El Financiero

Rosa Alegría: 'Si sigue este capitalismo, ‘los humanos serán subvaluados’'

La Directora del Proyecto Millennium de Brasil identifica los futuros escenarios que genera la tecnología, así como algunos de los desafíos que encaran los gobiernos y las sociedades del mundo para adaptarse a la nueva realidad.

La futurista brasileña Rosa Alegría

La futurista brasileña Rosa Alegría Fotos: Christian Calderón

La Razón (Edición Impresa) / Marco A. Ibañez / La Paz

00:00 / 09 de octubre de 2019

La brasileña Rosa Alegría fue una de las conferencistas que participó esta semana en el Futures Week, evento organizado por la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) con el objetivo de impulsar entre la sociedad civil y los futuristas más reconocidos del mundo una plataforma colaborativa y de cocreación que permita mejorar las ciudades de una manera amigable y sostenible. La visionaria conversó con La Razón sobre las oportunidades y desafíos que presentan los cambios que hoy generan  y que producirán las nuevas tecnologías.

—¿Si “el futuro ya está aquí” —como se afirma en el mundo— qué nos deparan las siguientes décadas a nivel tecnológico?

—El presente está impregnado en este momento del futuro, porque hay muchas cosas llegando muy rápido. Dicen que en los próximos 30 años vamos a tener más cambios que en los últimos 500 años. Es un fenómeno de macrotransición de la era industrial y de la información a la era posdigital de la automación completa, y eso significa que los humanos vamos a tener que cambiar profundamente cómo vivimos. Para ello hay dos caminos: sentir temor por eso y no hacer nada o reorganizar nuestras vidas, hábitos, trabajos y hasta profesiones (...). Tenemos que adaptarnos porque, si no hacemos nada, podemos tener muchas pérdidas. Por ejemplo, en una profesión que tiene potencial de ser reemplazada en los próximos 10 años por la robótica y la inteligencia artificial, hay que pensar qué de nuevo se puede hacer que no puedan hacer las máquinas. Eso es ver el futuro como oportunidad. Además, cuando elijas una profesión, deberás considerar que la tecnología te va a ayudar, hay que saber convivir con eso (...). Tiendo a ser optimista, no me gusta que la gente se asuste cuando se habla de cambios rápidos. Hay una oportunidad muy grande que nunca tuvimos en toda la historia: que las cosas que no nos gustan hacer, lo que es aburrido, pesado y hasta opresivo lo dejemos a las máquinas. Así que tenemos que ser muy inteligentes y saber convivir y no pelear con ellas. Veo una oportunidad más que una amenaza.

—¿La economía, entonces, se automatizará?

—Es un escenario. Con el Proyecto Millennium* hicimos una investigación sobre el trabajo y la tecnología para 2050 y establecimos tres escenarios. El primero es el colapso total. Si no hacemos nada, habrá 50% de desempleo (en el mundo). El segundo es una mezcla de algunas iniciativas que pueden equilibrar un poco la vida, pero no pasará nada extraordinario. Tendremos exclusión y amenazas de las máquinas, lo cual no es bueno. El tercero es el positivo: la economía de la autorrealización, cuando el humano completa sus actividades con la tecnología y hay un equilibrio. Los gobiernos se anticipan para crear nuevos códigos y contratos sociales para que no haya exclusión. Podemos ser felices si la sociedad se organiza para hacer cosas contra ese futuro amenazador. Es la era de la reinvención del humano. NdE. El Proyecto Millennium es una plataforma conformada por organismos de la ONU, gobiernos, corporaciones, organizaciones no gubernamentales y universidades con el objetivo de conducir la investigación de futuros globales en un esquema mundial.

—¿Qué pasará con la economía en el primer caso?

—Habrá crisis, lo cual ya está ocurriendo. Hay cosas que son inevitables. La desigualdad está creciendo, el capitalismo no ha podido compartir la riqueza, cada vez menos gente tiene más y más gente tiene menos. En la economía, en el capital financiero, vale mucho más invertir en máquinas que en gente. Las máquinas son baratas y productivas, y los humanos no lo son, porque son más creativos. Así que la tendencia de la economía está clara. Si seguimos en ese sistema, aumentará la desigualdad y los humanos serán subvaluados. Entonces, ¿qué harán los mercados si no hay gente para consumir? Así que se debe realizar una reorganización, un nuevo contrato social que permita que los humanos que están aislados de la producción entren al sistema. Hay experimentos en el mundo que empiezan a pensar cómo vamos a equilibrar el sistema económico para que no haya un colapso por el desempleo masivo (50% hasta 2050), como la renta básica universal en Italia, Canadá y algunos países de África. Si los gobiernos, las empresas y la población no hacemos nada, si toda la sociedad no se organiza, vamos a tener un escenario muy trágico. Por eso es muy importante pensar en el futuro. Tenemos la información y proyecciones para que podamos adelantarnos y crear las estrategias nacionales para que esto no ocurra.

—Este avance de la tecnología genera desigualdades...

—Seguro, las desigualdades con el cambio existen y las élites económicas tienen más condiciones de acceder a las tecnologías, aunque se debe considerar que el proceso de democratización de la tecnología fue el más rápido en la historia. Así que la desigualdad va a durar menos, la tendencia es que la tecnología pase a ser más accesible en menor tiempo. Siempre hay desigualdad en el comienzo de una nueva tecnología.

—Los países desarrollados tienen más posibilidades de aplicar ajustes frente a estos cambios, ¿pero qué pasa con países en vías de desarrollo?, como Bolivia...

—El mundo es desigual y el paradigma de lo que es riqueza debe ser revisado. En este mundo nuevo, si las máquinas ocupan el espacio productivo se tiene que revisar qué es un país rico y qué es un país pobre. Un país que tiene riquezas naturales, como Bolivia o Brasil, es privilegiado en el mundo frente a los que necesitan agua o biodiversidad. También se debe hacer una revisión de los parámetros económicos. La contabilidad de las naciones no pude basarse solamente en los objetos, industria y armamentos que producen.

Países sin armamento ni industria desarrollada no están en el mapa del desarrollo. El mundo no necesita armas, necesita vida, agua, naturaleza. Los indicadores económicos vigentes ya no sirven. Para el PIB vale mucho un mueble que se va a exportar, pero el árbol no vale nada. Tenemos que realizar una transformación radical de nuestras vidas y conceptos y de la economía; de lo contrario, vamos a tener cada vez mayor desigualdad y los países subdesarrollados van a sufrir más.

—¿Se viene el imperialismo tecnológico?

— Ya estamos. El futuro para nosotros no es el destino, tenemos que elegir caminos y tenemos que trabajar para eso (...). Sí hay un colonialismo de futuros y, de repente, el futuro pasa a ser una profecía de empresas poderosas, de los gigantes económicos del mundo que establecen que el mundo va a ser de la robótica, de las máquinas. Y lo que pasa es que la sociedad se deja someter a este futuro colonizable y deja colonizar su mente con futuros de otros. Hay mucho miedo en la sociedad con este desempleo, con las máquinas, con la tecnología, lo que viene del capital financiero. Ellos emiten profecías y la media (los medios de comunicación) expone lo que dicen. Bolivia y Brasil tienen sociedades creativas y riqueza impresionante. Tenemos que crear gobierno y políticas públicas que favorezcan la creatividad de la gente. El futuro no puede ser uno. El futuro de los robots es el futuro de Google o Facebook, pero hay otros futuros como el del bien vivir, el de la gente feliz y creativa (...). No podemos seguir el futuro dicho por dos o tres grandes magnates del mundo.

— Cada país entonces debe definir su rumbo tecnológico...

—Claro que sí, tiene que definir su identidad, porque hay un colonialismo impresionante que no va ser bueno para todos. Un futuro que dice que las máquinas van a sustituir al humano no es bueno para nadie. Tenemos que responder a eso creando caminos. Pero los gobiernos no piensan en el futuro. El futuro existe por cuatro años porque cambian los presidentes. Las naciones no tiene planeamiento a largo plazo y América Latina es impresionantemente refractaria al futuro. No se hace planeamiento en nuestros países y ese es un peligro, porque podemos seguir el camino de los ricos.

Perfil

Nombre: Rosa Alegría

Profesión: Futurista

Cargo: Directora del Proyecto Millennium en Brasil

Una de las futuristas más reconocidas en Latinoamérica

Aparte de ser pionera en el futurismo en Brasil desde hace 18 años, es una de las tres mujeres futuristas más reconocidas en América Latina. Es máster en Ciencias de los Estudios sobre el Futuro de la Universidad de Houston y especialista en Sostenibilidad del Schumacher College (Inglaterra), en Creatividad del CCL Center for Creative Leadership y en Gestión Global del Morehouse College. Además de desarrollar una startup de relaciones intergeneracionales saludables y creativas en organizaciones, sociedad e internet (Pangera), se desempeña como consultora, oradora y facilitadora de procesos de innovación en Brasil y en todo el mundo. Ha trabajado también en grandes corporaciones en el sector de Comunicación y Responsabilidad Social.

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