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Bien le cascaremos

‘Papirri’ rememora una de sus obras fundamentales, un disco plurimultittu-ttifrutti de múltiples influencias y colores.

El papirri, cancionista.

El papirri, cancionista.

La Razón (Edición Impresa) / El papirri

00:00 / 01 de marzo de 2015

Hoy recuerdo un disco vital, un taypi cancionístico que generó el disco Bien le cascaremos (1994). Llegaba de radicar tres años y medio en Japón, se habían agrupado canciones inéditas, el zoom asiático había sellado en mi alma la importancia del folklore boliviano. El retorno a la tierra generó un concierto jubiloso en abril de 1994, en el Teatro Municipal de La Paz, donde se plantean en vivo las canciones del disco, un evento plurimultittuttifrutti poderoso, colmado de energía plurinacional antes de que el concepto se oficialice (Wiphala es una de las canciones del disco, compuesta en Japón en 1992 para los actos de los 500 años de resistencia cultural, interpretada junto al grupo Taypi K’ala).

La canción Bien le cascaremos la compuse en un bar de la Pérez Velasco, cerca del reloj, en una parrillita de un cuate judío que nos fiaba sendos chuflays. Había cobrado mi sueldito municipal y con los colegas de la Casa de la Cultura nos fuimos a cascarle unos lomitos con paceña. De pronto se fueron todos, me quedé solo en el piso de arriba, palpé los bolsillos, todavía quedaban billetes, entonces atacó el estribillo: ahora que tenemos, ahora que tenemos, bien le cascaremos.

Pedí un chuflay de emergencia, las estrofas fueron surgiendo como bramido de protesta contra  los políticos neoliberales que nos estaban mamando: “Del libre mercado, me hablan estos giles/ yo quisiera comprar, viday/ libre en el mercado Rodríguez”. Y de la famosa capitalización: “De los capitales/ que inflan el Estado/ y el estado mío, ya ves/ charque desinflado”. Había reivindicado un verbo móvil paceño que denota “hacer” y que se aplica a varias acciones, a decir del diccionario de la mala lengua: le cascaremos un platito, un polvito, un traguito, una siestita más si quieres. Lo de la música fue interesante. Años antes, por el 86, un videasta nashonal me había convocado para que haga la banda sonora de un video experimental en homenaje al muralista Wálter Solón Romero. En la canción final nació un huayño k’alampeado para el gran potosino: la esperanza está prendida. Llamé al grupo Norte Potosí para que la interpretara, una experiencia increíble para un city llockalla que nunca había visto k’alampear de cerca. Años después, cuando nació Bien le cascaremos en aquel bar de la Pérez, le di continuidad a ese trabajo llamando a mis amigos de Norte Potosí que grabaron inmediatamente la canción en su LP y en mi disco. El huayño hizo que mis canciones salgan de las aulas universitarias y teatros, y se instale el próximo año como gran hit en el Carnaval de Oruro, bailado por todos los caporales.

La cabeza de Zepita posee una joyita de texto que narra la viva imagen de la Plaza de los Héroes y la intensa vida de los changos lustrascalzados, consta con un arreglo bien plasmado gracias a un teclado Korg que había comprado en el Japón y que hizo dudar a mis amigos músicos eruditos sobre la originalidad de aquella tuba. Del amor, su bailecito, se alojó en los corazones más sensibles, acá en Ecuador hace vibrar a los más sofisticados. La presencia de la Saya Afroboliviana  forjó un track vital, Bailando saya la había compuesto antes de partir al Japón en 1990 y había quedado flotando cuatro años en mi corazón; la saya la grabó en una sola toma con un micrófono aéreo e hizo vibrar a la gente en los futuros shows del disco, que además reivindicó el género. La canción La mamada sacudió fuerte las mejillas de los mamones —que éramos todos— generando un collage de mamadas que me hicieron reír por lo menos dos años sintiendo el yaaaaa paceño en cada concierto, inclusive en Santa Cruz. Las canciones de amor como Praxis, le dieron vuelo poético al disco o La histórica que posee un texto de calidad con la fuerza musical de la trova, la canto a menudo en las tertulias con cantautores ecuatorianos, argentinos y colombianos que no creen que es mi canción. Mar aéreo está dedicada al cielo de La Paz, mientras el Pendex del Pepe continúa la saga de canciones con una sola letra: “El pendex del Pepe se vende/ merece que se le pegue en el pek’e/ se vende el pendex/ se cree el men: es el célebre pelele”. La pieza instrumental Sado es testimonio de mis tendencias jazzísticas, fue compuesta en Japón para el guitarrista de jazz YoshiroYamada dedicada a la Isla de Sado donde tocamos con Donato Espinoza años después el tema. Carnavaltaquibossa es un homenaje al zampoñista Fernando Jiménez, un virtuoso de los tubos admirado en el exterior. El yapa track contó con la canción Gracias por tanta dignidad, dedicada a la selección boliviana de Azkargorta que nos llevó al Mundial.

Bien le cascaremos salió en cassette vía el sello Discolandia, entonces le reclamé al productor, le dije que era hora de que saquen CD’s (yo había conocido el formato en Japón en 1990), me dijo que recién saldrían los primeros CD’s con éxitos comerciales, propuso que yo financiara una edición de 500 que al fin se hizo en Canadá: fue el primer disco en formato CD de la buena canción boliviana. Bien le cascaremos es un  gran disco, mereció tener una edición sostenible y completa, pero el sello decidió amputarlo y sacarlo en una Antología doble (Antojolia) junto a los otros tres discos grabados en esos años. (*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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