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El Adiós del Titiritero de Banfield

El creador argentino Sergio Mercurio se despide de la trilogía nacida en Bolivia hace 25 años, con una gira.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas Saldías

00:00 / 02 de octubre de 2019

El sueño de Sergio Mercurio partió de Banfield. Era 1992 y el joven argentino ansiaba recorrer el mundo con su arte. Se trazó un objetivo: llegar hasta México. El viaje fue más bien lento, pues implicó atravesar 14 países en los que se nutrió de historias, experiencias y técnica. El Titiritero de Banfield nació y se estrenó en Bolivia en 1995, tras su paso por el Teatro de Los Andes. Aquí nació la trilogía que se complementa con En camino y De Banfield a México, trilogía que no volverá a montarse más, porque el Titiritero de Banfield se despide definitivamente con dos funciones, el 8 y 9 de octubre en el Teatro Nuna (c. 21 de Calacoto 8509) a las 20.00, en el marco de la quinta versión de NunaFest.

— Han pasado casi 25 años desde que nació el Titiritero de Banfield ¿Por qué despedirse ahora?

— Se despide porque su tiempo ya pasó. Su existencia no dialoga más con el presente. Está a un minuto de ser una pieza de museo. “Al juego hay que matarlo antes de que muera”, esa fue una de las pocas cosas que aprendí mientras fui profesor de Educación Física. Esto es lo esencial. También podría agregar que se termina el Titiritero de Banfield porque sino, él va a terminar conmigo: ya no tengo edad para estar hablándole a Bobi. La abuela  Margarita ya se parece más a mi madre que a una abuela y la realidad es que mis personajes ya no existen más, son seres antiguos, del milenio pasado. ¿Quién puede encontrar a Cacho en algún bar, fumando y hablándole a su perro? Esa bohemia no está. Hay que tener en cuenta además que creé al Titiritero de Banfield cuando tenía 24 años, ahora le doblo en edad, no puedo representarlo más, se nota que actúo. Corro el riesgo de convertirme en la caricatura de mí mismo. Si bien siempre supe que no podría sostener a Bobi hasta hacerme viejo, hoy siento que estoy corriendo un riesgo muy grande y es que Bobi se compadezca de mí. Forzarlo a que me entienda es matarlo. Por todo esto, me despido.

— ¿Cómo ha cambiado el Titiritero en todos estos años?

—El Titiritero de Banfield nació en Bolivia en 1995 y creció en América, Europa y África. Entendió el lenguaje y fue lo más lejos que podía a nivel técnico. El Titiritero me ayudó a andar, me dio de comer, compró mi casa y sostuvo económicamente a mi familia. Me dio alegrías y al parecer se quedó en la pupila de algunos. Yo aprendí a vivir en el mundo siendo titiritero, pero artísticamente el Titiritero es mi juventud. Yo tengo otros horizontes ahora y ninguno es seguir siendo titiritero.

Además, el mundo cambió. No hay más viajeros como los que yo fui. Ha cambiado mucho. Lo que construí no tiene espacio en este tiempo, porque habla de algo que no existe más. Tengo la sensación de que podría haber logrado más, llegado más lejos, ido a más lugares. Siempre aparece la sensación de haber podido ir más lejos, llegar a donde nadie llegó, pero no tengo más tiempo para eso. Hice lo que pude.

— ¿Cómo es el humor en estos tiempos? ¿Ha cambiado?

— El humor cambió como siempre cambia. El humor cambia, la tragedia no. Por eso, los clásicos son todos dramas. El celular y las redes sociales cambiaron el mundo. Traten de encontrar hoy una persona que te diga que estuvo aburrida. Internet ha entregado la droga más exitosa, las personas no se aburren y se creen el centro del universo. Para mí, internet ha permitido que venza la hipocresía. Hay que dejar dicho vanalidades todo el tiempo. La privacidad y el aburrimiento se han ido. Traten de encontrar una persona que no tenga opinión sobre algo. En internet no existe el botón “no sé” o el “voy a pensarlo”. Internet le trajo la navaja al mono. El público como ser expectante ha empezado a desaparecer. Cuando yo empecé a trabajar rompí la cuarta pared del escenario para bajar y provocar al público, para moverlo, emocionarlo, lo hice subir al escenario.  Hoy en día el público ha empezado a invadir el escenario sin que nadie se lo pida. Internet nos quiere enseñar a dar opinión de todo, incluso sobre aquello de lo que no tenemos la mínima idea. Hay una gran parte de seres que creen que esto es una necesidad verdadera.

La mayoría de los comediantes han debido cambiar. Como ciertas minorías han empezado a revalorizarse es difícil tocar asuntos en este momento. Por un lado, es un avance, las mujeres ganan un espacio. Pero el tema es que la única minoría que sigue siendo el blanco perfecto del humor son los pobres y ese nunca ha sido el foco de mi humor. Yo siempre he hecho humor sobre mí mismo, sobre los que yo consideraba mis iguales.

No hay que ser inocente, el humor siempre se ha basado en el preconcepto y en el maltrato de las minorías. Los judíos, las mujeres, los negros, los indios, los artistas. Mi desafio de este tiempo es cómo hacer un humor que desestabilice el nuevo statu quo. ¿Cómo es este tiempo? Creo que si algo nos trae de novedad este tiempo es la esclavitud voluntaria. Como hacer humor con esto, aún no lo sé.

— Bobi, Virginia, los viejos… ¿desaparecerán estos personajes del todo?

— El día del entierro del Titiritero los personajes que compusieron la trilogía se irán. Pero yo no sé a dónde, supongo que volverán a un lugar donde yo los encontré. Soy incapaz de matarlos, al único que puedo matar es al Titiritero, es mi responsablidad hacerlo. A mis personajes los voy a dejar ir porque no pueden vivir más en este tiempo. Este tiempo no les pertenece. No hay jóvenes como Bobi hoy en día, que dicen lo primero que les viene a la cabeza, lo políticamente correcto ha entrado al continente con el afán de transformarnos. Los borrachos como Beto son detenidos por la policía y desaparecen. Virginia es incomprendida hasta por las feministas. La bruja Caca no reclamaría a Dios, solo postearía en Facebook.

El espectáculo Viejos se quedará porque forma parte de un trabajo que hice después de la trilogía, de mi viaje por América como titiritero y porque aún creo que puede sobrevivir un tiempo. Viejos de mi…, mi último trabajo, que aún no he podido presentar en Bolivia, es el espectáculo que entiendo que más se parece a lo que haré de aquí para adelante. Mezclarlo todo. Todo, y devolverlo.

Ahora estoy tratando de arriesgarme más y meter la ciencia, la filosofía y la docencia en lo que haré. Voy a volver a intentarlo, si no lo logro, siempre va a existir la posibilidad de poner una ferretería.

— ¿Qué ha sido Bolivia en su carrera ?

— Bolivia es mi comienzo, para mí era muy importante que mi despedida también suceda en Bolivia. Allí empezó el Titiritero de Banfield y ahora allí terminará.

—¿Qué se podrá ver en las presentaciones que hará en Bolivia?

— En esta despedida, tanto en Santa Cruz, Cochabamba, Sucre y La Paz, veremos esencialmente el espectáculo que nació aquí y los otros dos con los que recorrí el mundo.

— Mercurio es un artista completo: teatrista, cineasta, escritor, formador… ¿Qué nuevos proyectos encarnará?

— Lo que estoy empezando a ser aún no sé cómo se llama. He pensado en algunos nombres, me gustaría un nombre que se vincule a un oficio. Sé que inevitablemente voy a insistir en comunicar lo que siento de este tiempo y lo haré de la manera que pueda. Cuándo yo empecé a hacer lo que ahora dejo no existían los títeres para adultos, era solo una provocación y un paseo de algunos artistas, pero no una profesión. Yo la he sostenido más de 25 años. Si la dejo es también porque voy hacia algo mayor y más pequeño también. Pero no sé el nombre; creo que el mundo no necesita más especialistas. Quiero ser alguien que sigue viendo cosas y, como no puede mantenerlas en su cuerpo, las transforma y las devuelve.

—¿Cómo es que se dedicó de lleno a la formación de artistas?

— El proyecto en el que estoy sumergido ahora es una escuela virtual. Me he caracterizado por siempre atacar las universidades de arte, las escuelas de arte y he caído como la mayoría, transformándome en aquello que detestan. La escuela online la abriré oficialmente en diciembre y será mi página. No puedo negar lo que la mayoría de las personas optan. Mientras tanto, estoy dirigiendo espectáculos de otras áreas, ahora he empezado a dirigir un espectáculo de danza. Lo que siento que evidentemente ocupará la mayor parte del tiempo de trabajo es la literatura, espero el año que viene terminar de escribir una novela en la que vengo trabajando hace tiempo.

Yo dicto desde hace 10 años un taller retiro para buscar la propia poética. Lo hice porque mi esposa me insistió. Me dijo: “vos planea exactamente lo que querés hacer, nada más. Yo me encargo de conseguir el lugar y la gente”. El año próximo serán 11 años que doy mi taller retiro 5 principios para el comienzo, en busca de la propia poética. Han pasado más de 100 personas por él y me alegra haber confluido en diversos procesos literarios, teatrales, cinematográficos y de danza.  Me alegro también de que algunos seres hayan desistido de lo que querían hacer y que hoy estén contentos con esa decisión.

— ¿Qué clase de artistas cree que son los que hacen faltan hoy?

— Los artistas que faltan son siempre los mismos. Faltan Van Gogh, Jaime Sáenz, Salarrué, Juarroz, Ak’abal. Necesitamos más Joe Sacco y más Kapuścińskis. Necesitamos a Spinoza. Necesitamos más brujos que ven el presente y futuro, y te lo muestran mágicamente. Necesitamos seres que nos muestren una mentira que parezca más real que todo lo que vivimos.

— ¿Cómo se despide Mercurio del Titiritero de Banfiel? ¿Qué le dice?

— Al Titiritero le digo muchas gracias y le doy un abrazo boliviano. Palma contra palma, en golpe y estremecimiento, ante el abrazo que encuentra al pecho.

El universo de Sergio mercurio

Actor, titiritero, director de teatro y de cine, escritor y educador. Sergio Mercurio nació el 1 de enero de 1968 en Banfield, localidad ubicada al sur de Buenos Aires, Argentina.

Desde 1992, realiza espectáculos de títeres para jóvenes y adultos. Se ha presentado en América, Asia y Europa. Incursionó en la literatura y dirigió dos filmes. Dicta una residencia retiro anual.

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