El Financiero

Nicolas Welschinger: 'Desigualdad digital se supera tras conflictos positivos'

El experimentado cientista social argentino considera que el crecimiento económico de un país puede no estar acompañado por el desarrollo social y que la pobreza también se refleja en el conocimiento y la brecha digital que tiene un país como Bolivia.

El sociólogo argentino Nicolás Welschinger

El sociólogo argentino Nicolás Welschinger Foto: Álvaro Valero

La Razón (Edición Impresa) / Marco A. Ibañez / La Paz

00:00 / 04 de septiembre de 2019

El sociólogo argentino Nicolás Welschinger fue uno de los invitados para comentar la última publicación del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), que el 31 de julio pasado presentó el documento Medición de la pobreza multidimensional Bolivia 2017, un estudio que identifica nueve subniveles y cuatro grandes niveles de carencias (recursos, oportunidades poder y voz, seguridad humana) que afectan a la población boliviana. En el primer grupo se encuentra el uso de los recursos digitales.

— ¿Cuándo se empieza a hablar de pobreza digital?

— Este tema fue discutido entre los organismos internacionales desde los 90, así aparece la necesidad de abandonar el concepto pobreza como la medida de los ingresos en los hogares y repensar en el problema social, bajo la idea de desigualdad. Esto implicó mirar por qué países que estaban creciendo en su Producto Interno Bruto (PIB) y en su desarrollo económico no crecían en desarrollo social o integral. Entonces, se comenzó a analizar la pobreza en  todas sus dimensiones y apareció la pobreza multidimensional, en la que aparecen no solo temas de género, racismo, cultura y clases sociales, sino también la difusión del conocimiento, en particular de todo lo relacionado con la tecnología y la comunicación, con el internet y la información. Entonces surge la idea de medir la brecha digital en un país.

— ¿Puede citar un modelo de riqueza digital?

— En Finlandia, uno de los pioneros en incluir la educación digital y la alfabetización digital (...), los niveles educativos han incorporado perspectivas críticas de la pedagogía y la alfabetización que le permiten hacer un uso de la tecnología mucho más productivo e inteligente. No solo se miró la tecnología, sino las habilidades, la capacidad de hacer una lectura crítica de la información, de las redes sociales y de cómo podemos utilizar el potencial de éstas para comunicarnos en la participación política, en los distintos ámbitos de la vida. Creo que es el foco que más resultados ha dado hasta ahora.

— ¿Cómo entendemos la pobreza digital y la desigualdad?

— Cuando se analiza el concepto igualdad se observa que la brecha digital se fue achicando en el nivel de acceso, debido a que el mercado impulsó que todos tengamos medianamente acceso a internet. Además, vía políticas estatales, se fomentó el tema en países de la región e, incluso, se dieron programas de alfabetización digital que implicaron internet en las escuelas y la entrega de computadoras. Entonces, cuando la brecha digital por acceso se redujo, empezó la problematización en torno a los usos. Todos podemos tener acceso a tecnologías, pero qué usos le damos. La brecha de uso y habilidades complejizó esta noción de brecha digital y de pobreza digital.

— ¿Y cómo está Bolivia en esta materia?

— Sé de la necesidad de generar más datos, porque no se tiene información estadística sobre el tema. Se necesita además abrir una línea de investigación de la desigualdad digital, que implica ver cómo se está articulado ésta con otras dimensiones como la educación, la economía, la salud, el hogar, la amistad y la cotidianidad.

— ¿Qué datos destaca del estudio del CEDLA?

— Al mirar la desigualdad en todas sus dimensiones, nos damos cuenta de que en nuestros países hace falta todavía trabajar para poder atacar este problema. Un país puede tener un importante índice de desarrollo económico o de crecimiento, que puede no estar acompañado por el desarrollo social, porque el problema no es la pobreza sino la desigualdad. Entonces, creo que el informe marca cómo se podría reducir (en Bolivia) la desigualdad en sus múltiples dimensiones. Una de ellas es la cuestión de género, que se da por la falta de políticas de intervención sobre ese tema. Otra es la persistencia de la desigualdad a través del trabajo informal y la informalidad en el trabajo, un problema complejo que implica otras dimensiones como el racismo y falta de participación política. Por ello, atacar la desigualdad no es sencillo, implica el desarrollo integral de nuestros países.

— ¿Qué proyectos de América Latina puede destacar?

— El Plan Ceibal, por ejemplo, es un proyecto socioeducativo de Uruguay que tiene fuertes ventajas, precisamente porque atacó la brecha digital con la alfabetización desde una perspectiva que mira las relaciones sociales. No se puso énfasis en la tecnología en sí misma, sino en la tecnología dentro de las relaciones sociales, educativas y laborales. Mientras avanzaba este plan se investigó y se siguieron generando diagnósticos y evaluaciones, y eso lo convirtió hoy en una referencia en la región.

— En ese contexto, ¿cuáles son sus recomendaciones?

— Hacer un buen diagnóstico de la situación actual de Bolivia, porque eso les permitirá hacer una buena intervención estatal. En Argentina, por ejemplo, estudié el desarrollo de “Conectar  Igualdad”, un programa que (desde 2010) repartió más de seis millones de netbooks a docentes y estudiantes de la educación pública e institutos de formación docente, y que en simultáneo desarrolló una línea de formación de maestros. Eso fue muy criticado. Muchos investigadores decían que primero se debía formar docentes —yo no sé si es así—, pero haber empezado en paralelo la formación docente con la entrega de netboocks para comenzar a explorar (en línea), impulsó la necesidad del tema. Y se empezó a construir puentes para combinar esta preocupación con la inclusión digital, con la inclusión educativa y la calidad educativa. Y hubo muchísimos conflictos que al final fueron positivos, porque sin ellos no se habría llegado a la transformación. Sin esos conflictos no se hubiera podido implementar lo digital, entre otros temas como la alfabetización.

— Es decir, ¿superar la pobreza digital es un proceso que implica conflictos positivos?

— Sí. Por ejemplo, en Argentina, en el momento que apareció lo digital se pensó en una política de carácter universalista, que implicó que los sectores que no estaban accediendo a las nuevas tecnologías comenzarán a hacerlo (...). Eso generó muchos conflictos, porque distintos sectores de la sociedad reaccionaron a la entrega de millones de computadoras considerándola errada (por ser un gasto innecesario). Entonces, los conflictos no solo ocurrieron dentro de la escuela, sino que se dispararon a la dimensión política. Es decir, todo plan y política que ataque la desigualdad va a generar conflictos y resistencia a esa naturalización del orden de la desigualdad. Por tanto, esos conflictos vinieron a reducir la desigualdad de manera positiva.

Perfil

Nombre: Nicolás Welschinger

Profesión: Sociólogo e investigador

Investigador etnográfico

Obtuvo su licenciatura en Sociología y su doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). Es Investigador asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), el cual es una institución dependiente de la Secretaría de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina. Trabaja también como docente del Departamento de Sociología de la Maestría y el Doctorado en Ciencias Sociales. Ha publicado capítulos de libros y artículos en revistas científicas sobre desigualdades, tecnologías digitales y políticas públicas desde un enfoque etnográfico. También se enfoca en las técnicas de investigación social, a través de las cuales indaga los vínculos entre políticas públicas, industrias culturales y culturas populares, en particular las que habilitan los usos sociales de las nuevas tecnologías de información y comunicación en la región.

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