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Alasita

Alasita. Foto: La Razón

Alasita. Foto: La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Monroy Chazarreta / La Paz

02:36 / 17 de enero de 2018

Hoy entierro los dolores, barnizo los humores, el corazón palpita/ esquivando trancaderas, cambistas y problemas voy a las Alasitas/ llueve mistura a las doce, pintando la rutina, cambiamos el planeta/ a ch’allar la esperanza, un api atigrado circula por mis venas”… Así inicia la canción que compuse para la Alasita y para el Ekekito, allá por 1996, hace 20 años y que ahora se ha convertido en la banda sonora de la fiesta anual.

Para nosotros los paceños de La Paz, la Alasita es tan relevante como la Navidad. Por algo la fiesta se llevaba a cabo antiguamente el 21 de diciembre, en el solsticio de verano. Vislumbro tres etapas en esta bella historia: la primera, hace miles de años en pleno Tiwanaku, con un ritual profundo dedicado a las deidades para que provean alimentos en abundancia y otorguen fertilidad. Dicen los que saben que la deidad principal del añejo periodo es el Ekhako, representado por la figura de un indígena con joroba (¿o sería su k’epi?). Se lo puede ver en los museos paceños, hecho en metal o en piedra negra basalto, los miles de años no pudieron con él.

Esta etapa va más o menos hasta 1550. Luego de la fundación española de Nuestra Señora de La Paz, la feria va llegando a la hoyada, el Ekhako causa iras a un obispo amargado que prohíbe el ritual declarándolo indecente y reñido con la moral judeocristiana. Entonces se inicia la etapa del amuki, del silencio aymara de resistencia, 200 años de ritual clandestino, hasta dar con la tercera etapa que se inicia en 1781, con el cerco de Tupak Katari y su esposa Bartolina Sisa, los pioneros en rebelarse contra la brutal colonia.

Se cuenta que el cerco de Katari fue radical, los españoles y criollos de la hoyada morían de hambre y sed. Los empleados aymaras del alcalde paceño de la época le salvan la vida con alimentos originarios bien almacenados: la quinua, el tarhui, la coca, la quinua, el mote salvaguardan la existencia de Don Sebastián Segurola y familia. Cuentan los que saben que el alcalde pregunta a los sirvientes de dónde viene el milagro de los alimentos, lo llevan a un k’atu clandestino, allí los aymaras le presentan al Ekhako que guarecía severamente estos alimentos prodigiosos. Segurola, agradecido, decide reiniciar la festividad, el rito, la feria trasladándola al 24 de enero y enlazándola con la fiesta de la Virgen de La Paz. Entonces nace el Ekeko mestizo que dicen se parece a él, regordete, con cara de Jorge Negrete. Esta etapa podría ir de 1783 a la actualidad, más de 200 años de feria de Alasita, conservándose la pulsación sagrada de pedir cositas, abundancia, fertilidad, alimentos, además de ser escenario de las miniaturas de los hábiles artesanos paceños.

Hoy urbanizado, el Ekeko es nuestro rey mago mayor y ha extendido su reinado a toda Bolivia, Perú, Argentina, Chile, Brasil. En Ecuador logramos con nuestra embajada, en alianza con los estudiantes bolivianos de la Flacso, realizar la festividad desde 2011, éramos unos 30, ahora crece el acto, el año pasado fueron 600 hermanos ecuatorianos efectuando con mucha fe y respeto nuestra ritualidad.

Este año nuestra Alasita tendrá un carácter muy especial, la festividad ha sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Los paceños estamos orgullosos y felices, la decisión fue asumida en la Sesión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, que se realizó en Jeju, Corea del Sur, y donde se inscribió un total de nueve elementos culturales nuevos, entre ellos la Alasita de Bolivia.

En esta Alasita quiero pedirle al Ekeko que nos dé cositas, pero que también nos otorgue virtudes: amistad verdadera, corazón abierto, unidad y dignidad. Ekekito, papito, guagüita de pecho, danos abundancia desde el fondo de nuestras almas y no solo con las cosas de afuera. Camiones, licuadoras, refrigeradores, k’atus, títulos, viajes, dólares, euros, bolivianos, argentinos, televisores, living, comedor, dos cuartos, línea telefónica, hectáreas, chevas, te vamos a pedir. Pero también hectáreas de amor, kilos de lealtad, toneladas de agradecimiento, respeto y entendimiento.

Además quiero comprar pasaporte, viajar al Polo Norte, pasaje con su visa, quiero raspadillo de canela, anticucho matapena, enterrarme en masitas, quiero cóctel de soya, cinco cero, ¡chico bolas!, negrito de alcancía, plato paceño picante, gomero bien galante, ¡suerte sin blanquitas!Porque mi pueblo no necesita de una isla de la fantasía donde se cumplan sus sueños, para eso está: Alasita, a la plena, Alasita, rebaja casera, Alasita, alarila, ¡sé que el Ekeko ya cambió mi vida!

  • El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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