Escape

Ajayus del Municipal

Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez. Foto: Sergio Alavi

Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez. Foto: Sergio Alavi

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Alavi y Mabel Franco / La Paz

00:00 / 01 de noviembre de 2017

El tío Ubico, el espíritu del actor y director boliviano Wenceslao Monroy, es solo uno de los fantasmas que se dice que pueblan el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez de La Paz. Este 31 de octubre, actores y actrices se pondrán en la piel de 10 artistas que hicieron del escenario su hogar, en un paseo por los rincones del edificio construido desde 1834 y estrenado en 1845, evocando su alma.

Ajayus: una noche con espíritus de verdad un homenaje a los guardianes de las tablas, en recorridos de 20 minutos desde las 19.00 hasta las 23.00.

Se trata de una producción del Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez, 21 & 21 Productora y la Secretaría Municipal de Culturas. Y como adelanto, en estas páginas, testimonios del personal y exfuncionarios de este espacio sobre sus experiencias sobrenaturales.

EL PIANISTA

Una tarde, al pasar por la puerta de la platea, escuché que alguien tocaba el piano. Por curiosidad, entré y no vi a nadie, pero seguí la música que salía de la fosa. Bajé las gradas y vi a un pianista. “Qué hace usted aquí”, le dije y entonces noté que me sangraba la nariz. Corrí al baño y luego comenté con mis compañeras lo del extraño. Fuimos juntas a pedirle que explicara su presencia, pero no había nadie, ni siquiera el piano que, en realidad, no podría llegar a esa fosa pues no hay manera de cargarlo desde el escenario. No me creyeron, pero yo sé lo que vi y escuché. Desde entonces, no me quedo sola en el teatro ni por todo el oro del mundo. Inés, aquillera

PISADAS

Una noche, ya muy tarde, mi compañero y yo nos disponíamos a salir del teatro; éramos los últimos, excepto por la señora guardia. Escuché entonces fuertes pisadas en el corredor de anfiteatro y pensé, sin decirlo, que era ella, pero cuando mi compañero y yo la vimos en su cuarto, que está cerca de la puerta de salida, nos miramos asustados:“¿Has escuchado?”, le pregunté. “Sí, qué jodido”, me dijo él. Fermín, sonidista

EL TROPEZÓN

Bajaba las gradas que llevan de los palcos al hall del teatro, llevando varios archivadores. Mis pies se enredaron y caí… bueno, no llegué a caer pues alguien me sostuvo de la chaqueta. Pensé que era un compañero y me di la vuelta para agradecerle, pero estaba sola. Fátima, exsecretaria

¡AL LADRÓN!

Cierta noche recogí el dinero de la boletería y me dirigí a mi oficina, como hacía siempre. Era como las 22.00 y, al llegar al hall del actual Teatro de Cámara, que antes era una sala de ensayos, me encontré con un desconocido. Me paralicé y él miró el dinero en mis manos. De pronto, oímos los dos los pasos de una persona en el corredor, fuertes y firmes. El hombre salió corriendo por la puerta trasera del teatro y yo pensé que era mi jefe quien me había salvado. Pero no había nadie; el director de entonces se había marchado a su casa. Estoy segura de que el tío Ubico me salvó. Lydia, exrecaudadora

TRAVIESO

Estaba haciendo mi ronda nocturna, cuando ya no quedaba nadie en el teatro. Ya estaba acostumbrada a que el Tío toque la puerta de mi cuarto por la madrugada; pero esta vez me asustó tanto que me quedé largos minutos quieta y en la oscuridad total: ocurre que al pasar por el baño de varones del área de artistas, escuché que allí adentro comenzó a funcionar el secador eléctrico de manos: estuvo mucho pero mucho rato sonando. Guardia municipal

EL HOMBRE DE NEGRO

Acabada la función, nos quedamos el jefe de tramoya, el guardia y yo para hacer unos ajustes en el escenario. Subí a la parrilla para acomodar un telón de fondo y desde allí divisé a un hombre de negro en el pasillo lateral izquierdo, abriendo uno por uno los camerinos. Pensé que podía ser el guardia; pero cuando noté que el hombre se perdía en el camerino J, que se dice que es del Tío Ubico y por eso no lo usan los artistas, divisé al guardia en el escenario. No recuerdo cómo bajé pero aparecí a su lado. David, ayudante de tramoya

EL OTRO

Una noche, muy tarde, estaba ayudando al tramoyista Lucio para concluir con un montaje. Estábamos solo los dos. Él me pidió que subiese a la parrilla para colgar unas telas. En eso estaba, cuando vi pasar a Lucio y meterse en el entretecho, el que está encima de la platea. Le hablé, pero no me contestó y solamente se quedó parado en la oscuridad, al fondo. En eso escuché la voz del tramoyista desde abajo, desde el escenario, llamándome. No tengo idea de cómo bajé. Carlos, escenógrafo

EL EMPUJÓN

Estaba solo en la cabina de luces haciendo la prueba para un grupo musical, cuando sentí que alguien estaba detrás de mí; no me di vuelta, ni pensé en hacerlo, pues supuse que era uno de los compañeros técnicos. Continué trabajando en la consola, cuando alguien me dio un golpe en la espalda tan fuerte, que caí de la silla. Miré a todos lados para saber quién era la persona tan atrevida, pero yo estaba solo, solo. Pedí mi cambio y me fui a otro espacio; no volví a pisar el Municipal jamás. Técnico de luces

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