Animal Político

El MAS versus el nuevo voto urbano

Primera vez que directamente le dicen No al Presidente  y al MAS; el tema es  quién en verdad lo hizo: ¿las nuevas clases medias? Esta historia, estudios, tesis, psicologías, apenas empieza.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano

00:07 / 21 de marzo de 2016

En el referéndum del 21 de febrero, un hecho es evidente: el apoyo al Movimiento Al Socialismo (MAS) bajó en todas las capitales de departamento más El Alto, aun cuando en algunas haya ganado el Sí; esto si se compara el caudal de votos que el partido de gobierno obtuvo en las elecciones nacionales del 12 de octubre de 2014 (la referencia más cercana y propia) y la consulta de 2016.

Si bien de último el presidente Evo Morales reitera que en el 21F solo se perdió en una modificación de la Constitución (“hemos perdido una batalla democrática, pero no la guerra”y “una cosa es votar por la modificación, que votar por un candidato”, había dicho al día siguiente de conocerse el resultado oficial), hay que recordar, como se dijo en este mismo suplemento el 3 de enero, que mientras otras autoridades se empeñaban en afirmar que la consulta del 21F no era nada más que eso, una pregunta sobre el artículo 168 de la Constitución, fue el propio Mandatario quien se encargó de hacer del referéndum un plebiscito: en febrero se verá “si la gente me quiere o no me quiere”. Así, es legítima la comparación del voto 2014-2016, especialmente en el caso del MAS.

También es posible afirmar que buena parte de la opinión nacional se decide en las capitales de departamento más El Alto: el 56,3% de los votos emitidos (la suma de los votos por el Sí, por el No y los blancos y nulos) en el país corresponde a dichas urbes. En los mapas adjuntos se ve dicha tendencia.

Claro que en esto de voto urbano-voto rural cada vez es más pertinente tomar en cuenta a las llamadas “ciudades intermedias”; pero, como veremos luego, su comportamiento varía según el departamento.

Como se ve en el cuadro adjunto, excepto en Trinidad, la capital beniana (donde la disminución del apoyo al MAS fue mínima, de solo 3%), la reducción en la capitales más El Alto está sobre el 15%. Los casos extremos son Potosí, con nada menos que el 64% de reducción; y Sucre, con 39%; siendo las caídas medias las de Tarija (25%) y de Oruro (21%); en orden descendente les siguen: La Paz y Santa Cruz, con 19% cada una; Cobija (17%), Cochabamba (16%); y, El Alto (16%).

Ahora claro, como destacara el colega Rubén Ariñez en La Razón el 14 de marzo, para la derrota del Sí mucho tuvieron que ver los valores absolutos en las capitales más pobladas. Así, como se puede apreciar en el cuadro adjunto, decisivas fueron las caídas en Santa Cruz de la Sierra con 65.071 votos menos de apoyo al proceso de cambio; la de El Alto (53.162), aunque aquí ganara el Sí; y de la ciudad de La Paz (53.990), donde por el contrario ganó el No. Tampoco es para menospreciar los decrementos: 31.413 votos menos en Sucre; 31.127 en Cochabamba; 28.687 en Potosí; 19.528 en Oruro; 12.757 en Tarija; y, 2.155 en Cobija. Caso aparte es Trinidad, como se dijo, donde el MAS bajó su votación en tan solo 731 sufragantes.

Para el economista y analista político Armando Ortuño, el 21F se mostró un auténtico “retroceso” del apoyo al MAS, especialmente por sus caídas en las grandes urbes de occidente y en las principales ciudades intermedias. “El horizonte colla por primera vez le ha sido claramente hostil al presidente Morales, y a eso se agrega retrocesos en las ciudades intermedias; sigue predominando el MAS, pero ha tenido retrocesos entre 5 y 10 puntos en varios municipios intermedios importantes”, asegura.

En el rol que tuvieron estas ciudades intermedias son interesantes algunos hechos; destacamos los más llamativos: en el departamento de La Paz ganó el Sí 56 a 44 (para facilitar la exposición hablamos en porcentaje y redondeamos las cifras), y pese a que en la capital (Nuestra Señora de La Paz) ganó el No (58 a 42); es evidente que en el resultado departamental pesaron, además de El Alto (58 Sí, 42 No), Viacha (que tuvo más de 40.000 votos emitidos), Caranavi (22.500) y Achacachi (21.455); en los tres últimos, el Sí ganó por encima del 65%.

En Oruro, en el departamento ganó el Sí por 52 a 48; igual que en La Paz, siendo que en la capital triunfó el No por 55 a 44; volvieron a pesar sus ciudades intermedias, Challapata, Caracollo y Huanuni, donde el Sí ganó por encima del 56%.

Por el contrario, si en Tarija departamento ganó el No por 60 a 40, esta gran distancia se debe a las también contundentes victorias del No en la capital (70 a 30) y en sus municipios más poblados: Yacuiba, Villamontes y Bermejo, con el No por encima del 54%.

En el caso potosino, donde en el departamento ganó el No por 53 a 47, es llamativa, se puede decir, la goleada en la capital: 86 a 14 a favor del No, debe ser una de las mayores distancias; pero acaso el contrapeso estuvo en Tupiza y Villazón (ambas sobre los 21.000 votos emitidos), donde el Sí ganó por sobre el 62%.

Cochabamba es peculiar. Si en el departamento ganó el Sí por 55 a 45, en la capital, que gustan decir el Cercado, ganó el No por 58 a 42. Es llamativo que en la supremacía de este

No le siguen sus grandes municipios ‘intermedios’; Sacaba, Colcapirhua, Quillacollo y Tiquipaya, donde el No no baja del 51%; pero, siendo que este departamento es uno de los de más “ciudades intermedias”, mucho pesaron en la victoria del Sí departamental, por ejemplo, Villa Tunari (más de 35.000 votos emitidos), donde el Sí ganó por 87 a 13; Puerto Villarroel, 87 a 13; Sipe Sipe, 67 a 33; o Vinto, 57 a 43 a favor del Sí.  En Chuquisaca, Santa Cruz, Beni y Pando sus ciudades intermedias más bien siguen la ‘lógica’ de sus capitales de departamento.

En una reciente evaluación que el vicepresidente Álvaro García Linera hizo de la derrota del Sí (Animal Político del domingo 6 de marzo), él ya propuso que una de las explicaciones de fondo era el cambio de la estructura de clases en el país, concretamente que en los 10 años del gobierno del MAS, el 20% de la población pasó “de la extrema pobreza a la clase media”, un acto de justicia y récord de ascenso social, “pero también de desclasamiento y reenclasamiento social”. 

En la entrevista que el Presidente tuvo con La Razón en el programa televisivo Piedra, papel y tinta el domingo 13, Morales reconoció que “tal vez no estamos entendiendo cuáles son las aspiraciones de esta (nueva) clase media”, la que precisamente al parecer tiene su nido en las ciudades.

A tiempo de ver saludable el reconocimiento presidencial, Ortuño añade que esa nueva clase media es un nuevo tipo de elector, “individualista, que toma sus decisiones máximo en su pequeño grupo familiar (...) que no tiene filiaciones sindicales y no es parte de alguna organización social, es más vulnerable a los medios de comunicación”.

En verdad, apunta Ortuño, sobre todo en el MAS se tiene muchos problemas para entender a esa nueva clase media, aquella que ha mejorado su acceso a servicios, que consume nuevas cosas, cuyos hijos tienen otras expectativas, pero que también, y esto es clave, ha ido cambiando su percepción del mundo, “ha cambiado sus demandas a los políticos porque ha cambiado su manera de entender la política; la pregunta es si estamos entendiendo ese mundo, en general creo muy poco”.

Cuándo se vio que al oficialismo le cuesta entender a estas nuevas clases medias fue en las elecciones municipales. Un ejemplo es La Paz, se puede decir: aún con toda una red de teleféricos en plena construcción, el voto mayoritario de la urbe fue el No. Y es que, provoca Ortuño, las grandes obras ya no alcanzan para seducir al electorado, o mejor, la gran obra “solo sirve cuando refuerza un discurso político seductor, creíble, que genera confianza, porque, precisamente, responde a las necesidades de esta gente”; y esto no hubo.

En lo político, este elector urbano también es otro: es paradóijco que teniendo el Presidente elevados índices de aprobación (que ronda el 70%), al mismo tiempo haya perdido en la consulta del 21F. Y es que es un elector de nuevos valores democráticos también, destaca el analista: pudo pesar directamente en el referéndum del 21, pues, por ejemplo, se apuesta más a la renovación y a la meritocracia; pueden tener una sincera simpatía por Morales, pero también le dicen No, que hace falta dar paso a nuevos líderes.

Otro es el criterio de la politóloga cruceña Helena Argirakis. Haciendo cuentas, dice, en el 21F si bien hay un retroceso con respecto a 2014, de todos modos, aún existe un ascenso con respecto a 2005, cuando el MAS ganó su primera elección presidencial: si aquella vez contaba con millón y medio de votos, hoy, se tiene poco más de dos y medio millones de votos; de modo que, se puede decir, afirma Argirakis, “el MAS sigue manteniendo un bastión fuerte, duro, una base electoral del bloque social en el poder, basado en ciertos sectores y grupos, campesinos, indígenas, trabajadores, obreros, y una mínima base de clase media progresista”.

De tal modo que el MAS “no necesariamente tiene que ir por la clase media; si bien ésta tiene su asiento en las zonas urbanas, su apuesta electoral tiene que seguir siendo el bloque social en el poder: campesinos, indígenas, originarios, trabajadores y sectores populares urbanos”.

Asimismo, la politóloga cruceña a tiempo de afirmar que hay una “clase media blancoide, generalmente conservadora, racista y colonial”, en la esperanza del proceso de cambio sobre todo apela a estas “nuevas clases medias plebeyas emergentes”, en mucho conformada por jóvenes; “clase media urbana popular que se ha incorporado al aparato económico con el proceso de cambio, pero que tiene otros códigos; una clase media migrante “que ha transformado la fisonomía y la topología de la clase media clásica; siendo el desafío del MAS conquistarla como nicho electoral”, concluye.

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