Escape

Artistas de yeso

Abandonaron sus profesiones para dedicarse de lleno al trabajo del molde.

Réplicas. Severo Chuquimia posa con algunos de los trabajos que se realizan en el taller, los que son comercializados en las calles paceñas. Foto: Pedro Laguna

Réplicas. Severo Chuquimia posa con algunos de los trabajos que se realizan en el taller, los que son comercializados en las calles paceñas. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Micaela Villa

00:00 / 22 de marzo de 2015

No hay objeto alguno que no puedan diseñar y crear. Hay para todos los gustos, estilos de vida y ocasiones especiales. Desde cada una de las piezas de la dentadura humana, vientres descubiertos para estudiar en detalle a un bebé en gestación, órganos humanos como el corazón, recién nacidos que mueven sus articulaciones, variedad de chanchitos-alcancías, y hasta las réplicas de famosos dibujos animados como Angry Birds, Angry Birds Star Wars, Plantas vs. Zombis, The Minions, los Huevocartoon y otros.

Año… 1985. Él licenciado en Contabilidad y desempleado, y ella titulada de la carrera de Enfermería y funcionaria por ochos años en un nosocomio. Los esposos Chuquimia para ese entonces tenían casi cinco años de casados, y como no les abastecía el sueldo, más aún con sus primeros retoños —son cinco en total— que debían cuidar, dieron fin a sus profesiones para enfocarse solo en su nueva meta: ser artesanos de yeso y viajar vendiendo sus trabajos, así nació el Taller Cre Art (Creaciones artesanales en yeso) Lluvia de Oro.

Aunque un poco renuente al principio, la mujer, Amanda Ticona de Chuquimia, se vio obligada a abandonar su empleo. “Yo mismo redacté su carta de renuncia (al hospital) en una máquina de escribir de ese entonces”, cuenta muy sonriente el propietario, Severo Chuquimia. “Tuve otros trabajos de contabilidad con un salario mensual, pero me pagaban lo mínimo, como Bs 400 por medio tiempo. Un día decidí dedicarme exclusivamente a la artesanía”, prosigue. “¿Si me arrepiento de mi decisión?, absolutamente no”, interviene Amanda.

Alineados y enderezados tal cual una parada militar, los próximos trabajos que serán vendidos se exponen en repisas dentro del taller que el artífice invita a Escape a conocer, en la zona 8 de Diciembre de Alto Sopacachi. Resaltan los colores rojos, que se mezclan con amarillos intensos, y se fusionan con los negros y verdes que dan vida a los personajes creados. De este trabajo se encarga Milka Chuquimia, la menor de la familia y futura odontóloga.

Ella pinta a diario desde que tiene conocimiento. Cuando el trabajo se hace dificultoso, les da color a unas 15 figuras de yeso, pero si son más prácticos, como los Andry Birds —ejemplifica Milka—, termina hasta con 80 pajaritos por jornada.

“El pintar es mi pasión y es mi talento, esto me ayuda mucho, pues trabajo con mis manos, y cuando termine la carrera tendré más paciencia y seré más cuidadosa con mis pacientes cuando se trate de su estética (dental), pues no debo fallar ni por un milímetro en pasarme de las líneas”, señala la joven, mientras tiñe finamente, protegida con un barbijo, al pájaro cardenal (género de ave) rojo de los Angry Birds.

Mientras estas aves ya están a punto de culminarse, otras figuras esperan su turno en otras repisas, y también están aquellos que permanecen en el patio de su casa para secarse. Ya en su sala, más de cinco cajas de cartón de un metro y medio de ancho y de largo, aproximadamente, fueron reservadas para los viajes. Y es que tras la Feria de la Alasita, los esposos comienzan con sus viajes al interior y exterior del país. Primero parten  a Puno, Perú, luego entre mayo y junio se quedan en Potosí, seguidamente se dirigen a Sucre y posteriormente permanecen en Tarija por algunos días. Cochabamba y Santa Cruz son los siguientes destinos.

Para la familia, las claves del éxito son bien conocidas: el cliente siempre tiene la razón, crear lo que la gente exige, ofrecer novedades y el trabajo en equipo, en este caso, padres e hijos juntos y a la orden.

Cada principio de año, sentados en su mesa del comedor, que fue testigo de sus cientos de creaciones, la familia dibuja, bosqueja, mide las dimensiones y hace varias impresiones computarizadas de lo que serán sus nuevos diseños. Se debe llegar a la perfección en formas y colores… y no presentar lo mismo de siempre.

El triunfo de la familia es tal que fraternidades, comparsas, hospitales, universidades y gente particular contrata sus servicios para realizar una variedad de trabajos, desde ceniceros para el recuerdo, portavasos en formas de dientes, órganos humanos, bebés con el dedo en la boca. Severo recuerda que para una campaña contra el VIH lo contrataron para diseñar condones, que tenían aspectos divertidos y de muchos colores. Uno era el preservativo “alegre”, otro era el condón “sheriff” (alguacil), el “fortachón”, el que tenía muleta, y así otros creativos modelos más.

¿Quién fue el que le enseñó de artesanías en yeso? A pesar de que el dueño procede de una familia completa de bordadores de danzas bolivianas, su padre, Victor Chuquimia, a la vez que confeccionaba trajes, ejerció desde muy pequeño como ayudante de artesanías en yeso, y años después pasó sus conocimientos a la familia que heredó este arte.

Diversidad

Una inquilina beniana de la familia Chuquimia fue quien hace varios años les obsequió un huevo de avestruz. Romper y tirar la cáscara a la basura hubiera sido un crimen, pues ese cascarón les permitió crear a los Huevocartoon y darles otra vida como Spider Man, Batman y El Guasón. Este año, entre otras variedades, se vendieron en Alasita los huevos bolivaristas y stronguistas con gorras de arlequines y muchos más que personificaban a una mujer hincha del “celeste” pues hasta tenía cabellos. “¿Y qué pasa si se voltea el huevo y se lo coloca de forma horizontal?”, se preguntaba la familia tras este éxito, así nació otra diversidad de chanchos-alcancías, a los cuales les pusieron cuatro patas, un hocico y su cola. No era cualquier chancho, pues se crearon el “Bicentenario” y hasta el “Shiri”, uno de color rosado con las patas apoyadas al suelo en señal de flojera. “Así es, nos preguntamos ¿cómo le damos vida a este huevo de avestruz? Nuestros primeros chanchos venían en su corral y tenían aserrín”, dice la esposa. “Nuestros primeros chanchos eran los chinos, se vendieron como pan caliente, es que nosotros le damos a la gente lo que necesita. Ahora ya no nos sacrificamos mucho, como antes, cuando empezamos nos restringimos de muchas cosas, ahora (el negocio) lo llevan nuestros hijos”, indica el laborioso padre.

Otros dos familiares, entre ellos su sobrino, también forman parte del equipo. Ambos se ubican dentro del taller, en la sala donde se arman los moldes, la cantidad de yeso es tal que pareciera que uno visita el interior de un ambiente hecho con bloques de sal, como en el salar de Uyuni.

“Soy feliz, porque realizar estos trabajos es desestresante y estoy más unida a la familia. Una vez una señora, que me había comprado anteriormente, se me acercó para decirme que su hija tenía más de 7.000 bolivianos en su alcancía en forma de una muñeca de Monsters High (serie animada), la niña veía su alcancía y le daban ganas de ahorrar su plata”, recuerda Amanda.

Para evitar más piraterías, este año decidieron sacar los nuevos ejemplares que serán vendidos solo en sus viajes, pues en anteriores ferias de la Alasita, donde mostraban sus nuevos diseños, como en cada gestión, los días de remate se topaban con que otros imitaban sus trabajos y los vendían a precios bajos. Esta vez, adelantaron, el estuco será moldeado con figuras de animales azules, verdes, celestes, cafés y naranjas y en forma de moluscos, además de la serie animada Peppa La Cerdita. Es lo nuevo para todo este 2015.

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