Escape

Cama voladora

El Papirri ofrece un deslenguado relato, un sueño mojado que ha sido capaz de transportarlo al mítico hoyo.

Ilustración de Alejandro Arxondo

Ilustración de Alejandro Arxondo

La Razón (Edición Impresa) / El Papirri

00:00 / 01 de febrero de 2015

Te beso en la frente suavito/ bajo hacia la nariz, pinto tu cadera con las yemas/ sigo con el labio hasta el cuello de mármol, huelo tu dulzura/ siento tu mordisquito deli, te mimo/ me entierro en tus labios hasta quedar sin aire, voy bajando suave por la pista de lunares/ tu piel se empina, tus manos buscan el infinito/ llego al ombligo de infanta, lo beso beso y beso/ me aferro a tus dos tinajas de fruta fresca/  vuelvo a la frente, te beso las sienes, la quijada partidita, los ojos venerables/ siento tus manos por mi espalda que frotan mis penas/ entonces te penetro un poquito, como en la mamada, solo la puntita/ y arremeto con tus labios bendiciendo tenerte.

¿De donde saliste mujer compasiva de los churcos como soles? ¿Cómo llegaste a mí, con esa cicatriz del zorro en la cadera? ¿Con esa ternura de grillos y de peces?/ entonces retorno a la autopista de lunares arribando por fin al centro del paraje, mi lengua pinta un labio húmedo que se abre latiendo, puedo vislumbrar un capullo  rosado y suave, parece saludarme/ me animo con un besito en la punta del pimpollo que te hace lanzar un grito de niña traviesa/ me desfogo en trance confundido entre tus piernas/ mis rulos se mezclan con los tuyos, lamo agradecido el muslo y su candor de aleta/ llego a la rodilla, a la cicatriz de bicicleta/ la beso beso y beso, mientras me quedo mirando el artículo sobre Caetano que está colado en la pared hace aaaaños.

Entonces decides treparme/ mi pene es un tronco nutricio cuya cabezota te asusta, me montas, colocas el astillero entre los muslos/ agarro tus ancas con religiosidad y los dedos buscan los socavones húmedos/ subo por el ascensor de tu columna mientras cabalgas como aquel día por los valles tupiceños/ en paneo veo tu boca invocando placeres/ entonces me aferro a la tetita izquierda, la más pequeña, la virginal: ¿por qué será que me apasioné tanto de la derecha ahora matrera de pezón sensato? Beso las tetillas con efusión de discípulo, me turno, bien riquito es/ dibujo en tu espalda un corazón con mi uña de guitarras… si… eres la más bella guitarra que tuve entre mis manos, estas manos tristes que  dan forma a tus ámbitos como si fueras de greda.

Te penetro más hondo, más hondo, la cosa está grave, los vecinos qué dirán/ nos mojamos en sudores vitales/ fuelle mágico, latido milenario, voz de la tierra es nuestro amor/ en una ráfaga de lucidez ensarto el taypi y la luna avergonzada se pone su chalina de nubes plateadas/ mi estirpe se corre en aguas urgidas/ entonces descabalgas mojada de estrellas/ te acurrucas en mis costillas/ me doy cuenta que mis pies están casi afuera de la ventana/ la cama   galopa, enciende motores, y partimos… volaaaamos… navegamos por el latir del universo/ la cama alada se dispara embarcando al infinito/  no puedo creer, mi ciudad está ahí abajo/ vemos  infantiles desde el borde de la cama a mi ciudad en pleno/ casi nos chankakeamos con un teleférico de bajada/  pasamos raspando una punta del Illimani/ por la muelita del diablo  me abrazas pletórica y temblando/ la cama roncea de lo lindo/ por el Stadium un gol del Tigre nos ilumina la cara de amarillo/ súbitamente ronceamos el dedo de Abaroa/ esquivando los edificios vemos a la gente viendo tele en sus camas/ somos un colchón volador acechando las velas/ las caseras nos saludan con sus anticuchos/ casi, casi nos chocamos con el reloj de la Uyuni/ saltas resplandeciente en el colchón,  yo digo uyuyuy¡ cuando pasamos como un rayo por Kantutani, cementerio Jardín, las Cholas, Chasquipampa, la Feria de Alasita/ de golpe viramos hacia el bosquecillo y de allí  desbocamos en el  altiplano que está regado de flores/ entonces es que  regresamos al infinito aterrizando en nuestro cuarto de Quito…  

El sueño se cumple, volvimos a La Paz por lo menos un ratito/ gracias a este amor enloquecido que nos hace creer que aún somos jóvenes/ gracias a este amor que nos llena de vida, que nos mata la muerte/ entonces duermo a pierna suelta con tu ronroneo tibio en la espalda y  somos felices, che, pa ques decir.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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