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¡Atención! Genios trabajando

Cuatro destacados jóvenes representarán a Bolivia en un mundial de robótica enfocado en problemas medioambientales

La Razón (Edición Impresa) / Camilo Gil Ostria

09:52 / 18 de septiembre de 2019

Usualmente los colegios no tienen una materia de robótica o un laboratorio especializado. No es diferente el caso de la Unidad Educativa del Ejército (UEE). Pero, tal como se une una pieza con otra para hacer algo más grande, estos jóvenes genios se juntaron para no dejarse frenar y, trabajando en la casa de su capitán de equipo e iniciador del proyecto (preparada con mesas movibles, herramientas, espacio vacío y mucha luz), formaron un club de robótica. Como resultado, cuatro de sus miembros irán este año a representar a Bolivia en el First Global Challenge.

Este concurso tiene como objetivo afrontar los grandes retos de la ingeniería (por ejemplo, la contaminación de los océanos) y fomentar el amor por las ciencias. Esto se logra con distintas rondas donde se une el equipo con otros dos de distintos países y, juntos, se enfrentan contra otros tres grupos. Durante dos minutos y 30 segundos, sus robots recolectarán contaminantes en un escenario simulado y los depositarán en áreas de tratamiento.

Será la tercera versión del concurso, que se llevará a cabo del 24 al 27 de octubre en Dubái (India), con la participación de 175 países. Bolivia participó en eventos de años pasados, que se realizaron en Washington y en México D.F. En ambos casos fueron equipos de Sucre los elegidos a través de un torneo nacional de la Universidad Mayor San Francisco Xavier. Este año, entre 3.000 participantes, se eligió el equipo de la UEE.

¿Cómo llegaron estos jóvenes a desarrollar habilidades en el área? Robert Jordán Funk, comandante de la UEE, cuenta que “dos de ellos empezaron en una feria en la unidad el año pasado, hicieron una silla con movimiento mecánico para personas con discapacidad”. Por ello fue que se prometió la construcción de un laboratorio. 

Uno de ellos es Geovanny Ghilmar Tórrez Turumaya, líder del equipo y apasionado por la robótica desde sus seis años. Actualmente tiene 17 y su liderazgo se nota no solo por sus conocimientos en programación y diseño mecánico, sino también por sus habilidades sociales: se apresura en responder las preguntas, escucha a sus compañeros, complementa los comentarios de los otros…

Pero ningún miembro del equipo se queda atrás. Su mano derecha, desde el inicio, es Nicolás James Sánchez Leytón, encargado de la mecánica del robot. “Es necesaria mucha creatividad para hacer robots”. Con sus 16 años pasó por legos, arduinos y, ahora, piezas más complejas.

Marina Reinheimer Koizumi, encargada de comunicación, de 16 años, cuenta que pasó un tiempo en Japón, donde empezaron a interesarle los robots. “Pero aprendí más con el club”, afirma. Ella habla cuatro idiomas de manera fluida (español, inglés, japonés y portugués), por lo que es importante para el equipo en la difusión, pues First Global exige compartir sus avances en línea. “Tuvimos una videoconferencia con el equipo de Estados Unidos, y con la conversación hicimos varios cambios a nuestro diseño original. La anterior versión era demasiado compleja y tenía más probabilidades de fallar”, dice.

Finalmente, Pablo Marcelo Pacheco Bohórquez, encargado de la programación, aprendió sobre su área en Cochabamba, en Jalasoft, una de las pocas empresas de software boliviano. Igual de 16 años, amante de la creación de aplicaciones para teléfono celular, sueña, como su equipo, con  poder ayudar a través de la tecnología.

Todos han mejorado en el proceso, usan términos complejos a cada paso y se detienen a explicarlos. First Global ha potenciado sus conocimientos. “Para aprender a programar y armar el robot empezamos viendo videos de First Global, que te explican cómo funciona cada parte, etcétera, pero éstos no son muy extensos, son muy básicos, así que la mayor parte es prueba y error”, comenta Nicolás.

El camino no ha sido fácil. “Nosotros trabajamos de tres de la tarde a 10 de la noche todos los días”, informa Geovanny. El modelo que elaboran para el concurso está en un 20% de su desarrollo. En él utilizan el kit oficial de First Global Challenge, que fue el premio de la competencia en Sucre, donde se usaban arduinos muchos más simples que éste. “La mecánica es lo más complicado, es un robot que se hace en meses”, complementa el capitán.

El objetivo de la competencia es claro. “Existen dos tipos de contaminantes, los micro y los macro —explica Geovanny—, ganas puntos por recolectarlos y colocarlos en las plataformas: hay una a nivel del suelo, otra a nivel medio y otra muy arriba”. El reto es difícil pero, con una sonrisa ya ganadora, indican que no importa tanto el premio principal, sino que existen otras categorías a las que apostarán y que, de todos modos, nada los desanimará de seguir aportando al mundo desde la ciencia.

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