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Calvario paceño, zona turística y patrimonial

En una de las laderas paceñas se encuentra el barrio San Juan del Calvario, el cual revive las últimas horas de Jesús en Semana Santa.

Caminata. Don José trepa por una de las empinadas calles del barrio San Juan del Calvario rumbo a su hogar. Foto. Marco Basualdo

Caminata. Don José trepa por una de las empinadas calles del barrio San Juan del Calvario rumbo a su hogar. Foto. Marco Basualdo

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo / La Paz

00:00 / 09 de abril de 2017

Don José vive su calvario todos los días. Y no es que se trate exactamente de aquel sufrimiento intenso y prolongado de las descripciones bíblicas; sucede que este septuagenario señor reside en una de las laderas paceñas más cercanas al techo del mundo, la llamada zona San Juan del Calvario, aquella que ampara a la parroquia Señor de la Santa Cruz del Calvario que con la proximidad de la celebración de la Semana Santa empieza con sus actividades beatas. Y don José también se alista para la apoteosis sagrada.

La historia del barrio es la historia de la parroquia, cuya construcción data de 1915 y 1916. En la época prehispánica, el lugar era considerado una waca (sitio sagrado), y a principios del siglo XX, el peruano Narciso de Medina, un jovenzuelo  que a finales del siglo XIX había llegado a Bolivia con solo 13 años de edad y con una mano por delante y otra detrás, procedente de Trujillo, impulsó la construcción de la ermita del calvario con el fin de reunir a la comunidad peruana en la hoyada paceña. Según la investigadora Ivone Juárez Zeballos, Narciso Medina contrató a un arquitecto italiano que elaboró los planos de la capilla, “las paredes y el techo estuvieron concluidos en julio de 1916 (…), para realizar la construcción los trabajadores subieron prácticamente a pie la empinada y deshabitada montaña llevando el agua y los materiales de construcción”. Y hacia 1931, cuando la capilla estaba lista, Narciso de Campero organizó el primer preste en el lugar, en honor al Señor de Mayo de la Santa Cruz, patrón de su cuna en Perú.

Miradas. La zona cuenta con un mirador al final de la avenida Vía Crucis. En 2016, el barrio fue declarado Patrimonio Histórico Cultural Paisajístico y Festivo.

A inicios de siglo XX a este sector se lo denominaba simplemente zona Norte, hasta que en 1969 se lo refundó con el nombre que lleva en la actualidad y cuya fiesta se celebra cada 3 de mayo, en honor al Señor de Mayo de la Santa Cruz, con celebraciones eucarísticas, verbena, procesión, diana y una entrada folklórica que parte del parque Riosinho. Y con el inicio de la Semana Santa, que este año empieza el 9 de abril con el Domingo de Ramos, se da comienzo a una seguidilla de actividades que tienen como centro la avenida bautizada como Vía Crucis camino a la parroquia.

Por toda esa historia fue declarada en 2016 Patrimonio Arquitectónico y Urbano de la ciudad, en reconocimiento a su siglo de existencia. Algunos de sus vecinos conservan intacta la reseña del barrio, como don Abigaíl Flores, quien habita una de sus empinadas calles desde 1959. “Antes, esto era la parroquia y nada más. Aquí había un puesto de la Policía y luego del Ejército; el resto era un bosquecillo donde se sembraba papa, oca, cebada, que con los años se ha ido urbanizando” —explica don Abigaíl— hasta lograr la declaratoria en 2016 de Patrimonio Histórico Cultural Paisajístico y Festivo.

“En la primera estación se recrea lo que fue el camino que hizo Jesucristo con la cruz. Vienen chicos de la parroquia que se disfrazan de Jesús, de Poncio Pilatos, de María Magdalena, y empiezan con el recorrido hacia la parroquia. Pero los jóvenes ya comienzan a subir al calvario desde el viernes de cuaresma”, cuenta Sofía Chávez, dueña de una tienda al inicio de la avenida Vía Crucis. Algunos optan por empezar el recorrido en la subida de la calle Montenegro, cerca del parque Riosinho, para doblar en la calle Manzaneda y dirigirse hacia la avenida Vía Crucis. “Se recrean las caídas de Jesús, cómo lo van azotando, en fin, todo lo que es la Pasión de Cristo”, indica Sofía.

La parroquia fue construida entre 1915 y 1916.

En el recorrido, los devotos van rezando los llamados Misterios y se detienen en todas y cada una de las 14 estaciones, encabezados por un sacerdote que dirige las oraciones al supremo. También es visible la presencia de extranjeros, pues San Juan del Calvario es una zona turística que cuenta con un Mirador junto a la parroquia. “Los ‘gringuitos’ vienen todo el año a sacar fotos, y la época de Semana Santa también vienen y participan de toda la travesía”, dice Sofía sobre el trayecto hacia la Iglesia, el cual es cruzado por la avenida Periférica a la altura de la décima estación. Mientras, don José alcanza muy agotado una de las curvas previas a la llegada a la parroquia-mirador. Cuenta que ha visto muchas “semanas santas” y que la vida ya lo está cansando de veras. Se encuentra solo en el mundo. Termina el calvario de hoy y cierra sus puertas bajo llave. Hasta un nuevo renacer.   

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