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Bolivia desde el ojo de un iPhone

Cuando todo el mundo pensaba que la fotografía estaba en crisis, con Kodak en las puertas de la bancarrota, una aplicación de fotos para el iPhone de Apple se vendía a Facebook en nada menos que mil millones de dólares.

La Razón / Patricio Crooker

00:00 / 05 de agosto de 2012

En este nuevo mundo de tecnologías de la comunicación siempre en avance, las aplicaciones para el iPhone son una fuerte e innegable tendencia. De las cientos de miles de tales aplicaciones para los teléfonos de Apple, una gran mayoría, y con su categoría propia, son aquellas para la cámara del teléfono, aunque la versión actual del iPhone cuenta con una cámara de ocho megapíxeles.

Las imágenes que se aprecian en estas páginas han sido conseguidas con la versión de iPhone 4G de 5.2 megapíxeles, con las aplicaciones Hipstamatic e Instagram. Ambas siguen ocupando espacios importantes en la lista de las diez más requeridas para fotografía. La primera, a 99 centavos de dólar, y la segunda de manera gratuita

Desde hace un par de años, muchos fotógrafos realizan trabajos profesionales con estas aplicaciones para iPhone, y algunos, como Ron Haviv de la agencia VII y Damon Winter del diario The New York Times, han ganado importantes premios con esta simple cámara/teléfono.

Una de las ventajas más importantes de las dos aplicaciones es la facilidad con que pueden ser utilizadas y las diferentes opciones de “acabado” que ofrecen.

Desde looks de los años 60 o 70, hasta imágenes surrealistas inspiradas en Salvador Dalí. 

Otra de las grandes ventajas es la forma casi inmediata con la que uno puede compartir fotos a través de las redes sociales y así garantizar su difusión.

No es que falten las críticas, sobre todo a la estética que crean estas aplicaciones, ya que a veces es un misterio aquello que la cámara va a captar en cuestión de tonos y colores; pero no está muy lejos de la realidad de las cámaras plásticas Helga o Lomo, dos instrumentos muy importantes de la fotografía moderna.

De cualquier manera, siempre habrá posibilidad, gracias a los programas de computación, de intervenir la imagen original. En tal sentido, veo a las fotos logradas con estas aplicaciones como decisiones puramente estéticas que, en muchos casos, pueden funcionar muy bien y ayudar a comunicar. Lo que no quiere decir que todos los usuarios sean considerados fotógrafos; ninguna aplicación podrá reemplazar el ojo del profesional.

Mi experiencia con cámaras de teléfono tiene ya algunos años. En 2009, una empresa telefónica me invitó a captar el país de esa manera. Lo pequeño de estos aparatos es un gran beneficio para un profesional que no pocas veces necesita pasar desapercibido o, al menos, llamar apenas la atención para lograr imágenes mas íntimas, más naturales.

Este homenaje a Bolivia: sus lugares, personas y detalles, ha surgido impensadamente con fotos conseguidas mientras pasaba por una plaza, desde la ventanilla de un avión que despega o aterriza, tomando un desayuno en algún pueblo... 

La fotografía está viva. Las opciones son hoy más diversas y van de la mano de la tecnología. Eso es todo.

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