Animal Político

Tras volver al pacto de Viena, se viene la ley de la coca. Dionicio Núñez

Bolivia logró el respaldo de la Unasur, de la Cumbre Iberoamericana, del Alba y de países como España y México para el uso tradicional de la hoja de coca

Dionicio Núñez.

Dionicio Núñez. Foto: Víctor Gutierrez.

La Razón / Iván Paredes / La Paz

00:02 / 06 de enero de 2013

Acompañó al presidente Evo Morales desde el surgimiento político del Movimiento Al Socialismo (MAS). Dirigente cocalero de la zona de los Yungas de La Paz, compartió la lucha sindical junto al Mandatario en la década del 90, para luego ser miembro de la Cámara de Diputados en la gestión 2002-2005. En esa época, compartió el hemiciclo con el actual Jefe del Estado, Edmundo Novillo, Santos Ramírez, José Bailaba y Jorge Alvarado, entre otros ideólogos del actual partido de gobierno.

Está confiado. Bolivia volverá a la Convención Única de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes de 1961 con la reserva sobre el acullico. Es la percepción del viceministro de la Hoja de Coca y Desarrollo Integral, Dionicio Núñez, quien únicamente ha conocido los rechazos oficiales de Estados Unidos, Inglaterra y Suecia sobre esta reserva. Cree que sólo un tercio de los 184 países que son parte de la Convención rechazará la petición boliviana, aquella que será votada entre el 8 y 10 de enero en Viena.

El lobby que realizó el Gobierno traerá resultados positivos, cuenta; empero, de todas formas —asegura— la administración de Evo Morales preparó los dos escenarios para recibir los resultados. En caso de que sea negativo, Bolivia insistirá en su demanda en todos los foros internacionales: la hoja de coca en su estado natural no es un estupefaciente.  De lograr la aprobación a la reserva, el Ejecutivo trabajará en un marco técnico y legislativo; eliminará la Ley 1008 para aprobar la Ley General de la Coca, una norma que será separada de la legislación antidroga.

—¿Cómo comenzó Bolivia su campaña para denunciar que la hoja de coca no es un estupefaciente?

—Primero, el retiro; no podemos tomarlo como un abandono a la Convención para la lucha antidroga; entonces nos retiramos, pero inmediatamente planteamos nuestra adhesión a la Convención del 61, pero decimos que los puntos que penalizan el consumo de la hoja de coca, nosotros la reservamos, no la aceptamos. Nos adherimos a los demás puntos de la Convención del 61, pero no a los que penalizan el consumo tradicional de la hoja de coca.

—¿Bolivia informó su objetivo a todo el mundo?

—En todo este periodo todos los países de la Convención del 61 recibieron la reserva del Estado boliviano y cada uno de ellos emitió su opinión, en algunos casos, como el de Estados Unidos, fue el primer país en poner su objeción a la reserva, el segundo fue Gran Bretaña y ayer (miércoles) me acaba de avisar el embajador de Bolivia en La Haya, Roberto Calzadillas, que existe un tercer país que presentó su objeción…

—¿Qué país es?

—Es Suecia, entonces habría tres países que presentaron sus objeciones.

—¿La posición de estos tres países preocupa al Gobierno?

—El mecanismo de las Naciones Unidas fija un tercio de países miembros para que se opongan a esta reserva, un tercio significa 62 países que tendrían que objetar nuestra reserva para que no tenga efecto, hasta ahora hay tres y faltarían 59 países que tendrían que presentar su objeción.

—Con la campaña, ¿cree que es difícil llegar a ese número?

—Con la campaña internacional que se hizo encontramos en un principio que varios países nos apoyaban, pero también había muchos que rechazaban la reserva…

—¿Los países que rechazan la reserva les hicieron conocer sus argumentos?

—Sí, ellos dicen que legalizando el acullico, la hoja de coca que circula con destino al consumo tradicional podría ser utilizada para fines ilícitos, esa es su mayor preocupación.

—¿Cómo explicaron que este argumento es errado?

—Explicamos que, primero, el Estado boliviano tiene una estrategia de revalorización de la hoja de coca y una estrategia de lucha contra el narcotráfico, y en este tema Bolivia mostró toda su voluntad y capacidad de combatir al narcotráfico, tenemos adhesión a varios convenios y hay la firme convicción de combatir a este flagelo.

—¿En la estrategia de revalorización de la hoja de coca se demostró avances de industrialización de este producto?

—El tema de la industria de la coca no es de ahora. Antes de la Convención del 61 la hoja de coca se utilizaba en anestesias locales, también el uso de la hoja en la Coca-Cola, en el vino francés Mariani…

—¿Es contradictorio que algunos países se opongan a la reserva cuando utilizan la coca en el ámbito industrial?

—Claro, es totalmente contradictorio. Los norteamericanos, concretamente de la Coca-Cola, hicieron un proyecto experimental de cultivos de coca y no obtenían buenos alcaloides. Pero después de firmar la Convención del 61 también se continuó con la industria, tanto en Perú como en Colombia y Ecuador. En Bolivia también, pero no nos fue tan bien.

—Con todos estos antecedentes, ¿existe optimismo para volver a la Convención de Viena con la reserva a la despenalización del uso tradicional de la hoja de coca?

—Sí, en cierto grado sí, eso por los apoyos recibidos como en la Cumbre de Países No Alineados, de los países del Alba, de la Cumbre Iberoamericana, de Unasur, de países del grupo de africanos  y otros varios países que individualmente manifestaron su respaldo, entonces ante esa situación hay un cierto grado de optimismo de que no habrá esos 62 países que pongan objeción.

—Sin embargo, el hecho de que la principal potencia mundial, Estados Unidos, objete la reserva, ¿no genera un grado de preocupación?

—Es que el caso de Estados Unidos es contradictorio, es un capítulo aparte, ya que la hoja de coca, primero, está en la lista uno de sustancias controladas de la Convención del 61, pero la hoja de coca fue la tercera planta en ser incorporada en esa lista, primero entró el opio y segundo, la marihuana. Ahora, qué sucede en Estados Unidos, es uno de los principales productores de marihuana y en la última elección de Barack Obama dos estados han legalizado vía referendo la producción y el uso de la marihuana a pesar de que esta planta está en la misma lista de la hoja de coca. Pero eso no queda ahí; este año habrá en cuatro estados referendos para aprobar el uso de la marihuana. Ahora, en 1994, en el diálogo coca-cocaína, la Embajada de Estados Unidos se pronunció y dijo que compraba la hoja de coca para fines industriales y medicinales, y reconoció el uso tradicional de la hoja de coca en Bolivia. También reconoció que la población indígena utiliza la hoja de coca con fines tradicionales, entonces, por qué ahora se oponen…

—¿Esta contradicción es considerada por el Gobierno como una acción política?

—Definitivamente, estamos seguros que es algo político.

—¿Por qué?

—Porque Estados Unidos siempre nos aplazó en la lucha antidroga cuando hay resultados serios e incluso estudios de organizaciones internacionales que demuestran lo contrario. Aparte, aprueban a Colombia cuando Bolivia hizo un mejor trabajo en la erradicación de cultivos y la lucha antidroga. Todo esto es una posición ideológica-política.

—¿El Gobierno preparó los dos escenarios para ejecutarlos luego de conocer la decisión final?

—Tenemos los dos escenarios; en el caso de que se reconozca el uso tradicional de la hoja de coca, que tendría la línea lógica, existe una estrategia, ahí es el cato de coca en el Chapare, el cordón tradicional en Yungas, después también está en marcha un estudio de cuantificación de la cantidad de consumo de la hoja de coca, en función a esos datos se determinará la extensión de cultivos y eso se traducirá en la Ley General de la Coca…

—La Ley 1008 es contradictoria al pedido boliviano, ¿qué se hará con esta norma?

—Ya no debe existir (la Ley 1008), porque es contraria a la Constitución y refleja la visión de la vieja República, cuando mezcla a la hoja de coca con las drogas.

—¿Y en caso de que no se reconozca el consumo tradicional de la hoja de coca?

—Vamos a seguir denunciando en los foros internacionales este error, esta mala visión equivocada de países que no se han convencido de que estas convenciones no han funcionado, porque el principal objetivo de estas convenciones es la eliminación del narcotráfico, sin embargo, este flagelo continúa afectando al mundo. Entonces, en caso de que no se reconozca el uso tradicional de la hoja de coca, vamos a insistir con el debate de que la hoja de coca no es un estupefaciente. 

Perfil

Nombre: Dionicio Núñez Tancara

Nació: 11-06-1962

Profesión: Sindicalista

Cargo: Viceministro de Coca y Desarrollo Integral

Datos

Dirigente cocalero de los Yungas de La Paz y exdiputado del Movimiento Al Socialismo (MAS). Participó como secretario técnico de la Comisión Coca de la Asamblea Constituyente. Desde 2011, es Viceministro de Coca y Desarrollo Integral.

‘Estados Unidos debe reducir el consumo de cocaína’

—¿Sirvieron los resultados del monitoreo de cultivos de la hoja desarrollado por la ONU?

—Muchísimo. Bolivia plantea la legalización del consumo tradicional de la hoja de coca, pero no plantea la legalización de la coca como materia prima de la cocaína. La hoja de coca para los pueblos indígenas siempre fue para uso ritual, medicinal y cotidiano, nunca fue para fines ilícitos. Mostramos los resultados obtenidos en los siete años de Gobierno sin la cantidad de cooperación internacional que antes había, sin la presencia de la DEA, sin violencia o represión, sin violar los derechos humanos; hemos mostrado que Bolivia puede controlar la extensión de cultivos, mostramos cómo se redujo cultivos en el Chapare y en los Yungas.

—¿Bolivia se suma al pedido de reforma de la lucha antidroga?

—Muchos intelectuales dijeron que estas convenciones han sido un fracaso, y es por eso que muchos países están planteando una reforma de cómo enfrentar el narcotráfico (...) La Convención del 61 debería revisar sus lineamientos, ya que no puede ser que desde la década del 60 acuerdos internacionales sigan vigentes sin que se reconozcan los avances y estudios que se dieron en los últimos años, porque la condena a la hoja de la coca en el 61 fue producto de intereses geopolíticos y de multinacionales, pero fundamentalmente con el objetivo de discriminar a los conocimientos y procedimientos de la hoja de coca.

—¿Qué implica objetar la reserva?, ¿se puede reducir la cooperación a la lucha antidroga?

—La cooperación no reduciría, hay acuerdos que dicen que el tema de lucha antidroga es una responsabilidad compartida entre países que generan la oferta y los que generan la demanda. En este momento los principales países consumidores de clorhidrato de cocaína son Estados Unidos, la Unión Europea, los países procedentes del Asia y los llamados países del cono sur como Brasil, Argentina o Chile. Entonces, si Bolivia contribuyó en reducir sus cultivos, estamos cumpliendo nuestra responsabilidad.

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