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Hay viejas prácticas legislativas enterradas hoy en la Asamblea

Desde el cambio de estatuas al fracaso de las audiencias

Asamblea

Asamblea Foto: Archivo

La Razón / Iván Paredes Tamayo

06:00 / 04 de diciembre de 2011

Las sesiones maratónicas eran comunes, y es que los parlamentarios no tenían límite de tiempo en sus ponencias, donde incluso se ponían a leer la Biblia para dilatar el tratamiento de una ley controversial.

Quedaron en el recuerdo las viejas prácticas en el debate legislativo y los monumentos de viejos líderes políticos que adornaban el hemiciclo. Todo cambió. La aplicación del nuevo rótulo de Asamblea Legislativa Plurinacional trajo una especie de reforma a la vida de los nuevos asambleístas nacionales.  

En apariencia, el edificio legislativo no sufrió modificaciones; sólo se ve la whipala flameando al lado de la tricolor, como un símbolo de cambio. Adentro, las cosas son distintas. Se desterraron varias actividades que se desarrollaban en épocas cuando Wálter Guiteras o Tito Hoz de Vila, de Acción Democrática Nacionalista (ADN); Luis Vásquez, del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), o Guillermo Bedregal, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), dominaban, entre otros, las sesiones o los espacios del colonial Loreto.

Estos cuatro “viejos” se animan    a hablar de los detalles que embellecían el hemiciclo y de aquellas actividades que marcaban su vida diaria.  Sólo al ingreso, antes de subir a la sala de sesiones de la Cámara de Senadores, los bustos de los políticos del MNR ya no están. Uno de ellos fue el de Víctor Paz Estenssoro (de Hernán Siles Zuazo fue movido antes del actual período), quien fue diputado entre 1943 y 1946 y presidió el país en cuatro oportunidades. Este homenaje fue sustituido por la efigie del actual mandatario indígena Evo Morales. “Es que Evo es el primer presidente del Estado Plurinacional”, justifica el diputado del Movimiento Al Socialismo (MAS) Edwin Tupa.

Retratos. De los pasillos fueron retirados los cuadros que contenían las fotografías de los diputados de la década de los 60. Los retratos que continúan son de las gestiones de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Lidia Gueiler, Fernando Kieffer, Juan del Granado, Hormando Vaca Diez y hasta de la legislatura en que Morales fue diputado.

Eso sí, los cuadros de los expresidentes fueron removidos. Sólo queda en el ingreso de la Cámara de Diputados el de Andrés de Santa Cruz (1829-1839). Dentro del hemiciclo fueron incorporados los retratos de los líderes indígenas Túpac Katari y Bartolina Sisa encima de la testera, al lado de los primeros mandatarios Simón Bolívar y Antonio José de Sucre.

Ya en el debate legislativo se abrió un abanico de modificaciones. “Recuerdo que antes habían las audiencias públicas, aunque no se aplicaron mucho, pero era un contacto con la población”, cuenta Hoz de Vila.

Ahora, directamente no existe ese espacio público abierto alguna vez a la ciudadanía interesada en la aprobación de leyes. “Creo que no funcionó y no se adecuó al nuevo Reglamento”, refuta el diputado Lucio Marca, del MAS.

¿Qué cosas más cambiaron? Pues, el número de los curules. Ahora, la Asamblea Legislativa reúne a más representantes en ambas cámaras, 36 en Senadores y 130 en Diputados.

Los ponchos y sombreros sustituyeron a los trajes y corbatas finos, y la formalidad de hace una década. “La participación indígena aumentó sin duda”, dice Tupa.

La hoja de coca cunde en los escritorios y el quechua y el aymara son los idiomas más comunes. Los reglamentos eran modificados en cada legislatura. En el actual se restringieron varias acciones que predominaban antes.

Quedaron atrás esas sesiones maratónicas, en las que para dilatar el tratamiento de alguna ley uno que otro excongresista leía la Biblia o exponía conceptos diferentes al tema de debate. El hemiciclo se llenaba de bostezos y hasta silbidos de aquellos legisladores que pedían la culminación de una ponencia. “Sí, habían esas ‘mañuderías’ para alargar las sesiones”, confiesa entre risas Guiteras.

Hoy, se dispone de hasta 10 minutos para una exposición.

¿Biblia?. Tampoco había un sistema de sonido en las cámaras. No habían micrófonos y, por lo tanto, los parlamentarios debían gritar desde sus curules para hacer escuchar sus criterios. “El que quería micrófono tenía que ir hasta la testera”, cuenta el exlegislador beniano. 

Bedregal recuerda que en este tipo de sesiones se repartían fichas para la alimentación. “Teníamos almuerzos en los restaurantes del edificio del Legislativo. Hoy veo que se come pollo frito o hamburguesas en medio del plenario”, comenta el exdirigente del MNR retirado de la actividad.

Otro detalle no menos importante es la exclusión de la Biblia de ambas cámaras. Los juramentos eran ante un par de velas y el libro cristiano.

Como una pulseta sobre quiénes —los de ahora o los de antes—­trabajan más, Tupa se engrandece y alaba las sesiones convocadas por el MAS en fin de semana. “La Asamblea Plurinacional sesiona los sábados, eso es más trabajo”, se jacta.

Vásquez recuerda que alguna vez se sesionaba de “urgencia” en fin de semana. “Habían sesiones de emergencia para debatir leyes importantes”, recuerda el abogado.   

Ahora, los reglamentos también cortaron algunos privilegios de los cuales gozaban los parlamentarios.

Transporte. Era común ver a un diputado o senador con un vehículo del Estado a su disposición, contar con los tres pasajes aéreos al mes o acudir a las sesiones sólo de martes a jueves, aunque esta situación últimamente se repite con los actuales asambleístas, que sesionan en comisiones los lunes y viernes.

Un reporte de La Razón del 2002 describe que 9.000 pasajes aéreos se designaban para los 130 diputados. Así lo admitió en esa época la diputada Éricka Brockmann.

Hoy, el panorama es parecido. Cada asambleísta recibe cuatro boletos al mes para retornar a su región. A diferencia de otras gestiones, los diputados de La Paz y Oruro reciben un pasaje aéreo al mes. “Lo utilizan para ir a seminarios o talleres”, justifica la vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Flora Aguilar (MAS).

Además, el actual reglamento dispone vehículos para los presidentes de ambas cámaras, los miembros de las directivas, presidente de comisiones y comités, jefes de bancada y presidentes de brigadas parlamentarias.

Dentro este panorama de cambios, el trabajo de la prensa no se salva de las alteraciones. Periodistas que cubrían el área cuentan cómo realizaban su labor. Sin teléfonos celulares el contacto con los parlamentarios era casi nulo. Mientras se desarrollaba la sesión un periodista podía ingresar al plenario para contactarse con un diputado y “sacarlo” para entrevistarlo en el Salón Rojo.  

Algo que también se corto de raíz es la entrega de fichas a periodistas para que reciban su refrigerio, que abarcaba desde un sándwich hasta un almuerzo. “Eran 20 fichas al mes para aquellos que cubrían el área de política”, cuenta un comunicador.

Esas prácticas legislativas quedaron atrás ante una anunciada transformación legislativa. Algunos asambleístas nacionales califican de importantes estos cambios que, en su criterio, evitan frenar la corrupción y agiliza la labor legislativa.

A sola vista, esas formas de conducta o detalles en el edificio son otros, aunque persisten las “mañuderías” que recuerda Guiteras, como las permanentes ausencias a las sesiones por parte de algunos legisladores (el diputado cruceño de Convergencia Nacional, Andrés Gallardo, sustentaba estos días sus pruebas para evitar ser expulsado por faltón) o los discursos sin sentido. De todas maneras, el Congreso Nacional de antes no es lo mismo que la Asamblea Legislativa Plurinacional de ahora.

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