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El verbo extorsionar y sus distintas implicaciones

En los últimos días, cierta red de corrupción otrora (quizás ahora también) afincada en varias oficinas del Estado, más que todo en los ministerios de la Presidencia y de Gobierno, el Ministerio Público y el Órgano Judicial, obligó a los medios de información a conjugar el verbo extorsionar.

La Razón / Rubén D. Atahuichi López

00:00 / 09 de diciembre de 2012

En los últimos días, cierta red de corrupción otrora (quizás ahora también) afincada en varias oficinas del Estado, más que todo en los ministerios de la Presidencia y de Gobierno, el Ministerio Público y el Órgano Judicial, obligó a los medios de información a conjugar el verbo extorsionar.

Para comenzar, la Real Academia Española de la Lengua considera la palabra como el acto de “usurpar, arrebatar algo a alguien utilizando la amenaza respaldada por la violencia”. O un segundo concepto: “Causar trastorno, daño o perjuicio”.

Cualquiera de las acepciones es bien vinculante a las acciones de la banda presuntamente liderada por exabogados y exasesores de los ministerios de marras. O arrebataron algo a alguien, con las atenuantes de amenaza y violencia, o causaron daño o perjuicio al Estado o una persona en particular. Quizás comenzó por alguno de ellos, quien se habrá sorprendido por la sindicación tenebrosa:

— ¿Yo?

— Sí, tú. No, él, o ella...

Cada quien habrá comenzado a eludir su vinculación con la mafia cuyas noticias ocupan hoy los espacios de privilegio de los medios de información. Envueltos casi todos los que se supone en el lío del que no les salvará nadie, han debido reaccionar en masa, y quizás en coro, como en las manifestaciones preelectorales:

— ¿Nosotros?

Claro, todos. Uno a uno han debido mirarse las caras y azorados han debido buscar zafarse del tremendo zafarrancho en el que se habían metido. Alguien divino o terrenal habrá intervenido para juzgarlos sin clemencia ni perdón.

— Sois vosotros, en quienes confié sublime servicio público. Otra vez azorados, uno a uno, a lo de Poncio Pilatos, habrán pensado en librarse a toda costa, incluso en desmedro del prójimo:

— Son ellos o ellas, que han estado medio sospechosos estos días; camisita nueva, guardaespaldas, amigos del asesor juez o fiscal, lentes oscuros, auto de lujo y casa inalcanzable para nuestro salario desde que el Evo ha decidido bajarse el suyo para jodernos...

Ahora, jodidos como no lo sospecharon, se miran uno a uno, y en silencio mascullan el verbo: yo extorsiono, tú extorsionas, él/ella extorsiona, nosotros/as extorsionamos, vosotros/as extorsionáis y ellos/ellas extorsionan. O sea, todos.

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