El Financiero

Privatización en Brasil debe salvar dos escollos

El gobierno de Bolsonaro alista reformas para reducir las deudas del país 

Petrobras. Plataforma petrolera en la Bahía Espíritu Santo.

Petrobras. Plataforma petrolera en la Bahía Espíritu Santo. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / AFP / Río de Janeiro (Brasil)

12:00 / 26 de diciembre de 2018

El plan privatizador del equipo económico del presidente Jair Bolsonaro en Brasil podría encontrar obstáculos en el núcleo militar que lo acompaña —cauteloso con los sectores estratégicos— y en el Congreso.

Paulo Guedes, economista liberal salido de la Universidad de Chicago, asumirá el ministerio de Economía el próximo 1 de enero. Durante la campaña señaló que esas ventas podrían aportar al Estado hasta un billón de reales (unos $us 260.000 millones). Pero no ha vuelto a mencionar esa cifra.

“Las posibilidades de privatizar son buenas, con activos que pueden venderse a precios favorables al sector privado. El punto aquí no es cuánto se gana con la venta, sino cuánto se reduce del gran monto de deuda pública”, declaró a la AFP el economista Alberto Ramos, del grupo financiero estadounidense Goldman Sachs.

El endeudamiento de Brasil pasó de 56,3% del Producto Interno Bruto (PIB) a fines de 2014 a 76,5% en octubre de este año y, según las proyecciones del Banco Mundial, sin reformas profundas podría llegar a 140% en 2030.

MEDIDAS. El programa del presiente electo del país manifestaba la intención de recortar los déficits y de “reducir la deuda pública en 20% mediante privatizaciones, concesiones” y la venta de propiedades públicas.

Bolsonaro, un excapitán del Ejército, habló de priorizar la venta de las empresas más subsidiadas. El futuro mandatario ultraderechista cuenta en su equipo con varios militares, entre ellos siete futuros ministros, que podrían representar un contrapeso al liberalismo desacomplejado de Guedes.

“Bolsonaro tiene un grupo civil y otro militar. El civil, con los ‘Chicago Boys’ (economistas neoliberales), tiene un deseo privatizador. Pero el núcleo militar le da un valor estratégico a algunos activos del país”, explicó André Perfeito, de la corredora Spinelli.

El economista admite que incluso “por un tiempo el mercado sintió escalofríos con la posibilidad de que un militar presida Petrobras”, la joya de la corona brasileña y empresa que busca salir de una crisis de corrupción.

Finalmente, la petrolera quedará en manos de Roberto Castello Branco, otro Chicago Boy. Pero el propio Bolsonaro frenó los ardores privatizadores de su futuro ministro, al decir que Petrobras puede ser privatizada “en parte”, pero que no se tocará su negocio principal de explotación de crudo.

Los bancos estatales Banco do Brasil y Caixa Económica quedan también fuera del paquete privatizador. Éstas son entidades que cubren sectores como créditos inmobiliarios, agrícolas o a población de baja renta.

No obstante, los especialistas recuerdan que el futuro Ministro de Economía buscará por todos los medios impulsar su plan de saneamiento de las cuentas públicas para devolver a Brasil, que sale a duras penas de una grave recesión de dos años (2015 y 2016) al “grado inversor” de las agencias calificadoras de riesgo.

“Creo que Guedes va a hacer una planilla con todo lo que necesita privatizar y va a salir a negociar, una por una”, dijo Perfeito.

En la lista han sido mencionadas la corredora del Banco do Brasil, la tecnológica Serpro y la empresa de Correos, que alguna vez fue considerada estratégica.

La privatización de Eletrobras, la mayor firma de generación y distribución eléctrica en América Latina, puede encontrar reparos por temas de seguridad nacional.

“Hay muchos militares cerca de Bolsonaro, empezando por el vicepresidente Hamilton Mourao (...). Eletrobras es una discusión sensible, porque es un tema estratégico, y allí vendrá un juego donde no sabemos quién ganará”, sostuvo Perfeito.

El gobierno actual de Michel Temer ya ha privatizado cinco de las seis distribuidoras de Eletrobras, y para algunos agentes del mercado se trata de darle continuidad a una agenda que viene de 2012, desde el gobierno de la izquierdista Dilma Rousseff.

“Pueden empezar con las compañías que no son rentables y altamente ineficientes y luego ir a sectores que demandan altas inversiones y recursos que el gobierno no tiene”, considera Ramos.

CAMBIOS. El actual ministro de Hacienda, Eduardo Guardia, explicó el 12 de diciembre que “faltó ambiente” para privatizar Eletrobras este año. “La privatización nunca es un asunto fácil, es siempre polémico, que genera divergencias y tiene que ser debatido”.

Algunas medidas privatizadoras más agresivas pueden requerir de una aprobación del Congreso, sumamente fragmentado. La agrupación de Bolsonaro, el Partido Social Liberal (PSL), es la segunda bancada, con apenas 52 de los 513 escaños en la Cámara de Diputados. La oposición de izquierda busca obstruir esos planes. Pero incluso entre partidos cercanos al oficialismo hay resistencias, tanto por posiciones nacionalistas como por una tradición de sellar alianzas mediante la atribución de altos cargos en empresas estatales, según analistas.

“El partido de Bolsonaro no está tan de acuerdo en privatizar y no tiene un buen operador político”, comentó Pedro Tuesta, economista para América Latina de la consultora 4CAST.

“Los recientes escándalos de corrupción han demostrado que las empresas estatales eran lugares excelentes para influir (...). En el pasado, el Congreso nunca estuvo muy interesado en apoyar una campaña de privatización profunda. Probablemente será una lucha política cuesta arriba”, cree el economista de Goldman Sachs.

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