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Altruismo SALVAJE

Especies de animales demuestran un sentido inexplicable de solidaridad.

Ayuda. La solidaridad no es un valor exclusivamente humano, los animales también se ayudan entre ellos, como esta mantarraya que guía a un pez en las profundidades del océano. Foto: Internet

Ayuda. La solidaridad no es un valor exclusivamente humano, los animales también se ayudan entre ellos, como esta mantarraya que guía a un pez en las profundidades del océano. Foto: Internet

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Cusó / El País

00:00 / 23 de abril de 2017

La naturaleza de las madres es sobrecogedora. Su devoción desata la espiral de la vida, hasta el punto que, en ciertas ocasiones, se suicidan en pro de la descendencia. La hembra de pulpo de Graneledone boreopacifica protege los huevos durante 53 meses —el periodo de incubación más largo documentado—. Cuanto más tiempo dura, más se desarrollan los embriones. Aumentando el tamaño, la probabilidad de ser depredados en el océano disminuye. Tan pronto eclosionan los huevos, la madre muere exhausta. Otras madres incluso dan un paso más; se dejan comer. Diaea ergandros, una especie de araña cangrejo, provisiona a sus crías con huevos sin fertilizar y con su propia carne. Las caníbales matricidas crecen más grandes y fuertes. Las madres por sus hijos matan y se dejan matar.

La solidaridad, algunas veces, sucede más allá de la maternidad. El vampiro común se alimenta básicamente de sangre. Su demanda fisiológica le impide estar más de 70 horas en ayuno. En las noches de hambruna, los desafortunados solicitan alimento a los que han podido comer. Éstos expulsan sangre a los parientes cercanos. Por regla general, a medida que el parentesco se estrecha, más patente es el respaldo.

Altruistas. En la Antártida existe un pingüino que canta por las noches a los bebes focas, para que no se sientan solos.

En la naturaleza, apoyar a los tuyos significa, indirectamente, apoyar a tus genes. Pero los vampiros no solo ayudan a los familiares, también a sus vecinos de la colonia. En las relaciones bidireccionales se pueden dar cuatro casos: beneficiado (me das, te doy), altruista (no me das, te doy), egoísta (me das, no te doy) o rencoroso (no me das, no te doy). La colaboración continua es la táctica más estable y beneficiosa para ambas partes. No obstante, si uno sigue cooperando y el otro no, la máxima recompensa es para el embustero. Por eso, el engaño es una estrategia fructífera en el juego de la supervivencia. Entre especies diferentes también se establecen vínculos y artimañas.

En el desierto del Kalahari, la relación entre los suricatos y el drongo tiene sus altos y sus bajos. El pájaro negro está en alerta y listo para advertir la presencia de depredadores. Excepto cuando miente. Entonces, el pícaro emite una falsa alarma. Mientras los suricatos se refugian, el drongo se apodera de la comida de sus víctimas. Aún así, si lleva esta táctica al límite, nadie le cree la enésima vez. Ante las adversidades, el mentiroso encuentra otra forma de mentir. El drongo imita la alarma del suricato centinela y el clan cae de nuevo a la trampa. En las cooperaciones hay normalmente un intercambio de recursos o servicios (dentro o entre especies, a largo o corto plazo) que se mantiene por interés mutuo. La alianza entre especies es recíproca, hasta que ya no lo es. Hay casos en los cuales el benefactor no tiene ningún interés aparente.

Los lobos también manifiestan signos de un altruismo inexplicable con los suyos.

En 2008, dos cachalotes pigmeo —madre e hijo— se quedaron varados en una playa de Nueva Zelanda. Tras el fallido intento de distintos voluntarios, un delfín se acercó para guiarlos a través del banco de arena hacia el mar abierto. En 2011, unos científicos vieron el auxilio opuesto en las Azores. Una familia de cachalotes había adoptado un delfín con la columna vertebral torcida.El infiltrado viajaba, comía y jugaba con los gigantes. Puede ser que su tamaño confundiese el instinto maternal del matriarcado. O quizás, simplemente, no era considerado una amenaza.

En mayo de 2012, unos investigadores observaron un grupo de ballenas jorobadas impidiendo, con colas y aletas, que unas orcas se comieran una cría de ballena gris. La vigía duró seis horas y media, pero de nada sirvió, la cría ya estaba muerta antes de su llegada. La protección podría ser causa de un vieja riña entre las ballenas asesinas y las jorobadas. Los adultos con cicatrices suelen ser los que se enzarzan con las orcas. Estas marcas de por vida son fruto de los ataques que sufrieron de pequeños por las mismas. Bajo este trauma y el instinto protector, las yubartas socorrieron la cría de ballena gris. Aunque es posible que no fueran conscientes de la identidad foránea del rescatado.

El vampiro común se alimenta básicamente de sangre que comparte con sus parientes cercanos.

En biología, el altruismo significa sacrificar el bienestar de uno mismo para beneficiar a un tercero. Esto cobra sentido cuanto más cercano sea el parentesco, cuando el linaje está en juego. Pero más allá, Darwin sugirió que el descubrimiento de altruismo entre especies desmontaría su teoría de la selección natural. Además, muchos científicos defienden que no hay una intención consciente en el altruismo animal. Aparentemente, no hay voluntad de ayudar ni desinterés. Si el lazo familiar es débil, el apoyo es un malentendido o se espera retorno. Los favores se devuelven, el verdadero altruismo queda en entredicho. La pregunta es: ¿y en los humanos?

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