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Antonio Gandarillas

Salió al extranjero para completar su formación y retornó a Bolivia para investigar sobre especies de plantas originarias. Desde marzo es miembro de la Academia Nacional de Ciencias. Fitopatólogo

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 08 de abril de 2012

Antonio Gandarillas Antezana reside en su tierra natal, Cochabamba, después de haber vivido en diferentes países, casi siempre por estudios. “Cada vez el mundo se hace más chico, de alguna manera, y uno tiene la opción de viajar”, dice. Ha estado en Honduras, Perú, Argentina y Estados Unidos. A finales de marzo pasó por La Paz para ingresar formalmente a la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia (ANCB). Este cochabambino es fitopatólogo o, dicho con otras palabras, algo así como el doctor de las plantas; aunque, desde hace más de 20 años, su labor principal es liderar la Fundación Proinpa. Ésta trabaja por la seguridad alimentaria y el uso sostenible de los recursos naturales.

El doctor autodefine su labor en la fundación como el punto de unión entre la administración de la investigación y el investigador. “Tengo menos tiempo para ser el investigador que mete las manos en la tierra”, explica. Con esta institución ha desarrollado trabajos sobre productos tradicionales como la chirimoya, el maní, la papa o la quinua. Está precisamente trabajando para que este cereal (orgánico) cumpla con las normas del mercado europeo, que puede generar importantes ganancias al país.

Alto, de ojos claros y con algunas canas en el cabello y el bigote, Gandarillas siente que es un “honor” entrar a la ANCB, una casa que le resulta familiar: su padre, que era agrónomo, también formó parte de ella. Opina que la academia está muy activa en La Paz, pero no así en los otros departamentos. Su intención es dinamizar la institución en Cochabamba, para fomentar el ingenio investigador en “un país con poca inversión en talentos para la investigación”. Compara la ciencia con uno de sus deportes favoritos, el ráquet, con el que “le va bien a Bolivia”. Para él, esto es un ejemplo de que, con un poco de inversión, se puede lograr éxitos a nivel de país. El fútbol también le apasiona, y se declara seguidor de The Strongest. Dice de él mismo que, a sus 55 años es deportista, aunque más por socializar.

Otras pequeñas cosas de la vida que le entusiasman son las danzas tradicionales, especialmente el t’inku y la diablada, por la “fuerza andina” que le transmiten. “No tengo muchas aptitudes para el baile, pero sí soy entusiasta”. Además, le gusta disfrutar de guitarreadas en buena compañía.

Se siente un hombre afortunado: “He tenido la suerte de hacer lo que me gusta”.

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