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Una boliviana, concejala en Japón

La autoridad en Sumida (Tokio) cuenta su infancia en La Paz, su trabajo en EEUU y su experiencia política en el país asiático. Después de haber sido elegida en 2011 y ratificada como concejala en 2015, pretende ganar otra vez en las elecciones de abril del próximo año.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos / La Paz

00:02 / 17 de octubre de 2018

Mientras que en Bolivia son las 09.30, en Sumida —uno de los 23 barrios especiales de Tokio (Japón)— son las 22.30. A esa hora ha terminado de hacer su acostumbrada inspección por la zona y de dialogar con representantes de organizaciones sociales del lugar donde reside desde 1995. Su jornada es intensa, por eso en algunas ocasiones desea tener un clon para delegar responsabilidades, pero también es consciente de que su trabajo es útil para el bienestar de la comunidad. Ella es Noemí Inoue, una boliviana que en 2011 fue elegida concejala y ahora está en carrera por ser ratificada para una tercera gestión.

“Mi infancia ha sido normal, muy común, en una familia tradicional”. Noemí Meneses Mareño (su nombre de soltera) nació el 5 de diciembre de 1961, en la ciudad de La Paz, como la tercera de cuatro hermanos. “De alguna manera he sido independiente desde muy chiquita. Por eso, a mis 13 años ya había pensado en qué me iba a gustar hacer de mi vida”. Lo primero que le llamó la atención al recorrer las calles era que así como había gente adinerada, había otra —en especial niños— que mendigaba para conseguir algo que comer. Por esa razón, después de graduarse en el Instituto Americano, se inscribió en la carrera de Economía de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), con la esperanza de crear un modelo económico en el que la distribución del ingreso nacional sea más equitativo.

Una de las ventajas del centro de estudios superiores es que le permitió también trabajar, de manera paralela, en el Banco Central de Bolivia (BCB), con lo que amplió sus conocimientos en el área en que se desempeñó de manera profesional.

En 1985, Noemí consiguió empleo en el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) regional La Paz, en el área de proyectos de desarrollo, estudios financieros y legales, lo que la llevó a que en 1992 se trasladara a las oficinas en Nueva York (Estados Unidos), como responsable para América Latina en proyectos de desarrollo sostenible.

“Fue por esas manos invisibles del destino, cuando uno no sabe cómo ni con quién va a completar su vida”. Durante su estadía en el país norteamericano conoció a Kazuo Inoue, un japonés que por entonces trabajaba en el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Desde el primer momento, Noemí se sintió atraída por su integridad como persona y seriedad en sus acciones. “Su palabra vale más que un contrato firmado. Nunca ha llegado atrasado en nada. Desde que lo conocí ha sido una experiencia bonita”. Surgió entonces el amor y fueron novios por cinco meses, hasta que se casaron el 11 de diciembre de 1993 en La Paz. “Mi mamá lo adoptó como un hijo, desde que lo vio le cayó muy bien”.

Dos años después, como correspondencia a aquella visita, la pareja viajó a Japón, donde le propusieron a Kazuo que candidateara, por el Partido Democrático, a un escaño en la Cámara Baja. Luego de meditarlo, ambos aceptaron la proposición y se quedaron a vivir en Sumida, barrio que se encuentra al noreste de la capital nipona y donde está el Tokyo Sky Tree, el edificio más alto de ese país.

Con el traslado, Noemí renunció al PNUD, dedicó su tiempo a ver crecer a su hija y se habituó a la sociedad asiática. “Vayas a Perú o Argentina, siempre cuesta acostumbrarse, porque es la separación de tu mundo para vivir en otro”.

En la vida no hay perfección, por lo que el primer problema que encontró Noemí fue la carencia de alternativas para el cuidado de infantes. También está arraigada en la sociedad que el varón sea el encargado de proveer y la mujer se dedique a la administración de los ingresos, lo que causó que la boliviana tenga pocas oportunidades de obtener un empleo. “Entrar a trabajar como extranjera, como mujer profesional, es muy difícil”.

Por un tiempo se dedicó a hacer consultorías de voluntariado, pero después la boliviana sintió la necesidad de asumir actitudes más dinámicas por el barrio donde reside. “La sociedad suele rechazar a los políticos, pensamos que no sirven para nada; pero en el fondo, la política y los políticos son un factor importante”. Con la idea de que hay mucho por hacer en Sumida, al naturalizarse japonesa se lanzó como candidata a una concejalía.

La primera boliviana en candidatear a un cargo público en Japón llevó como propuestas —aquel abril de 2011— la igualdad de género. “Hay que considerar que las mujeres deben tener los mismos niveles de salario, porque si no ganan como un varón no podrán pagar la guardería ni podrán mantener a sus hijos”. En cuanto a la educación, propuso mejorar el nivel de enseñanza; mientras que, ante la amenaza de inundaciones —el barrio se encuentra entre los ríos Sumida y Arakawa—, planteó construir refugios que tuvieran las mejores condiciones.

Además, propuso promover el turismo internacional y apoyar a las personas de la tercera edad, tomando en cuenta que la tasa de longevidad en Japón es muy alta.  

Esa plataforma de planes hizo que obtuviera una curul entre 52 candidatos, para una población de 260.000 habitantes. “Creo que soy la única boliviana en Japón con un cargo como éste. Sé que ha habido un senador de origen finlandés y otro coreano”. Su trabajo no es fácil: el Concejo tiene sesión plenaria cuatro veces al año, además de reuniones de comités ordinarios y comités especiales, además de concertar con representantes de instituciones y asociaciones.

Asimismo, hay encuentros del comité de presupuesto (marzo) y del comité de auditoría (octubre). “Debes asistir a las actividades de la población, los fines de semana o feriados, que son intensas y terminan en la noche. Se trabaja todos los días del año”. Bromea diciendo que necesita un clon, pero lo cierto es que valora el apoyo incondicional de Kazuo. “No solo es mi esposo, es un gran amigo, mi asesor, el que me acompaña en todo. Ha sido una gran suerte conocerlo”. Por esa labor, Noemí fue reelecta en 2015 y ahora busca su repostulación para abril de 2019.

“Lo que más extraño de Bolivia es mi familia y, obviamente, a mis amigas”. Sus actividades le impiden visitar el país con frecuencia, pero cuando lo hace y camina por las calles surgen ideas para mejorar la sociedad. No ha pasado por su mente retornar, pero de lo que está segura es de que no olvida sus raíces nacionales, que la hacen diferente en el país asiático.

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