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Ascensión al corazón de Pomani

Leyendas, retos y naturaleza se vivieron en tres jornadas de escalada con BLOQUEando. BLOQUEando recibió este año un galardón de la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (UIAA)

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

13:28 / 14 de noviembre de 2018

Mientras visitantes nacionales y extranjeros ascienden el cerro Pomani —que en unos sectores tiene hasta 100 metros de altitud—, el jiliri jilakata Policarpio Calle los mira con serenidad y afirma que esa roca es el corazón del mundo. “Si te fijas bien, tiene forma de corazón”, recalca, mientras otra gente observa a los escaladores del bloque gigante que para los pobladores de este ayllu es un sitio sagrado, pues fue donde descansan las entrañas de una deidad.

Hace miles de años, Wiracocha —la deidad máxima en la mitología andina— tenía dos hijos queridos: Illimani, que brillaba por su juventud y hermosura, y Khuno, fuerte y tan alto que su pico cruzaba el cielo. A pesar de ello, este último sentía celos de su hermano, por lo que lo retó a un duelo de titanes. Khuno se volvió muy violento, así es que Wiracocha, con el fin de detener este enfrentamiento, entregó una honda a su hijo menor, quien lanzó una roca gigante que destrozó a Khuno.

Su cuerpo decapitado se quedó en el mismo lugar y fue bautizado como Mururata, su cabeza voló hasta caer en Carangas, donde la llamaron Sajama, mientras que su corazón de granito se desplomó en el ayllu Pomani.

Como si la leyenda fuera cierta, la altiplanicie en el municipio de Ayo Ayo —en la provincia Aroma— pierde su uniformidad con este bloque. Al acercarse ahí y verlo con detenimiento se perciben varias cuerdas multicolores que cuelgan en las paredes, con personas que intentan subir a lo más alto. Ellos forman parte de la duodécima versión de BLOQUEando, una actividad que promueve la escalada deportiva en Bolivia y que apoya el turismo comunitario de Pomani.

La escalada no es tan antigua como la leyenda de Khuno y el Illimani. Su antecedente más lejano data del año 200 a.C., de unas pinturas en las que se observa a escaladores chinos. La escalada deportiva —que se diferencia del montañismo o alpinismo tradicional porque se realiza en roca— surgió en junio de 1492, cuando el francés Antoine de Ville ascendió el Mont Aiguille, un bloque de piedra caliza de 200 metros de alto. Esta actividad se masificó a inicios del siglo XX, mientras que en Bolivia no era muy popular hasta hace 20 años, cuando unos aventureros se reunieron en la zona Amor de Dios (en el sur de La Paz) para ascender las peñas.

“No es cuestión de fuerza, sino de equilibrio, concentración y flexibilidad. Es una actividad que te ayuda a dominar el carácter, a trabajar con equipos de seguridad y estar sereno en situaciones delicadas”, explica Roberto Oño, uno de los deportistas que subían hace dos décadas las paredes de Amor de Dios y que ahora, en Pomani, vestido con chaleco y casco anaranjados, cuida de los visitantes en uno de los cuatro sectores que fueron habilitados para practicar esta disciplina.

Roberto tiene razón. Para ascender una roca no se necesita musculatura, sino fortaleza mental, pues es la lucha con uno mismo. Con el arnés ajustado en la cintura, con varios mosquetones para asegurarse, un casco, zapatos que deben apretar los pies para sujetarse a los resquicios de la pared y una cuerda que evitará que caiga al piso, el deportista empieza a moverse como si fuese una araña y con detenimiento observa los espacios que hay en la roca. “Compites contigo mismo, porque la roca es inerte, no influye sobre ti, no te va a empujar, tienes que acomodarte”, explica el escalador. Lo que desde lejos parece sencillo, de cerca es complicado, pues da la impresión de que hubiesen desaparecido las pequeñas grietas. Y surge la disyuntiva de darse por vencido y bajar, o continuar y terminar el desafío.

En el BLOQUEando, además de Roberto hubo otros 14  expertos que se encargaron de la seguridad de los practicantes. Y así como hubo participantes de 60 años que cumplieron la meta de ascender 40 metros o más, Facundo (cinco años) y Augusto (dos años) fueron los escaladores más jóvenes de Pomani. “Les he acostumbrado a dormir en carpa, a saber qué tienen que llevar en su mochila, a que no tengan miedo y a que conozcan y confíen en el equipo”, cuenta Marcelo Blanco, padre de ambos niños y que ha dejado de escalar de manera competitiva porque ahora dedica su tiempo a enseñarles el deporte que le apasiona. Por ello, cada uno de los menores tiene su casco, su arnés y sus zapatillas. “Tú puedes, Facundo, no tengas miedo, lo estás logrando”, anima a su hijo mayor, quien sube un par de metros y de a poco aprende a conectarse con la roca.

“Las rutas son fáciles porque la idea es que la gente aprenda”, comenta Daniel Aramayo, el principal promotor de BLOQUEando, quien armó la mayoría de las 80 vías de escalada. También fue uno de los más contentos por la visita de la inglesa Anne Arran, representante de la UIAA (Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo), quien llegó a Pomani para entregar un galardón a la organización de BLOQUEando, que en su primera versión se desarrolló en Curahuara de Carangas (en la provincia Sajama, del departamento de Oruro), continuó en el Valle de las Rocas de Uyuni (Potosí) y prosiguió hasta 2016 en el Valle de Challkupunku (Oruro), eventos a los que asistieron escaladores de Bolivia y de otros países.

Esta versión fue inolvidable para los coordinadores y visitantes, ya que además de las tres jornadas de escalada y el galardón, a Pomani arribaron miembros del Socorro Andino Boliviano (SAB), quienes desarrollaron parte del curso de rescate en montaña con la ayuda de un helicóptero.

“Por este cerro nos hemos destacado, porque es el corazón de la comunidad”, asevera la mama t’alla Plácida Quispe. Ella y otros dirigentes de la comunidad se dieron cuenta de las capacidades de Pomani, así es que desde hace 18 años promueven la llegada de escaladores y, de manera paralela, velan por que haya respeto mutuo entre comunarios y visitantes, y vigilan que no haya generación de basura.

“BLOQUEando ha sido elegido porque tiene alcance nacional, está bien enfocado con el medio ambiente, se está promocionando la escalada y promueve el desarrollo de la comunidad”, explicó Arran al momento de otorgar el reconocimiento que promoverá la mayor participación de visitantes a un bloque que hace miles de años era el corazón de Khuno y que ahora puede ser una oportunidad de desarrollo para los pobladores de Pomani.

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