Animal Político

La verdad sobre el Tratado de 1904

Un análisis histórico documentado sobre la coerción de Chile a Bolivia

La Razón / Juan Lanchipa Ponce / La Paz

00:01 / 15 de abril de 2012

El 8 de abril, en este mismo espacio de prensa, el historiador chileno Cristian Garay publicó el artículo “Despejando mitos en torno al Tratado de 1904”, en el que el autor muestra una vil actitud mentirosa y desleal con la historia y tiende a generar responsabilidades en los bolivianos y excluir de ella a la oligarquía chilena, quienes elaboraron el documento del injusto Tratado de 1904. Nadie puede imaginarse, conscientemente, que un país atente en su contra y provoque su desgracia. En ese sentido, presento las aclaraciones pertinentes de los discutibles argumentos presentados por dicho autor:

Un mito es una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico a los que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen. Los mitos tienen como función primordial convertir el “había una vez” en verdades históricas y colocar una aureola sacrosanta alrededor de la “historia oficial” para buscar, en último término, encubrir vergüenzas históricas y legitimar situaciones presentes. 

Tal definición es llanamente aplicable a gran parte de la historiografía chilena (salvando notables excepciones), pero en especial al artículo de Garay por el cual intenta reforzar el “mito del consentimiento boliviano al Tratado de 1904”, ficción replicable bajo la siguiente evidencia:

a) 20 años de manipulación, traición y asfixia comercial: Los portavoces del Gobierno chileno reiteran hasta el cansancio que el Tratado de 1904 fue suscrito 20 años luego del cese de las hostilidades, pero evitan hablar de lo que sucedió en este ínterin: 1) Al firmarse el Pacto de Tregua de 1884 entre Bolivia y Chile, nuestros diplomáticos Belisario Boeto y Belisario Salinas dejaron constancia de que “Bolivia no puede resignarse a la carencia absoluta de un punto de comunicación con el Pacífico sin riesgo de condenarse a una perpetua clausura y a una existencia penosa, aún en medio de sus grandes elementos de riqueza. Cree que ésta última perspectiva no consultaría el interés de Chile, que dejaría así sembrados para el porvenir elementos de perturbación y de dislocación política continental”. 2) La voluntad insoslayable que llevó a que Chile buscará otorgar a Bolivia una salida soberana al mar desde 1892 a 1898, a través de la cesión de Tacna y Arica a Bolivia por el Tratado de Transferencia de Territorio de 1895, acuerdo que se dilató manipulando las expectativas del país, para finalmente abandonarlo unilateralmente luego de que se distendiera el clima bélico que reinaba entre Chile y Argentina en este mismo periodo y que concluyó en 1899, momento donde descaradamente Chile archivó estos acuerdos. 3) Apaciguados sus problemas con Argentina en 1900, el Gobierno de Chile concibió dar una “solución final” al reclamo de Bolivia a través de dos frentes: desmembrar a Bolivia engulléndola en un festín geófago con los vecinos, y si ello fallaba, intimidarla militar y económicamente a claudicar sus derechos en contubernio con las oligarquías de Bolivia de dicho periodo.

Para lo primero, Chile acreditó en el Perú al embajador Ángel Custodio Vicuña, quien, en enero de 1900, se reunió con exautoridades peruanas para “proponer al Perú la división de Bolivia en tres zonas que se repartirían entre Chile, Perú y Brasil, excluyéndose a la Argentina de toda participación” (Eyzaguirre, Jaime. Chile durante el gobierno Errázuriz Echaurren. Pág. 176).

La divulgación de este plan llegó a los oídos del presidente peruano López de Romaña, quien el 26 de mayo de 1901 emitió una circular diplomática a todos los gobiernos extranjeros denunciando este plan (Archivo MRE Perú), acto que afortunadamente detuvo oportunamente estas nefastas gestiones. Frustrado el plan, ingresó en escena el embajador chileno en Bolivia, Abraham König, quien de manera explícita dio un ultimátum al Gobierno boliviano para acelerar un tratado de “paz”, mediante la nota diplomática de fecha 13 de agosto de 1900, en la que como portavoz del Gobierno de Chile señaló que de insistir en su salida al mar “Bolivia se presentaría en actitud hostil y no tranquila y pacífica, por el hecho sólo de sustentar tan temeraria pretensión”. Explicando luego lo que ocurriría si Bolivia tuviera puerto nuevamente, señalaba: “En tiempo de guerra las fuerzas de Chile se apoderarían del único puerto boliviano con la misma facilidad con que ocuparon todos los puertos del Litoral de Bolivia en 1879. Esto no es un vano orgullo porque sabido es de todos los que conocen los recursos de mi país, que su poder ofensivo se ha centuplicado en los últimos 20 años”. Amenaza por la que el informe al Congreso de Bolivia, emitido por la Comisión Mixta de Negocios Extranjeros de Bolivia en 1904, expresó: “El rechazo del tratado importaría declaratoria de guerra por parte de Bolivia: la insensatez del suicidio: la entrega de todo el territorio nacional a Chile (…) rechazada la paz por Bolivia, Chile desahuciaría el pacto de tregua obteniendo inmediatamente la neutralidad de todas las naciones que nos rodean, (…) cuyo resultado sería la ocupación militar que Chile hiciera, con toda facilidad, de nuestras plazas principales: Oruro, La Paz, Cochabamba”.

Se debe sumar a esta amenaza latente el hecho de que Bolivia estaba exhausta al haber soportado por 20 años el yugo impuesto por Chile en el Pacto de Tregua, por el cual Chile inundó el mercado boliviano con sus productos y se apoderó de parte de sus rentas aduaneras. Todo lo que en suma precipitó la suscripción del Tratado de 1904.

b) La oficiosa visita del embajador Aramayo a Santiago: Garay señala que en abril de 1902 fue el ministro plenipotenciario de Bolivia en Londres, Félix Avelino Aramayo, quien presentó las bases a Chile para llegar a un acuerdo de paz, por la que Bolivia estaba “dispuesta a abandonar toda pretensión de un puerto en el Pacífico a cambio de concesiones comerciales”. Si bien es cierto que dicha reunión ocurrió, lo que desconoce el historiador chileno es que la cita nunca fue autorizada por el Gobierno de Bolivia, tal como queda comprobado en la Nota de 3 de mayo de 1902 dirigida por el canciller de Bolivia, Eliodoro Villazón, al encargado de Negocios de Chile en Bolivia, Julio Valdez, en la que refiriéndose a estas conferencias se dice: “que espontáneamente celebró el señor Aramayo”, se hace constar que “no tenía ningún carácter oficial y que el mismo no revestía comisión para este efecto, siendo por consecuencia su intervención oficiosa y debida al hecho causal de su tránsito por la capital de Chile” (Archivo MRE Bolivia 1902 a 1904).

c) Las negociaciones secretas se realizaron en La Paz, pero el Tratado fue concebido y firmado en Santiago: Se señala que las “negociaciones, que duraron más de año y medio, se llevaron a cabo casi exclusivamente en la ciudad de La Paz”; pero de ser cierto, ¿qué prueba aquéllo?, ¿otorgaba esto algún poder sobrenatural a los negociadores bolivianos para resistir un tratado que había sido concebido y redactado en Santiago de Chile? (Emilio Bello Codesido, Anotaciones para la historia de las negociaciones diplomáticas con el Perú y Bolivia 1900–1904. Chile. 1919. p. 194.)

Como lo reconoce el historiador chileno Cástulo Martínez en su artículo “Razones por las cuales Chile debería ceder un puerto soberano a Bolivia”, publicado en el periódico Hora 25 en La Paz, en su edición febrero-marzo de 2012, el Tratado de Paz de 1904 fue indudablemente redactado en la Cancillería chilena. Para demostrar esta afirmación cita a Francisco Antonio Encina, autor del libro Las relaciones entre Chile y Bolivia, 1841-1963 (Chile, 1963. p. 253), en el que señala lo siguiente: “Al hacerse cargo de la Cancillería (Emilio) Bello Codesido, encontró cuatro borradores de tratados: uno de Paz, Amistad y Comercio; otro de Construcción de Ferrocarril; un tercero de Liquidación de Créditos; y un cuarto de Intercambio Comercial, que su antecesor no había alcanzado a firmar por desacuerdo de detalles. Salvadas las pequeñas divergencias, los refundió en un solo tratado, que firmó como ministro dimisionario el 20 de octubre de 1904”.

d) El nexo entre las oligarquías bolivianas y chilenas: Garay afirma que las autoridades de Bolivia consideraban que conectar Bolivia por medio de ferrocarriles y el libre tránsito era más importante que obtener un puerto en el Pacífico. Sin embargo, debe aclararse que sólo fueron ciertos políticos bolivianos los que por intereses económicos facilitaron este nefasto acuerdo en complicidad con capitales extranjeros, priorizando un ferrocarril sobre el Litoral boliviano.

Entre las pocas autoridades que promocionaron el Tratado de 1904 podemos nombrar al aludido “barón del estaño” Félix Avelino Aramayo, quien tenía intereses directos en la construcción de ferrocarriles para unir sus minas con las costas del pacífico.

e) Tacna y Arica, la puerta al mar: La afirmación de que Bolivia tenía interés en llegar a un arreglo con Chile antes de que éste lo hiciera con el Perú respecto a las provincias de Tacna y Arica, sólo confirma la tesis de que Bolivia tenía derechos latentes sobre esas provincias que Chile le reconoció. Cabe recordar que el compromiso boliviano de colaborar con Chile en la adquisición de esas provincias (acta secreta del Tratado de 1904) tenía como objetivo final que ambas negociaran sobre ellas a posterioridad.

f) ¿Quién premió a los gestores del Tratado de 1904?: Garay señala que los artífices bolivianos del Tratado de 1904 fueron premiados por el pueblo al ser elegidos para ocupar la máxima magistratura del país. La pregunta de rigor es ¿quiénes eligieron a Villazón y Montes para la Presidencia de Bolivia? Al respecto, esta ingenua y trillada afirmación desconoce que en las elecciones de 1909 y 1913, en Bolivia, regía el voto calificado, esto significaba que para votar y ser elegible se requería ser hombre, alfabetizado, tener propiedad privada y gozar de rentas superiores a los 1.000 pesos; democracia discriminadora en la que las grandes mayorías del país estaban ausentes. Para graficar aquello, sólo 37.845 ciudadanos eligieron a Villazón, es decir el 2% de los casi 1,8 millones de habitantes que tenía Bolivia. Al margen de lo anterior, debe recordarse que en 1910, el canciller boliviano Sánchez Bustamante, por instrucciones del presidente Villazón, promovió reclamos ante Chile y Perú por una salida soberana al mar para Bolivia mediante el memorándum de 22 de abril de 1910. En la elección de Montes, se aplicó la misma exclusión electoral agravada por el hecho que participaba sólo un partido político.

Conclusión: Por los hechos reseñados y que cuentan con sustento documental primario, se establece que el Tratado de 1904 fue impuesto a Bolivia luego de 20 años de manipulación, traición y asfixia comercial, y que fue promovido por la oligarquía chilena en complicidad con ciertos políticos bolivianos que buscaron sus intereses por sobre los de nuestro país.

El Tratado de 1904 debe ser visto como lo que es: una “negociación” impuesta en contubernio con grupos oligárquicos de principios del siglo XX, y como lo expresara Eduardo Diez de Medina, excanciller boliviano: “En esta forma nació el pacto de 1904, viciado en su origen porque no respondió a un espíritu de justicia ni consultó los derechos de la nación. Fue realmente suscrito 20 años después de la guerra, esto mismo demuestra que el vencedor se obstinó en imponer una paz injusta”.

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