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El verdadero miedo de la Iglesia al aborto

El caso es que si hipotéticamente hubiera existido métodos artificiales de aborto probablemente José habría obligado a abortar a nada menos que a nuestro señor Jesucristo.

La Razón / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:02 / 04 de agosto de 2013

Es difícil no creer verosímil la posibilidad de que cuando la “Virgen” María contó a José de su embarazo, el carpintero le haya dado una reverenda paliza no escasa de improperios propios de un varón ofendido perteneciente a una de las culturas más machistas existentes, la hebrea; la que debió haber sido aún peor hace 2.000 años.

Las explicaciones de la joven elegida de Dios debieron sólo valerle más golpes de los que José creyera prudentes si hubiese permanecido callada: “fue el Espíritu Santo en forma de una paloma, lo juro...”. El caso es que si hipotéticamente hubiera existido métodos artificiales de aborto probablemente José habría obligado a abortar a nada menos que a nuestro señor Jesucristo.

Entonces, se podría pensar que la Iglesia, en realidad, finge oponerse al aborto bajo argumentos de defensa de la vida y, sobre todo, del alma del embrión, la cual —según este razonamiento— se condenaría por morir fuera del bautismo y la confesión.

Siguiendo la hipótesis, tal vez se podría creer que la Iglesia en verdad sólo simula esos argumentos en contra del aborto porque en realidad se encuentra esperando, muy sinceramente, la segunda venida del salvador Jesucristo. Y, de ser concebido el Hijo a la vieja usanza del Padre (con mediación del Espíritu Santo en forma de paloma), hoy no existe esposo que tenga la mente tan abierta como la de José.

Hoy, un buen esposo recién casado que se entere de que su esposa se encuentra embarazada antes de la consumación del matrimonio, seguramente se preguntaría cómo pudo pasar tal cosa. Digamos que la segunda elegida de Dios se justifica con la vieja, poco creíble, aunque posiblemente muy cierta excusa de “fue una paloma que en realidad era el Espíritu Santo”.

Un esposo normal seguramente le diría que tome un vaso de agua y que se siente. Creerá que ha sido violada y su desequilibrio responde a un estado de shock. Luego la internaría en una institución mental no sin antes hacer abortar al mismísimo hijo del Todopoderoso. Tal es el verdadero miedo de la Iglesia a despenalizar el aborto.

Así como Coca-Cola tiene en Sudamérica su mayor mercado, la Iglesia tiene en esta parte del continente su mayor número de franquicias y sucursales; usando el discurso de la culpa, del no al aborto, del no uso de preservativos, encubre que sus inversiones podrían verse muy afectadas en caso de que el aborto se despenalice.

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