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En el Atahuallpa

El ‘cara conocida’ estuvo presente en el partido entre Ecuador y Bolivia, donde volvió a ser un hincha más.

El jugador de la selección boliviana, Alejandro Chumacero, posa con El papirri en Quito. Foto: Manuel Monroy Chazarreta

El jugador de la selección boliviana, Alejandro Chumacero, posa con El papirri en Quito. Foto: Manuel Monroy Chazarreta

La Razón (Edición Impresa) / El papirri

00:00 / 25 de octubre de 2015

Les di alcance en el Hotel Hilton Colón de Quito, no pude ir hasta el aeropuerto, era lunes en la mañana, había trabajo. Entonces salieron del bus Julio César Baldivieso, “Borjita”, Cristaldo y mi corazón zapateaba. Los vi jóvenes, felices, parecían los jugadores, les pedí una foto, mientras los changos de la selección bajaban envueltos en sus phones. Entonces aparecieron los dirigentes de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), el presidente Evo los había apoyado con un chárter especial, los había despedido, eran más de 10. Un día antes, habían llegado de avanzada de la FBF el cambita Silva de logística, y el gerente, de Sucre, Jorge. Los fui a visitar, les dije que el agregado militar iría al aeropuerto a recibir al equipo, que yo tenía una videoconferencia, me puse a las órdenes. A Silva le solicité unas entradas para los residentes, le comenté que en el 2012 me tocó también ser embajador interino y nos dieron tres palcos para acompañarlos y 20 entradas. Se puso belicoso, dijo que no lo veía posible, que tenían que dar entradas a los auspiciadores, que los jugadores también regalan a sus amigos.

Entonces apareció en el lobby del Hilton Jorge de Sucre, Silva se fue a hablar con un periodista de Unitel, Jorge me dijo: nos van a dar unas 100 entradas, te vamos a hacer llegar para los residentes.  Vuelvo a la llegada del equipo. Mientras los jugadores se acomodan, Jorge de Sucre nos invita a que subamos a almorzar al mezzanine; en una sala almuerzan los jugadores, en otra los dirigentes, en la comida habla como loro el tesorero bolivarista de la FBF Wálter, habla de su gran experiencia como dirigente, cuenta tres veces un chiste opa contra el Tigre, mientras el potosino presidente lo festeja.

Llega el día D, martes 13 de septiembre de 2015, empecé con los whatsup al potosino, al tesorero bolivarista, al camba Silva, respondió el potosino que  tenía dos palcos para la embajada y que nos darían 10 entradas para los residentes. Mientras yo transcurría en una reunión para preparar la llegada de un Ministro, Alfredo, colega de la embajada, fue a recoger las 10 entradas al Hilton, ningún palco. Se hizo mediodía, en reunión de equipo decidimos entregar las entradas al salteñero paceño que siempre nos ayuda dándonos crédito, al amauta potosino para que nos traiga energía, al chofer beniano, a dos estudiantes de maestría de la Andina y  Flacso que llamaron 100 veces, al abogado sucrense representante en una institución andina que llamó 200, al residente cruceño que fue hasta el aeropuerto con su wiphala de capa, sobraron tres, para el agregado militar chaqueño, para el colega Alfredo y para mí. Nos fuimos los 10 caminando hacia el Atahuallpa, las entradas eran en popular, numeradas, estaba nublado, el cielo rugía, —qué mal que no vayas a palco, Papirri, después de todo eres el embajador—, puteaba el abogado, —mejor, que vuelva al pueblo—, jodía el salteñero, —sí, así sales un poco del país del poder—, reía el estudiante de la andina, —una descortesía total—, comentaba el colega diplomático Alfredo. Entonces llegamos a la puerta de entrada y… no nos dejaron ingresar a la cancha. ¿Por qué?, porque teníamos camisetas y banderas de Bolivia (!). El boletero y 12 policías nos hacían en coro el signo de no se puede, les dije que éramos de la Embajada de Bolivia, no hay caso shempre, cuando el salteñero los iba a piñar y la gente que hacia fila chillaba, les dije: —hermanos, pongamos las banderas y camisetas en mi mochila, pasamos y nos ponemos todo en las graderías—. Así fue, la mochila reventaba, franqueamos apenas, en las graderías, fila 17, nos sentamos los 10  uno al lado del otro, sacamos las banderas, las camisetas de la Patria, un quiteño de adelante gruñó, —¡de dónde son!—, otro agresivo escupió al piso, —somos de Bolivia gritamos a coro—, —y de la embajada—, dije, para que escuchara el de la saliva fácil. Se calmaron, hasta nos sacamos fotos. Cuando entró Bolivia a la cancha empezó el terrible diluvio que duró las tres próximas horas, nos mojamos hasta los calzones, tiritábamos, —Boquerón abandonadoooo—, cantábamos.

El equipo respondió bien, la defensa ordenada, un Vaca que salvó varias situaciones, hasta un travesaño nuestro hubo. La lluvia destiñó a los guerreros afroecuatorianos, se volvieron 11 changos nuestros contra 12 (el árbitro cobró un penal dudoso, como siempre). Los vecinos nos gritaron los goles en la cara mientras los nueve (extrañamente el amauta desertó) gritábamos: Bolivia, Bolivia!! Teníamos empapados hasta los calzones, exprimíamos las medias, terminamos decorosos, agotados, ovacionamos al equipo y nos fuimos con la lluvia en la cabeza. Me acordé de mi canción Gracias por tanta dignidad, compuesta 20 años atrás, mientras la vejiga explotaba. En la noche fiebre, bronquitis, pesadilla con los de la FBF, pero valió la pena haber sido testigo desde la popular de este  Ecuador 2 Bolivia 0, jugado en la piscina del Atahuallpa con dignidad, orden y técnica. Vamos Bolivia!!

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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