, Archondo, éste como fiscal general, y otros colegas. Como anticipo a la dirección que tomará parte de la APLP en asuntos relacionados a sus representados, Peñaranda, con un dejo de fijación evidente con La Razón, escribe con este sugestivo título: Juicio a La Razón, ¿genuino o tramoya?

Que se vaya sabiendo. Accionista de Página Siete, la primera preocupación del periodista es la publicidad que La Razón todavía recibe “a raudales” a pesar de la querella, más allá del nefasto precedente que la Justicia pretende en contra del oficio. No está convencido, al igual que Cajías, de la realidad del juicio. “Si La Razón, nada menos, comete ‘espionaje’  y ‘revela secretos’ a un tercer país, entonces está en una situación aún más delicada de la que supuestamente está Página Siete (que tiene prohibida la publicidad gubernamental) y, por tanto, debería suspendérsele toda la publicidad estatal también a ese diario”, reclama en alusión a una declaración de la ministra de Comunicación, Amanda Dávila, que, según cita, dijo que un medio no puede recibir publicidad estatal si es que no trabaja de acuerdo con los intereses nacionales.

“Por eso, la estrategia oficialista de iniciar un proceso legal tan serio contra un periódico que pertenece a su órbita, es también muy riesgosa: o le quitan la publicidad y el juicio sigue o se demuestra que la acusación es parte de una tramoya”, dice en su columna.

Que se vaya sabiendo. La publicidad antes que un valor supremo del ejercicio periodístico: la inviolabilidad del secreto de imprenta.

Jueves 15 de mayo. Otra vez el Juicio a La Razón, ¿genuino o tramoya?  de Peñaranda, esta vez en El Deber. La publicación del artículo en otro diario coincide con la carta que Cajías y Circe Araníbar, secretaria de Libertad de Expresión de la APLP, hacen llegar a la Directora de La Razón. Adjuntan en ella el pronunciamiento de la APLP con las mismas firmas. El texto reivindica el artículo 8 de la Ley de Imprenta, de la inviolabilidad del secreto de imprenta, y señala que la organización se reserva el derecho de hacer seguimiento y tomar las acciones que correspondan al caso. Que se vaya sabiendo.

Cajías y Peñaranda son los dirigentes que hablarán ahora por los periodistas de La Paz, y de La Razón. ¿Se podría decir lo mismo que dijeron respecto de su actitud? ¿Son cortinas de humo y tramoya lo que acaban de emitir ante la opinión pública? No  tengo respuestas ni certezas.

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