Animal Político

La voluntad es clave para dialogar

Albarracín destaca el valor que en el pasado se le daba a los mediadores y aboga por la predisposición a las soluciones pacíficas.

La Razón (Edición Impresa) / Waldo Albarracín es rector de la UMSA

10:00 / 20 de marzo de 2018

Bolivia es un país que todavía no ha terminado de consolidar su sistema democrático y, por tanto, es natural que emerjan conflictos. En otros tiempos, antes del gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), los conflictos menores que obedecían a demandas de índole económico y social se solucionaban por la vía de la mediación y el consenso con instituciones como la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH), la Iglesia Católica y la Defensoría del Pueblo.

Con iniciativas de ese tipo se evitaron violencia, enfrentamientos, heridos y muertos y la mediación se instituyó como una cultura practicada por las organizaciones sociales y el Ejecutivo, mientras que las entidades interlocutoras obraban con convicción y compromiso.

No obstante, cuando llegó al poder el partido gobernante, con mucha soberbia eliminó esta figura llegando a asegurar que ya no era necesaria, dado que ahora era el pueblo el que gobernaba.

Pero la realidad nos mostró que es en esta administración cuando más conflictos se han presentado y al ya no contar con las instituciones conciliadoras se han reabierto escenarios de conflictividad y confrontación. De hecho, cuando el presidente Evo Morales anunció que se esperaban más problemas de este tipo para los próximos años, no estaba equivocado.

Ante ello, es preciso establecer un espacio para el aprendizaje y la autocrítica, lo importante es saber cuál es la voluntad que hay para evitar que estos problemas tengan consecuencias. El grado de conflictividad en una sociedad como la boliviana debe ir acompañado de una predisposición a dialogar para hallar soluciones pacíficas.

El fin ha de ser siempre el preservar la democracia y proteger los derechos humanos, en el marco y el respeto a la Constitución Política del Estado (CPE). Lo que se requiere es otorgarle un valor superlativo a la Carta Magna y sobre ella delinear las políticas de Estado y la relación entre el Gobierno y las organizaciones civiles.

Otro aspecto que entra en el escenario y que debemos resaltar es la fuerza con que se vive un fenómeno emergente: el de las redes sociales, espacio paralelo para la difusión de ideas, opiniones e información.

Hoy en día ya no es suficiente la difusión formal de información a través de los medios tradicionales como la radio, la televisión y la prensa escrita. Las nuevas herramientas que nos proporciona la tecnología han irrumpido con fuerza y ocupan todos los espacios de la vida modera, pero no hay que perder de vista que pueden convertirse en un arma de doble filo: por un lado pueden sobrepasar las acciones del Gobierno si éste no comparte del todo la información con el pueblo, y por otro son altamente susceptibles a constituirse en un escenario para la guerra sucia y la emisión de un conjunto de ideas y mensajes destructivos. Por lo tanto, si de resolver conflictos se trata, es necesario que se concientice a la población sobre su utilización y sus objetivos.

Todo lo señalado tiene que ver con la defensa de la democracia y sus pilares, entre ellos la libertad de prensa y de expresión. Es importante para la sociedad que la prensa obre sin presiones de ningún tipo, siendo que hay dueños de medios de comunicación o algunos sectores que chantajean a los periodistas, llevándolos a la autocensura por la política del miedo. En la actualidad, algunos medios instruyen a sus periodistas no tocar un tema, minimizar los hechos, maximizarlos o distorsionarlos; como consecuencia, varios periodistas se ven entre la espada y la pared para no perder su trabajo y otros renuncian.

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