Escape

Bruce Lee: ‘Sé como el agua, amigo mío’

Entrevista de Pierre Berton en el Talk Show de Tv llamado The Pierre Berton Show; 9 de diciembre de 1971.

Bruce Lee. Foto: Internet

Bruce Lee. Foto: Internet

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 19 de julio de 2015

Bruce Lee (1941-1973) no se limitó a andar por el mundo a las patadas, también fue un filósofo y un ícono de la cultura popular, aun cuando la muerte lo tomó por sorpresa en el momento en que comenzaba a descollar su carrera internacional. Es decir, Lee perdió su pelea con la parca pero ganó la inmortalidad, transformándose en el gran difusor de las artes marciales y del cine de Hong Kong en Occidente.

Su nombre era Lee Jun-fan y había nacido por casualidad en Estados Unidos, mientras su padre —el cantante y actor de ópera china Lee Hoi-chuen— se encontraba en medio de una gira estadounidense con la Cantonese Opera Company. El nombre artístico de la futura estrella de las artes marciales, en realidad se le debe a una enfermera del hospital de San Francisco en el que nació, quien decidió llamar al bebé Bruce Lee, como para ahorrarse la pronunciación china.

Lee tuvo una vida en la pantalla antes de llegar a Estados Unidos, ya que participó en Hong Kong en varias películas como actor infantil, sin embargo, en su juventud resultó ser bastante problemático y dedicó buena parte de su tiempo a la peleas de pandillas. Por esa época conocería al maestro de artes marciales Yip Man, quien moldearía su carácter y le iniciaría en el aprendizaje de las técnicas que años más tarde se transformarían en la columna vertebral de su técnica.

Pero los temores del padre de Lee acerca de las malas compañías, hicieron que el joven terminara —al igual que en otras tantas historias de leyenda— en un barco, con 100 dólares en el bolsillo, rumbo a la casa de unos familiares en Estados Unidos.

Un hombre de su talento no encontró la felicidad lavando platos en San Francisco, por lo que optó por cruzar el país para instalarse en Seattle, donde comenzaría a impartir clases particulares de artes marciales y a estudiar.

Si bien es cierto que Bruce Lee está asociado al mundo de la testosterona, la verdad es que cuando ingresó en la Universidad de Washington optó por estudiar Filosofía, donde alcanzó estudios avanzados e incluso llegó a ofrecer conferencias sobre filosofía oriental, en una de las cuales conoció a su futura esposa. Con el tiempo partió rumbo a California donde se dedicaría de lleno a las clases de artes marciales, a través de las cuales establecería una amplia red de contactos (fue profesor de los actores Steve McQueen y James Coburn, por ejemplo) que terminaron por abrirle las puertas del Hollywood. Sin embargo, pese a tener apariciones en series que hoy son icónicas como El Avispón Verde —donde interpretó a Kato— lo cierto fue que le costó salir de papeles secundarios. Por eso Bruce Lee decidió retornar a Hong Kong, donde sus películas lo elevaron a la categoría de estrella nacional.

Cuando Pierre Berton lo entrevista en 1971, Bruce Lee era un mito viviente de Hong Kong, había vuelto a aparecer en la TV estadounidense y estaba preparando su asalto final a la fama, aunque —como si se tratara de un moderno Cid Campeador— terminaría por ganar la batalla ya muerto.

Desde el 8 de marzo, La Razón presenta semanalmente a sus lectores la serie “Grandes entrevistas”, una selección de 20 diálogos con personalidades de la política, la ciencia, la cultura, el deporte y otros ámbitos, que dejaron huella e hicieron historia. La presente entrega de la colección, que de seguro usted querrá tener en su biblioteca, está dedicada a Bruce Lee ; el texto íntegro lo podrá encontrar en la edición impresa de la revista Escape correspondiente a la fecha.

 

 

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