Animal Político

¿Por qué no se votará por Evo Morales?

Bolivia hereda el extractivismo colonial y el MAS le da continuidad. La  superación de esa economía es la tarea descolonizadora de hoy. La abundancia y despilfarro, al margen de la economía legal, distorsiona el resto de la economía, que tiene en un lado al extractivismo y en el otro la informalidad, y la ilegalidad (narcotráfico y contrabando).

La Razón / Javier Bejarano Vega

00:01 / 10 de noviembre de 2013

A casi cuatro años del segundo mandato de Evo Morales, debemos evaluar este tiempo político a partir de una doble relación: por un lado, la relación del Estado con la economía (patrón de acumulación) y, por otro, la relación del Estado con la sociedad (patrón de hegemonía). Sin embargo, al sólo disponer de 6.000 caracteres me limito a señalar a vuelo de pájaro dos características del patrón de acumulación evista.

1. El modelo económico. El dato sustantivo en este tema es la instauración de un capitalismo de Estado de tipo extractivista junto a la condena retórica del “neoliberalismo”. Se ha generalizado el uso del “extractivismo” para mostrar economías que se articulan en torno a la extracción de sus recursos naturales para venderlos como materia prima. El extractivismo puede ser estatal o privado; de hecho, nuestra historia es prueba elocuente de ello. En la forma estatal del nacionalismo revolucionario fue dominante. En la forma estatal neoliberal, el extractivismo estuvo a cargo de la empresa privada transnacional. Hoy está nuevamente en manos del Estado, aunque agravado, ya que como nunca antes, más del 80% de todas nuestras exportaciones corresponden a materias primas no renovables.

De manera más general, nuestra economía siempre ha sido extractivista pues es lo que se ha hecho desde la fundación de la República; es más, es la condición colonial de nuestra economía: la República de Bolivia hereda el extractivismo colonial y su superación es la tarea descolonizadora de la época. Por eso, el capitalismo de Estado extractivista del MAS es de un corte absolutamente tradicional.

2. La impostura del “socialismo comunitario”. Sin embargo, los ideólogos gubernamentales creen que no es así. Distinguen entre un viejo capitalismo de Estado, caracterizado por el uso de las empresas estatales para la acumulación de riqueza por parte de una élite, y uno supuestamente nuevo, el del Gobierno, en el que el potenciamiento del Estado sería para beneficio de los más pobres. Para estos ideólogos, Evo Morales estaría construyendo un Estado fuerte, que regule la expansión de la economía, extraiga sus excedentes y los transfiera al ámbito comunitario para potenciar formas de autoorganización y de desarrollo no capitalista propiamente andino y amazónico.

Es evidente que esto es una falsedad, que no está ocurriendo, que la única transferencia es la de los bonos que, sin embargo, sólo significan menos del 2% del presupuesto del Estado, que no son sostenibles en sus fuentes, y que su impacto relativo en la extrema pobreza se revertirá y agravará en la medida en que no se supere nuestra absoluta dependencia de la venta y explotación de nuestras materias primas —el extractivismo— que es lo que no se está haciendo.

3. La expansión de la informalidad, la ilegalidad y la inseguridad. Como resultado de la falta de generación de empleos estables y dignos, que respondan a las exigencias de una economía productiva, se ha incrementado y agravado la informalidad que, según estimaciones, superó el 80% de la población ocupada. Se han incrementado y agravado el contrabando, el narcotráfico, la criminalidad y la inseguridad ciudadana.

La economía ilegal ha tenido un desarrollo altamente peligroso en estos años, especialmente con la ampliación de los cocales, la expansión del narcotráfico y la extensión del contrabando.

La abundancia y despilfarro de dinero, al margen de las actividades económicas legales, no sólo distorsiona el conjunto de la economía, que tiene en un extremo el extractivismo primario exportador y en el otro la informalidad, la ilegalidad y la delincuencia, sino que inviabiliza la construcción económica plural, la generación de valor agregado, el desarrollo rural agropecuario, el encaramiento estratégico de la seguridad alimentaria y la promoción activa de infraestructura para salud, educación, saneamiento básico, seguridad ciudadana, integración vial y tecnología para alcanzar desarrollo humano integral y sostenible.

En casi ocho años de gobierno no se ha definido una verdadera estrategia de lucha contra la creciente expansión del narcotráfico a partir, primero, de transparentar las cifras sobre cultivos excedentarios y, segundo, de delimitar rigurosamente las cantidades reales de producción de hoja de coca para los usos tradicionales e industrialización legal, eliminando progresiva y concertadamente la producción que se destina al narcotráfico. Con pretextos baladís el Gobierno se niega a publicar el estudio, financiado por la Unión Europea, sobre la cantidad de coca necesaria para el consumo tradicional.

La expansión de la informalidad, la ilegalidad y las actividades ilícitas han generado un estado de inseguridad ciudadana que con el correr de los días se agrava cada vez más. Más allá de las fanfarrias del Gobierno, no hay políticas para eviten que cunda el miedo entre la gente. Asesinatos, robos, violencia, linchamientos, violencia judicial, acoso político, prepotencia, intolerancia, violaciones, son pan de todos los días y han generado un sentimiento de inseguridad muy grande que conviene al Gobierno. Un pueblo con miedo es una de las condiciones de los gobiernos totalitarios.

En resumen, se ha instaurado un capitalismo de Estado de corte extractivista, rentista y neodesarrollista. Esto en un contexto marcado por lo que llamaremos la emergencia plena del capital. Los cambios políticos e ideológicos/simbólicos han acarreado que ahora, más que nunca, el capital valga como cantidad de dinero y nada más, al contrario de antes, cuando el capital valía como cantidad a la que se añadía la cualidad señorial. Si la expansión del capitalismo requiere que cada quién valga por lo que tiene de capital, en los últimos años en Bolivia, a pesar del discurso oficial, el cambio, consiste en la remoción de los escollos estructurales para la implantación de un capitalismo terciario, improductivo y primario exportador cuya reproducción es posible por la transferencia estatal del excedente a nuevas (y viejas) élites y tiene asidero en prácticas ilícitas e ilegales generalizadas. Y todo ello bajo el discurso impostor del “socialismo comunitario” y de la “transformación y el cambio”.

Por eso, y por mucho más, no se votará en 2014 por Evo Morales.

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