Escape

Anibal Romero Sandoval. Médico

De niño, desde la cama de enfermo, descubrió su vocación. Trabaja en Emergencias de dos hospitales y, en su tiempo libre, escribe sobre males y pacientes famosos.

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 16 de diciembre de 2012

El pequeño Anibal era muy enfermizo, dice el grande. Se pasaba meses internado en un hospital. Neumonía, pulmonía, lo que tuviese que ver con el aparato respiratorio. “Veía cómo se trabajaba en ese lugar, los desvelos, las guardias”. El pequeño se planteó entonces estar del otro lado algún día y decidió así la suerte del grande. 

Anibal Romero Sandoval es médico general, jefe de la sección de Urgencias del hospital Los Pinos, área en la que también trabaja en el hospital Arco Iris.

El día de la entrevista está libre. Algo resfriado, se queja, pero más que por los síntomas, debido a la certeza de que “a los pacientes no les gusta ver a un médico enfermo”. Y añade, no se sabe si en broma o en serio: “como a mí no me gustan los pacientes sanos”.

“Lo más sublime, e importante, en este trabajo es calmar el dolor ajeno”, responde el médico a la pregunta de si ser doctor todavía da estatus, en un país que ha visto a estos profesionales protestar en las calles como cualquier hijo de vecino. Y entonces se deduce que lo dicho sobre los “pacientes sanos” es nomás una broma.

Anibal está encantado con su profesión. Dice que cuenta los minutos para entrar de guardia y le sorprende que sus colegas reclamen por ello.  Ocurre que no saber qué caso va a llegar es como para no aburrirse nunca, se entusiasma. En Emergencias, este médico halla los sobresaltos, la premura para responder ante una persona herida, como “muy estimulante”.

Casado con Maribel Montero, auditora, tiene una niña, María Renée, de cuatro años. Ellas logran arrancar de ese mundo tan apasionante a un hombre que dice tener, como ocurre con los médicos, una vivencia distinta del tiempo: “madrugada, mediodía, lunes... todo pierde sentido para quien transcurre entre guardias (de día, de noche) y momentos en los que no hay que ir al hospital”.  

El día libre lo pasa en su casa miraflorina, donde lee, analiza y busca el diagnóstico que necesita para alguno de sus pacientes. Pero además, desde hace casi un año, escribe para la revista Escape sobre enfermedades que aquejaron a personas famosas. “Leí a Bram Stocker y las características de los vampiros, lo que me recordó las porfirias, enfermedad de la sangre, de la hemoglobina, que hace que el paciente sufra hipersensibilidad a la luz solar o que se presente velo facial y demencia”. Si esa molécula se expone al sol, “le salen unas ampollitas; Drácula, Hombre Lobo, todo sale del mismo caldo de cultivo”, resume el Anibal grande que a ratos parece el pequeño.

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